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-¡Mierda Mierda!-Era un lunes, un maldito Lunes y Sanemi Shinazugawa se encontraba corriendo hacia su escuela, eran las 6:55 am, hacía frío, tenía clases de matemáticas, no había dormido nada, en general, todo lo malo en este mundo.

Sanemi corria lo más que podía porque su escuela cerraba a las 7:00 am y si no llegaba a la escuela a tiempo su mamá lo mataría a palazos.

¿Por qué se encontraba en esa situación? Bien, el muy idiota se quedó haciendo un proyecto de Inglés que incluso habían dejado un mes para hacerlo.

Domingo 2:30 am

-ahora entiendo porque nos dieron un mes para hacerlo-Decia el albino estresado mientras se recargaba en su mano pensando si seguir viviendo era una opción o una obligación.

¿Por qué solo no lo hizo antes? Pues el también se preguntaba lo mismo.

Pues bien, sabía la respuesta y es que el decidió ser feliz todo ese mes y no hacerlo aun sabiendo que se encontraría en esa situación.

Lunes 6:58 am

Sanemi había logrado llegar, si bien, casi se mata a golpes con los maestros para que lo dejaran entrar. Al final lo dejaron pasar.

Apenas entró, corrió hacía su salón porque le tocaba con el hijo de puta de Matemáticas el cual también era su jodido Tutor, odiaba con toda su alma al maestro y a su materia de mierda.

En general, el profesor no era una mala persona, pero desde la mente de Sanemi este era un anciano enojon que no le parecía nada y que solo jodia.

Al llegar a su salón su tutor lo regaño reclamándole sobre no ser puntual amenazando que hablara con el director.

-llega tarde joven Shinazugawa-Decia el "viejo" que Sanemi tanto odiaba como si le hubiera robado a su gato.

-Apoco, apenas me doy cuenta- Dijo Sanemi con sarcasmo entrando al salón.

El mayor ya ni atención le ponía a ese tipo de comentarios, odiaba ser el tutor de ese grupo ya que literalmente era el peor de toda la escuela.

Era obvio que odiaba su trabajo, y de paso su vida si es que cuenta.

-Por fin llegas-Dijo un pelinegro de pelo largo y ojos heterocromáticos.

-Deja de joderme Iguro-Le dijo el albino aún cansado de correr sin parar, Sanemi era de esas personas que no iban al baño porque les daba flojera.

-Bien, todos pongan atención-Hablo el maestro ganándose la atención de todos.

-El día de hoy tenemos a un nuevo compañero, espero que lo ayuden a integrarse, Giyuu pasa-.

Cuando el tutor del grupo terminó de hablar el nuevo estudiante, ahora compañero de Sanemi entro al salón.

Era un chico demasiado atractivo, era alto, su pelo era totalmente oscuro, tenía unos ojos azules hermosos, largas pestañas, parecía que venía de Italia y no de su ciudad de monos, era realmente lindo.

O al menos así lo describía Sanemi, el cual estaba atontado con el chico, era totalmente su tipo.

Sanemi volvió a la realidad cuando escucho al nuevo estudiante hablar.

-Hola, me llamo Giyuu Tomioka, vengo de Tokyo y espero poder llevarme bien con ustedes, es un placer conocerlos-.

Sanemi sentía que moría, ese chico tenía una voz grave, no tanto como la de Uzui o Gyomei pero a quien le importa, su voz le encantaba.

One look, two pathsOnde histórias criam vida. Descubra agora