El aire cálido de junio inunda las calles de Roma con una curiosa mezcla de olores: café recién hecho, flores silvestres y una noche tranquila como habitualmente. Con el delantal todavía atado a mi cintura salgo al callejón trasero del local, que desemboca en la plaza principal. El zumbido de las animadas conversaciones y las risas de los turistas se mezclan con las melodías de los músicos callejeros.
—Otro día completado —murmuro para mí misma mientras me quito el delantal y lo guardo en la mochila. Es un alivio terminar el turno de tarde, especialmente en días como este, donde los visitantes se multiplican por momentos y se sientan en las terrazas a todas horas.
Me coloco los auriculares y busco mi lista habitual. Bastan unos segundos para que las primeras notas de Zitti e Buoni llenen mis oídos. La voz rasgada de Damiano y los tres instrumentos detrás me transportan inmediatamente a otro mundo en el que no existen las turnos largos ni los clientes exigentes. Es mi banda favorita desde que los recordé de casualidad hace poco más de un año. Sabía que habían ganado Eurovisión en 2021, pero por aquel entonces no les presté atención. Escuchar su música es la única forma que he encontrado para desconectar un poco de la abrumadora realidad.
Las calles serpenteantes y adoquinadas de Roma son mi camino diario. Paso por un pequeño mercado que ya está recogiendo sus puestos y saludo con una sonrisa a un anciano al que siempre encuentro en el mismo banco, fumando un cigarro. Mientras sigo caminando hacia casa, dejo que mis dedos tamborileen al ritmo de la música sobre mi muslo, permitiendo que la cálida noche me envuelva.
Finalmente llego al edificio antiguo en el que vivo, en el centro del Trastevere. Las paredes se observan un tanto desgastadas y la hiedra cubre gran parte de la fachada. Tampoco puedo permitirme mucho más; necesito usar mis ahorros para la universidad. Es un edificio modesto, pero para Claudia, mi compañera de piso, y yo, se siente un pequeño paraíso. Con el tiempo terminas descubriendo su encanto.
El tintineo de las llaves al girar la cerradura rompe la tranquilidad del portal. Subo las escaleras con calma hasta llegar al segundo piso.
—¡Claudia, ya estoy aquí! —grito al entrar al apartamento, tirando las llaves y la mochila en el mueble del recibidor.
Ella aparece desde la cocina con un vaso de vino en la mano y una gran sonrisa.
—¿Qué tal la tarde? ¿Muchos turistas desquiciados? —Me ofrece un trago apoyándose en el marco de la puerta.
Bebo un pequeño sorbo y dejo escapar un suspiro.
—Ni te imaginas. Pero he sobrevivido, así que me lo merezco. —Termino el contenido del vaso—. Oye, ¿pedimos pizza? Me muero de hambre.
Claudia asiente entusiasmada. Es nuestra pequeña tradición: jueves por la noche de pizza, vino barato y hablar de cualquier tontería mientras la ciudad sigue con su ajetreo nocturno. Me hundo en el sofá del salón mientras busca el número en su móvil para hacer el pedido.
—¿De qué quieres hoy? —pregunta, aunque ya sepa la respuesta.
—Quattro formaggi, como siempre.
Mientras esperamos la comida, mi lista de reproducción sigue sonando a través de los altavoces de la televisión, llenando el pequeño apartamento con esa energía contagiosa. Claudia también está obsesionada con ellos, así que disfruta incluso más que yo. La voz de Damiano se mezcla con nuestras risas, creando una bonita melodía.
El ruido del timbre nos obliga a volver a la realidad. Recibimos las cajas de pizza con ganas y nos sentamos sobre la alfombra, disfrutando del aroma que desprenden. A través de la ventana abierta, el sonido lejano de la ciudad interrumpe nuestras conversaciones, recordando que Roma nunca duerme.
—¿Alguna vez sientes que podríamos quedarnos aquí para siempre? —Mi mirada se pierde en el reflejo de las farolas a través del cristal.
Claudia bebe un poco de vino y se limpia las manos.
—Solo si seguimos pidiendo pizza todos los jueves.
Sonrío y la observo frente a mí.
—Y si las dos encontramos un buen hombre, que aquí tienen buena fama.
Ambas reímos otra vez, y todo me parece perfecto. La ciudad, la música, el reciente fin de curso y la promesa de muchas noches como esta.
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Bajo el mismo cielo
FanfictionLucía es una estudiante española que vive en Roma junto a su amiga, ambas son fans de Måneskin. Trabaja en una pequeña cafetería en el Trastevere, pero su vida tiene un cambio radical cuando Damiano entra aquella tarde a por su café, sin evitar entr...
