No puedo

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Martin se encontraba resguardado bajo sus propios brazos con el fin de desaparecer de esa situación en la que estaba encarcelado. No podía creer que el que debía ser el día más feliz de su vida pensaría en dejarlo todo, acobardarse, y negarse a seguir fuerte, como su familia siempre le había dicho. Ese Martin que a los 15 años se armó de valentía y persiguió su sueño de dedicarse al mundo del arte había desaparecido por completo, o por lo menos había decidido no aparecer en esa ocasión.
Sus sollozos retumbaban en las cuatro paredes de aquél pequeño cuarto de baño mientras que en la sala principal comenzaban a escucharse voces de familiares y amigos, pero no la de ella.

Un rayo de sol anaranjado traspasaba la cristalera reflejándose en la pared contraria a la de Martin. La forma de una estrella se formaba gracias a esta y Martin no pudo evitar quedarse ensimismado. No podía apartar la mirada, pero tampoco quería. No estaba bien, sentía un agobio en el pecho tan agudo que simulaba apretar su corazón con cada latido dado, pero al menos esa pequeña luz había hecho que las lágrimas dejasen de deslizarse por su rostro.

Un portazo lo hizo volver a la realidad, volvió a sentir como se le encogía el corazón, como no le dejaba respirar, y poco a poco ese sentimiento de cobardía y culpa se apoderaba de él.

No puedo, no puedo, no puedo…

Aquellas palabras aparecían una y otra vez, cada vez más reales, cada vez más repetidamente. Una, otra, otra y otra vez.

En otro lado de la iglesia

— Perdona, ¿has visto a Martin?
— No, lo siento.

Violeta, su mejor amiga, estaba empezando a preocuparse más de lo debido. Su mejor amigo no aparecía por ningún lado, pero no quería preocupar a nadie, por lo que decidió buscarlo por sí misma.
Primero miró a los alrededores, podría haberse quedado mirando una rama.
“Cosas de bohemios” pensó. Luego siguió por la iglesia, y finalmente llegó al baño.
— Martin ¿estás aquí?
Nadie contestó.
Se había conseguido esconder de inesperadas visitas, pero está vez no se libraba. Violeta escuchó una pequeña respiración, la cual supuso que sería de él.

— Martin mi vida, soy Vio, ¿dónde estás?
La sala se inundó de silencio. Lo último que quería Martin era que le vieran en aquella situación, perdido entre sus pensamientos y con una mirada que no conseguía descifrar. Violeta finalmente giró hacia una esquina y lo vio. Estaba vestido con un traje y una falda asimétrica colocada sobre este. No estaba despeinado, pero el vacío que veía en él lo hacía desmoronarse por completo. Violeta solía ser demasiado buena entendiendo a los demás, de hecho la apodaban La psicóloga, pero esta vez fue incapaz de enlazar las piezas correctas. Sus ojos no desprendían tristeza, tampoco enfado y mucho menos ansiedad. Era algo inhumano, como si su alma escapase de su cuerpo y este no consiguiera retenerlo.

La expresión de su amiga cambió por completo, sabía que para que se desahogase primero tenía que crear un ambiente cercano. Se agachó sin importar que su vestido se ensuciase y se sentó al lado suyo dejando caer su cabeza sobre su hombro.
En cuanto sus pieles colisionaron una sensación de alivio los envolvió. Lágrimas comenzaron a caer sin parar, sus músculos se destensan y su rostro parecía otro. No necesitaba ni una sola palabra para saber qué sin importar el por qué, ella estaría a su lado, siempre.

Pasados unos minutos, Violeta se incorporó un poco deshaciendo su agarre y comenzó a hablar.
— Martin?
— Mhmm— No sabía qué decir, ni él sabía que sentía. Pero Violeta sabía que en el fondo sí.
— No tienes que contarme nada si no quieres, pero te vendrá bien soltar algo.
Finalmente Martin alzó la mirada, y cuando su mirada chocó con la contraria no pudo evitar explotar.
— Violeta, esque no puedo, no puedo hacerlo —Por fin dijo algo entre sollozos
— Claro que puedes, eres la persona más fuerte que conozco, y lo digo totalmente en serio. Nunca había visto una persona capaz de luchar tanto por algo que ama como tú lo haces.
— Es que son tantas cosas vio —Cogió aire antes de seguir— Es como si cada motivo tirase de mí hacia atrás haciéndome retroceder. Todo lo que hago no vale para nada.
—Por favor nunca pienses que lo que haces es insignificante.

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⏰ Last updated: Nov 22, 2024 ⏰

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