Alce la mirada cuando el sonido del teléfono empezó a asustarme, era un tono peculiar típico de las películas de terror, el cual provenía del armario. Tragué saliva mientras observaba detenidamente ambas puertas de madera. Caminé lentamente sintiendo los frenéticos latidos de mi corazón. Tenía miedo y posiblemente me desmayaría cuando abriera la puerta, pero ¿quién estaba ahí adentro?, di pasos silenciosos y tomando una distancia prudente la abrí.
—¡Bu!
Lancé un grito.
—Cedric me asustaste. —Me llevé la mano al pecho. Cédric carcajeó descaradamente dejándome ver pequeñas lágrimas surgir de sus ojos a causa de la risa—No te rías —le di un golpe juguetón en el hombro.
—Tu rostro no tuvo precio—digo entre risas antes de pellizcar mi nariz en un intento porque no me enfadara—, eso te pasa por despistada.
—Cierra la boca, eres malvado.
No estaba molesta, pero sus bromas son algo pesadas, de igual manera me resultó de algún modo divertido, me gustaba que Cédric riera, era como música para mis oídos, me gustaba su risa y es poco común verlo sonreír seguido, así que solo le di la espalda volviendo a la cama ocultando la sonrisa de mi rostro.
—Solo fue una broma, supéralo.
Le había pedido a Cédric que se quedase en mi casa un poco más de tiempo, luego de hoy simplemente no lo volvería a ver. El entraría a la universidad en otro estado, en otro país, en un continente diferente. Me daba nostalgia, sin embargo esas cosas pasaban y no podía evitarlo por más que quisiera.
Mi mejor amigo estaría a más tardar mañana por la tarde en un avión que lo dejaría a millas de mi.
—Sigues pensando en lo de mañana.
—Tu que crees —Solté un suspiro sentándose en posición de flor de loto sobre mi cama—. Es necesario que te vayas.
—Si, ya hablamos de esto Rapunzel, —Sonreí de lado, mi sobrenombre sonaba bien en sus labios—estaremos en contacto, te llamaré, además son solo cinco años.
Que esperanzador.
—Esto va hacer aburrido —bufé bajando la mirada. Todo este tiempo se volvería rutina, una muy aburrida, Cedric era mi único amigo desde que tengo memoria, lo quería demasiado era como un hermano y no quería que se fuera.
—Lo sé, pero también estoy seguro de que un día podrás salir de aquí.
Sabía que era sincero, él sabía más que nadie que yo deseaba ser libre. Quería con todo mi corazón salir al mundo. Cedric me tomó la mano jugando con mis dedos dándoles cariño, haciendo pequeños círculos con sus yemas; permanecimos en silencio en mi habitación.
—Soy Rapunzel del siglo veintiuno, se supone que un ladrón debe venir por mí, debe rescatarme como en la película — dije desesperada, seguidamente tomé mi almohada y hundí mi rostro ahogando un grito.
—No seas dramática, no necesitas un ladrón, solo un agente de SIA. Tu padre exagera en cuanto a seguridad.
Levanté la mirada apenada.
Era cierto que mi padre es un obsesivo en la seguridad y, aunque tiene sus razones, exagera demasiado. Después del accidente en el que mi madre falleció todo había cambiado, su manera de ver el mundo como un asesino serial, por ejemplo.
Aquel año que cambió mi vida, no volví a salir, ni pude ir a la escuela, mi padre se encargó de formar una burbuja a mi alrededor protegiéndome de todo, absolutamente todo; podría ser que lo hizo para cuidarme ya que soy su única hija y sé que, aunque me quiere esto no le hace bien a nadie.
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Más allá de la eternidad
RomanceLarissa ha crecido bajo la protección excesiva de su padre, quien le ha inculcado la idea de que el mundo es un lugar peligroso. Esta sobreprotección la ha mantenido alejada de la mayoría de las personas, siendo Cedric, su único amigo, su único vínc...
