Ema es una chica apasionada por los caballos, con cabello castaño claro, ojos color miel llenos de curiosidad y un espíritu aventurero. Un día, recibe una carta misteriosa invitándola a una prestigiosa academia de equitación. Llena de emoción, acept...
Ema disfrutaba de una tarde tranquila en el campo, montando a Flika, su fiel caballo de pelaje negro con una estrella blanca en la frente. El viento fresco acariciaba su rostro mientras cabalgaba por los verdes pastizales que rodeaban la casa. Su risa llenaba el aire cada vez que Flika aceleraba el paso, como si compartieran un juego secreto entre ellos.
Cuando el sol comenzó a ocultarse detrás de las colinas, Ema regresó a casa. Allí, su padre y su hermana menor, Ana, estaban preparando la cena. Ema dejó a Flika en el establo, le dio un par de zanahorias y le acarició el hocico antes de entrar a la casa.
Después de cenar, su padre la llamó desde su cuerto y bajo a ver.
—Ema, ven un momento. Quiero mostrarte algo.
Intrigada, se acercó al sofá, donde su padre tenía un viejo álbum de fotos en el regazo. El álbum olía a nostalgia, y sus páginas estaban llenas de imágenes descoloridas de tiempos pasados. Entre ellas, una en particular llamó su atención: una joven sonriente montando un caballo.
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—Es tu madre —dijo su padre, con una mezcla de melancolía y orgullo—. Tenía tu misma edad aquí, unos catorce años. Ese era su caballo, Sparrow.
Ema tomó la foto con cuidado. La imagen era algo borrosa por los años, pero podía distinguir a su madre, radiante y joven, montando un caballo de pelaje claro. Algo peculiar llamó su atención.
—Papá... ¿ese caballo tiene un cuerno? —preguntó, señalando un detalle apenas visible en la cabeza del animal.
Su padre soltó una risa ligera.
—Debe ser un defecto en la foto. No te hagas ideas raras.
Ema frunció el ceño, intrigada, pero dejó pasar el asunto. Colocó la foto de vuelta en el álbum y subió a su habitación, con la mente llena de preguntas que no se atrevía a formular.
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A la mañana siguiente, mientras Ana y su padre seguían durmiendo, Ema fue despertada por un insistente golpeteo en la puerta principal. Bostezando y todavía en pijama, bajó las escaleras.
—¿Quién será tan temprano? —murmuró para sí misma mientras abría la puerta.
Al hacerlo, no encontró a nadie. Extrañada, salió al porche y miró a su alrededor. El viento soplaba suavemente, pero no había señales de visitantes. Justo cuando estaba por entrar de nuevo, algo captó su atención.
En el suelo, frente a la puerta, había una caja pequeña con forma de libro. Ema se agachó para recogerla. La caja estaba decorada con tonos morados y verdes, sus colores favoritos, y brillaba bajo la luz del sol.
—Qué extraño... —susurró, girándola en sus manos.
En la tapa había un grabado en espiral que parecía moverse ligeramente bajo su tacto, como si tuviera vida propia. Su nombre estaba escrito en letras doradas: *Ema*.
Un escalofrío de anticipación recorrió su espalda.
—¿Quién dejó esto aquí?
Sin esperar más, abrió la caja. Dentro había un pequeño colgante en forma de estrella y un pedazo de pergamino doblado cuidadosamente. Ema desdobló el papel y leyó en voz baja:
La próxima aventura comienza donde el corazón encuentra la magia. Sigue el camino hacia lo inesperado.
Miró de nuevo el colgante. Era hermoso, brillante y extraño, como si no perteneciera a este mundo. Su mente recordó la foto de su madre que tenia el mismo collar y el misterioso cuerno en el caballo llamado Sparrow.
—Esto no puede ser una coincidencia... —dijo para sí misma.
El sonido lejano de un relincho, suave pero inconfundible, la hizo voltear hacia el campo. Algo le decía que este era solo el comienzo de algo extraordinario.
espero les guste lo que si es que todasl las hisorias que suba los cap seran corregidos para ver si no tiene flatas de ortografia eso es todo nos vemos en el suiguiente cap