El eco de las oportunidades perdidas

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Está historia está ambientada después de la guerra, en la que Draco y Hermione exploran sus sentimientos.

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El castillo de Hogwarts, aunque reparado tras la guerra, aún conservaba cicatrices en sus muros de piedra. El silencio de los pasillos por la noche era perturbadoramente pacífico, como si el castillo intentara olvidar los gritos que alguna vez resonaron en su interior. Hermione Granger, en su último año como estudiante, caminaba por uno de los corredores solitarios, incapaz de conciliar el sueño. El peso de la historia del lugar y sus propias memorias la mantenían despierta.

Deteniéndose frente a la sala de los trofeos, vio su propio reflejo en el vidrio de una vitrina. Era la misma Hermione, y a la vez no lo era. La guerra había dejado su marca; no solo en su cuerpo, sino en su alma. Mientras observaba, escuchó unos pasos lentos y arrastrados detrás de ella.

"¿Granger? ¿Qué haces aquí a estas horas?" La voz de Draco Malfoy era inconfundible, aunque sonaba más baja y cansada de lo habitual.

Hermione se giró para encontrarlo. Draco estaba allí, pero no como el arrogante chico que había conocido años atrás. Ahora parecía más delgado, con ojeras profundas y un aire de arrepentimiento que nunca había visto en él.

"Malfoy", respondió ella, con un tono neutral. "No podía dormir."

Draco asintió. "A mí me pasa lo mismo algunas noches. Es como si... los recuerdos no me dejaran en paz."

Hermione lo miró con una mezcla de curiosidad y compasión. Durante años, había visto a Draco como su enemigo, el niño mimado que disfrutaba humillando a los demás. Pero ahora, al mirarlo, no podía ver más que a un joven tan roto como ella misma, alguien que había sido víctima de su propio entorno.

"Es difícil seguir adelante", confesó ella en voz baja.

Draco dejó escapar una risa amarga. "Sí, lo es. Especialmente cuando todo lo que has hecho parece perseguirte."

Hermione lo observó en silencio, tratando de entender sus palabras. Era raro tener una conversación con él que no estuviera cargada de sarcasmo o desprecio. "¿Por qué estás aquí, Malfoy? Pensé que no volverías a Hogwarts."

"Vine para encontrar algo de paz", admitió Draco, mirando a su alrededor. "O tal vez para intentar hacer las paces con mi pasado, aunque no estoy seguro de si eso es posible."

"Todos hemos cometido errores", dijo Hermione suavemente, acercándose un poco más. "Lo importante es lo que hacemos después de esos errores."

Draco alzó la vista para encontrarse con los ojos de Hermione. Había algo diferente en ellos, una suavidad que nunca había visto antes, o tal vez nunca se había permitido ver. "Y tú, Granger... ¿Has encontrado la paz?"

Hermione suspiró. "No del todo. A veces me pregunto si alguna vez la encontraré."

El silencio se instaló entre ellos, pesado y lleno de palabras no dichas. Draco dio un paso hacia ella, sus ojos llenos de una mezcla de emociones que Hermione no lograba descifrar del todo.

"Granger," comenzó Draco, dudando por un momento. "Quiero decirte algo. Algo que nunca pensé que diría." Sus manos temblaban ligeramente, y Hermione se dio cuenta del esfuerzo que le estaba costando.

Hermione asintió, dándole espacio para continuar. "Adelante", lo animó.

Draco respiró hondo. "Lamento... todo. Lamento cómo te traté todos esos años. Sé que decirlo ahora no cambia nada, pero lo siento."

Hermione parpadeó, sorprendida. Nunca había esperado escuchar esas palabras de él. "Yo... gracias, Draco. Aprecio que lo digas."

Él hizo una mueca, como si el peso de sus propias palabras lo agobiara. "No espero tu perdón, Granger. Solo quería que lo supieras."

"El perdón no es fácil"

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