Vivían en el departamento más lujoso del edificio, con piscina propia, gimnasio y todos los detalles de confort que se puedan imaginar. Alejandra había entablado una entrañable amistad con nuestras madres, que eran de clase media y debían trabajar para ayudar a nuestros padres a mantener nuestro nivel de vida. Desde pequeños nos habíamos acostumbrado a ir a merendar y a jugar a su casa, con Germán. Ella nos atendía como a su hijo, nos ayudaba con nuestras tareas, en fin, era una mamá más para nosotros.
-Charly (por mí) y Freddy estiraron de golpe - dijo Elena - Mirá lo desgarbados y flacos que son...
- Si, van a tener que hacer gimnasia para armonizar los cuerpos...- dijo mi madre.
- Cierto, con algo de pesas se van a poner a punto -Alejandra sabía bastante, se pasaba horas en su gimnasio particular.
- ¡No sé de donde va a sacar tiempo mi hijo! - dijo Elena - Este año tiene Francés en el colegio y no sabe nada. Va a tener que estudiar como loco...
- A Charly le pasa lo mismo - coincidió mamá - El con el inglés no tiene problemas, yo le enseñé de chiquito, pero de Francés ni jota....
- ¡Pero haberlo dicho antes! - terció Alejandra - Yo hablo Francés, les puedo enseñar...
Alejandra provenía de una tradicional familia salteña, gente muy adinerada que le había costeado una educación de lujo. Durante mucho tiempo mi madre se había preguntado cómo podía estar casada con un tipo como Francisco, bastante grosero y autoritario. La respuesta le llegó una tarde, no hacía mucho tiempo, en que Alejandra, deprimida tras una discusión conyugal, había venido a casa por la noche buscando consuelo. Mi madre escuchó con paciencia la historia del capitán destinado a la guarnición de Salta que había seducido a la hija de una familia patricia del lugar, de 16 años, dejándola embarazada. Para salvar el escándalo, los padres de la niña arreglaron con el jefe del destacamento la boda, a pesar de los 8 años de edad que los separaban. Francisco no tuvo otro remedio que acceder pues de lo contrario perdería su carrera. Así pues, se casaron y el traslado solicitado por el comandante los trajo a vivir a Buenos Aires.
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