Prólogo

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Se dice que décadas atrás, a las afueras de un reino, existía una cabaña en la que vivía una misteriosa mujer. Esta, se rumoreaba, padecía de una extraña enfermedad que consumía sus fuerzas lentamente. Sin nadie quien pudiera ofrecerle salvación alguna, la mujer pasaba sus días aislada en el bosque ahogándose en su propio dolor.

Dentro de un interminable torbellino de impotencia sin algún atisbo de esperanza, su negación ante la idea de morir se transformó prontamente en una obsesión, obsesión con encontrar el antídoto a su inminente deceso, la solución a todos sus males, la fórmula de la vida eterna. Expulsando entre múltiples maldiciones, les juró a los dioses que, sin importar el sacrificio, les arrebataría de las manos el elixir que extendería su vida eternamente, incluso si sus métodos la orillaban a dejar atrás los restos de su lastimada humanidad. Así se introdujo en el rubro de la magia negra, experimentando día y noche, una y otra vez, terminando muchas veces en fracasos que desencadenaban fuertes arranques de ira.

Testimonios contaban que sus gritos de desesperación se escuchaban desde el bosque hasta sus hogares, provocando el terror y el desconcierto de varias familias. Le exigieron al rey tomar medidas con respecto a la ahora nombrada bruja; para su desdicha, el monarca les hizo saber que no había nada que el pudiera hacer, dado que el bosque era un lugar que salía del territorio del reino, y, por ende, cualquier asunto se encontraba fuera de sus manos. Aquellas palabras no sentaron para nada entre los súbditos, y las molestias empeoraron en cuanto la bruja comenzó a hurtar el ganado para conseguir sangre de animales, ahora no solo se trataba de una mujer que perturbaba la paz de sus hogares, sino también de la pérdida del sustento en sus vidas.

Mientras la bruja parecía acercarse al final de su investigación, el vaso que estaba a punto de desbordarse se quebró cuando la mujer secuestró a la hija de un granjero. El escandalo salió a la luz, y a sabiendas de que a la monarquía poco o nada le importaba el bienestar de la clase trabajadora, se alzaron en armas y antorchas para acabar con la vida de la bruja.

Llegada la medianoche, la cabaña donde vivía la mujer fue interceptada por una turba furiosa, fue arrastrada fuera de su hogar y, entre amenazas y gritos, una estaca de madera se clavó en su corazón. La bruja pereció de inmediato mientras su sangre empapaba la maleza debajo de ella; la gente entró a la cabaña donde encontraron rastros de huesos, sangre y herramientas usadas para sus macabros actos, sin embargo, la hija del granjero no se encontraba por ninguna parte. El hogar de la bruja fue reducido a cenizas para evitar el surgimiento de malas energías; el cuerpo fue enterrado de forma apresurada en una zanja, de ese modo dando fin a la Bruja de la Sangre.

Debido a que no había rastro alguno de la joven secuestrada, en días posteriores organizaron búsquedas en lo profundo del bosque. En una noche cualquiera, se encontró a la hija reposando delicadamente entre las ramas de los frondosos arbustos, su cuerpo lucía intacto a excepción de dos marcas en su pálido cuello, con los ojos cerrados daba la ilusión de una doncella que dormía profundamente de no ser porque su pecho no se movía. El grupo de búsqueda agradeció a los cielos por permitirles el hallazgo del cuerpo y lo llevaron devuelta a su hogar. El granjero lloró la pérdida de su hija; mientras se realizaban los preparativos para el funeral, su cuerpo permaneció reposando en la cama de la vieja alcoba que alguna vez perteneció a ella.

Y de repente la joven abrió los ojos.

Los pobladores no podían creer lo que estaba pasando, ella estaba despierta, de pie y observándolos desde el marco de la puerta, ¿se trataba acaso de un milagro? ¿En todo este tiempo nunca estuvo muerta? La conmoción se apoderó de las mentes de todos, tan distraídos como para notar la palidez enfermiza en la piel de la fémina, las pupilas rasgadas que asemejaban a las de un depredador a su presa y los colmillos que se asomaban lentamente por los labios que se abrían mientras permanecía en los brazos de su familia.

Lo que sucedió en ese momento creo que todos lo sabemos.

Después de la trágica escena, sin perdonar ni una sola vida, la joven huyó al bosque apenas salió el sol. La noticia se hizo llegar hasta a los oídos del rey por parte de varios súbditos que por enésima vez le pedían ayuda; al multiplicarse día tras día los casos de gente asesinada a manos de la bestia, el monarca decidió finalmente hacer un movimiento contra el enemigo que asechaba su reino y mandó a sus mejores soldados a deshacerse de la criatura.

Sin embargo, sin saberlo, al enviar a aquellos soldados el rey había abierto la puerta a que otro de esos seres se colara en el castillo y lo atacara por la espalda. El cuerpo del rey fue encontrado un par de horas después, e inmediatamente el evento fue anunciado en todo el reino, hundiendo a las personas en el miedo e incertidumbre. A partir de ese momento, cada noche más personas fueron privadas de sus vidas por las bestias ahora conocidas como "vampiros"; los soldados hicieron un esfuerzo por defender a los civiles, pero todo era en vano, poco a poco el brillo del reino se apagaba y no había nada que se pudiera hacer.

Una tarde tormentosa, un profesor que volvía de su jornada laboral, encontró frente a la academia un vampiro, cuyo pecho había sido atravesado por una valla de acero, los ojos del depredador lo miraban fijamente mientras se retorcía en su lugar e intentaba sacar alguna palabra entre toda la sangre que se filtraba de su boca. ¿Buena o mala suerte? Después de todo, este evento fue una pista muy importante para el profesor, quien ante el cuadro que se presentaba frente a él, tuvo una idea, la iniciativa a crear un grupo de investigadores, dispuestos a descifrar todo misterio sobre los vampiros, y, sobre todo, encontrar la forma definitiva de acabar con la plaga y salvar las vidas de los sobrevivientes.

Así fue cómo surgió La Iglesia, un grupo de personas capacitadas y dispuestas a arriesgar su propia vida por el bien de la humanidad; ya no había un rey que guiara a las personas, por lo que el nuevo orden se le fue acuñado a los eruditos. Por supuesto que estos nuevos gobernantes necesitaban de una protección, por lo que, se comenzaron a reclutar a las personas más fuertes, se les entrenó en técnicas de combate y defensa, y se les otorgaron armas especializadas, las únicas capaces de cortar a través de la piel de las bestias, forjadas en acero y bañadas en un rocío especial conocido como "Agua Bendita". Finalmente, a estos nuevos soldados se les bautizó como "Los Exorcistas"

De esta manera, un reino prospero, que cayó en la desgracia, ha comenzado a levantarse lentamente, y hasta el final de nuestros días, nosotros, La Iglesia, juramos esforzarnos por el bien de los nuestros, con la esperanza de que algún día, la luz volverá a brillar sobre nosotros.

El Santuario de las Rosas - Identity VStories to obsess over. Discover now