La Procesión De Las Ánimas

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Cuenta una leyenda que hace muchos años en un pequeño pueblo de León, los Jueves Santos a las 3:00 de la mañana despertaban las ánimas junto al repiqueteo de las campanas de la iglesia. Las animas abandonaban el oscuro y pequeño cementerio recorriendo las casas del pequeño pueblo en busca de gente despierta

Está leyenda llegó a oídos de un visitante forastero que se alojaba en un albergue cercano. El visitante se burlaba de los habitantes del pequeño pueblo que se afanaban a acabar todas sus tareas e ir a la cama temprano, cerrando puertas y ventanas con el miedo en los ojos

-¡Apúrate! ¡Que hoy es la noche en la que salen las ánimas!

-¡Sí! Hoy cerramos pronto el mesón, dicen que aquel que las ve está condenado a seguirlos eternamente

-¡Algunos las han visto desde una esquina y consiguieron esquivar su mirada!

-¡Pamplinas! (Dijo el forastero entre risas de burla)

El visitante escuchó esta conversación soltando una carcajada burlandose de ellos. Acabó lentamente su cena y se retiró hacia su habitación entre risas diciendo que solo eran supersticiones de pueblerinos y demostraría que era mentira

La noche era fría y caía una ligera llovizna, el viento movía las ramas desnudas de los árboles, era una noche de luna llena pero las nubes apenas dejaban pasar su luz. El visitante decidido a demostrar a contar que lo que contaban era mentira, se colocó su abrigo, el sombrero y una capa para así protegerse de la lluvia y cogió un farol. Tomó el camino que llevaba al cementerio, caminando por la calle empedrada. El único sonido era el de sus pasos y los ladridos quejosos de un perro en la lejanía. El pueblo permanecía en silencio y a oscuras.

Llegó hasta la tapia del cementerio y descubrió que junto a ella había una cabaña en ruinas que antiguamente servía de cobijo a los pastores en noches de tormenta. Recogió alguna madera seca para hacer una fogata y así calentarse las manos y se sentó a esperar a ver qué sucedía tras los muros del cementerio.

Cuando dieron las 3:00 de la mañana un murmullo creció en el cementerio, las lápidas se abrían, los huesos chocaban entre si, quejidos y lamentos que helaban la sangre.

El forastero contempló el macabro espectáculo inmóvil, petrificado por el miedo. Se le acercaron lentamente y mirándole fijamente con sus cuencas vacías le señalaron con su descarnado hueso.

A la mañana siguiente nadie volvió a ver al forastero, pero al año siguiente algunos imprudentes cuentan que vieron pasar la procesión de las ánimas por una rendija de la ventana y aseguran que el insensato visitante cerraba la comitiva con su carne putrefacta y chillidos espantosos

La Procesión De Las ÁnimasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora