Era una tarde soleada en la ciudad de Luminaria, donde los rayos del sol se filtraban entre los árboles y las risas de los jóvenes resonaban en el aire. Amane y Kokomi se encontraban en su lugar favorito, un pequeño parque lleno de flores de colores vibrantes.
—Amane, ¿te imaginas si pudiéramos quedarnos aquí para siempre? —dijo Kokomi, mirando a su alrededor con una sonrisa.
—Sería perfecto, Kokomi. Pero la vida no siempre es así de sencilla —respondió Amane, con un tono melancólico.
A medida que los días pasaban, la madre de Amane, la señora Haruka, recibió una oferta de trabajo en otra ciudad. La noticia llegó como un rayo en un día despejado.
—Amane, tenemos que hablar —dijo la señora Haruka una noche, con una expresión seria en su rostro.
—¿Qué sucede, mamá? —preguntó Amane, sintiendo un nudo en el estómago.
—He aceptado un trabajo en la ciudad de Solara. Nos mudaremos en dos semanas.
Amane sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor. Sin poder contener las lágrimas, corrió a su habitación y se encerró. Esa noche, Kokomi la encontró sentada en su cama, con la mirada perdida.
—Amane, ¿qué pasa? —preguntó, preocupada.
—Me voy... —susurró ella, con la voz entrecortada—. Mi madre y yo nos mudamos a Solara.
Kokomi se quedó en silencio, procesando la noticia. Finalmente, tomó su mano y dijo:
—No importa la distancia, siempre estaré contigo. Nuestro amor es más fuerte que cualquier kilómetro que nos separe.
Las dos semanas pasaron volando. El día de la mudanza, Amane se despidió de Kokomi en el parque donde habían compartido tantos momentos felices.
—Prométeme que no me olvidarás —dijo Amane, con lágrimas en los ojos.
—Nunca podría olvidarte, Amane. Eres mi todo —respondió Kokomi, abrazándola con fuerza.
Con el corazón pesado, Amane se subió al coche con su madre, mientras Kokomi se quedaba atrás, sintiendo que una parte de las dos se iba con ella. Los meses pasaron y la distancia se hizo palpable. Amane intentó adaptarse a su nueva vida en Solara, pero siempre sentía un vacío en su corazón. Las llamadas y mensajes se volvieron menos frecuentes y, aunque ambos intentaban mantener la conexión, la distancia comenzaba a hacer mella en su relación. Un día, mientras Amane caminaba por el nuevo barrio, se encontró con una librería acogedora. Decidió entrar, buscando un refugio entre las páginas de los libros. Allí, conoció a una chica llamada Yuki, quien se convirtió en su amiga rápidamente.
—¿Te gusta leer? —preguntó Yuki, mientras hojeaban un libro juntas.
—Sí, me encanta. A veces me ayuda a olvidar lo que siento —respondió Amane, con una sonrisa triste.Yuki, al notar la melancolía en su voz, le preguntó:
—¿Hay algo que te preocupe?
Amane dudó, pero finalmente decidió abrirse.
—Mi novia, Kokomi, se quedó en nuestra ciudad. La extraño mucho y a veces siento que nuestra relación se está desvaneciendo.
Yuki la miró con comprensión.
—El amor verdadero siempre encuentra la manera de mantenerse vivo. Tal vez deberías escribirle una carta. A veces, las palabras escritas tienen un poder especial.
Amane se sintió inspirada por el consejo de Yuki. Esa noche, se sentó en su escritorio y comenzó a escribirle a Kokomi. Le habló de sus días en Solara, de cómo la extrañaba y de lo mucho que significaba para ella. Al finalizar, selló la carta con un beso y la envió. Mientras tanto, Kokomi también luchaba con la ausencia de Amane. Cada día, iba al parque donde solían pasar tiempo juntas, recordando los momentos felices. Un día, mientras estaba sentado en un banco, recibió una carta de Amane. Su corazón se llenó de alegría al abrirla.
—Amane... —susurró, leyendo cada palabra con atención. Al finalizar, sintió que la distancia se acortaba un poco. Decidió que debía hacer algo para demostrarle su amor.
Kokomi comenzó a planear una visita a Solara. Con la ayuda de su amigo Haru, quien siempre había estado a su lado, organizó un viaje sorpresa.
—No puedo esperar a ver su cara cuando llegue —dijo Kokomi, emocionada.
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Dulce Distancia
RomanceA veces un amor se ve afectado por la distancia, pero si es un amor verdadero no habrá barreras que lo impida florecer, como el caso de estas chicas.
