Capítulo 1
Birmingham, Reino Unido, 1867.
Personas con vestimenta elegante pasan por la calle, y cada cuanto hay vendedores ambulantes. Miro por la ventana al ver el sol elevarse al cielo, lo cuál significaría que ya empezó el día. Mi reloj suena con fuerza. Presiono una mano contra él y deja de hacer ruido.
Me dirijo hacia el armario. Me pongo mi vestido usual del trabajo color verde salvia. Muevo mis pies hacia la cocina, para encontrar a mi madre tomando té con mi padre. Les doy un beso en la frente a ambos, debido a que estaban sentados en las sillas mientras charlaban.
Voy hacia la puerta frontal, con un recipiente con agua en mano, y lo dejo que absorbe la tierra de las plantas que he estado cuidando estos meses. Vuelvo a la cocina. Dejo el recipiente, y saludo por última vez a mis padres antes de ir al trabajo.
Llamo con una mano en alto a mi carruaje.
Subo al asiento. Luego de unos minutos, llego a la biblioteca. Abro las puertas con la llave, y cambio el letrero de la puerta de "Cerrado" a "Abierto".
[...]
El trabajo ha estado bastante tranquilo. He tenido algunos clientes buscando libros como de cocina, historia o arte. Calmamente los he recibido y atendido.
Pero algunos de ellos vinieron de una esquina, la cual rara vez paso debido a que ahi dejo libros que a la mayoría de gente no le gusta, diciendo de que hubo una voz. Que los asustó y corrieron despavoridos de mi local.
"Que extraña circunstancia."
Me pienso a mi misma.
Muevo mis piernas de mi asiento, y camino hacia esa esquina. No había nadie. Probablemente escucharon cualquier cosa, o fue producto de sus imaginaciones..
Luego del trabajo, fui a la florería cercana a mi casa, y compré rosas blancas, como le gustan a mi madre. Hoy era su cumpleaños.
Llegué a casa, para encontrar a mi madre en la cocina, y a mi padre en la sala, leyendo un libro. Doy un suave beso a la mejilla de mi madre, y le doy el par de rosas blancas a ella.
Ella me sonríe con alegría, y me agradece.
Nos quedamos haciendo muffins de vainilla con chocolate. Ambas reímos al contar anécdotas del pasado graciosas. Hicimos té con hojas de durazno, y yo puse frutillas y frambuesas en un recipiente, y puse uno por uno arriba de cada muffin. Llamé a mi padre para comer los muffins en la mesa, y celebrar el cumpleaños de mi madre.
Reímos mientras comíamos muffins y tomábamos té.
A la noche, mientras me ponia la pijama, no pude dejar de pensar en esa persona que me vino a decir en mi trabajo que habia escuchado una voz. Será real, o una mentira suya para hacerme perder tiempo a propósito? Bueno.. no importa. Tengo que dormir. Mañana es día de semana.
Fin.
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Voces de la penumbra
SpiritualitéUna tranquila bibliotecaria obtiene un caso de lo menos esperado.
