La salida del sol había dejado de ser algo hermoso para el joven que se hundía entre las sábanas, aferrado a la idea de no salir de allí jamás. Sin embargo, la luz que filtraban las cortinas y el ruido molesto de su alarma le avisaban que un nuevo día había comenzado. Había pasado mucho tiempo desde que su vida se trasformó en una continua y torturosa rutina sin fin.
Gemini llevaba viviendo en New York alrededor de 5 años y seguía sin encontrarle la belleza a la fría ciudad. Con los preparativos rápidos de su matrimonio, el papeleo y las continuas amenazas de su padre, el joven no tuvo tiempo ni siquiera para despedirse de Phuwin; los últimos meses antes de la boda fueron los más horribles de su existencia.
Aún recordaba con asco aquel día donde su padre le obligó a vestir un traje hecho a su medida pero asfixiante para su corazón; Norawit odiaba en especial aquella parte en donde sus pasos le guiaron hasta los brazos de otro ser extraño. Como parte de un teatro mal ensayado leyó sus votos y le juró amor eterno al alfa que ahora le mantenía cautivo en una farsa, derramando lágrimas en silencio y dejando que todos lo presentes creyeran que eran de felicidad.
Gemini Norawit había sido el centro de atención del evento y tenía todos los ojos y flashes de cámaras puestos sobre él, sin embargo, ninguno de aquellos invitados le estaba viendo realmente.
Sólo observaban con ojos de envidia el trofeo que había sido para su padre y que ahora sería para su marido.
El omega odiaba su vida con todas sus fuerzas pero luego de tantos años, su corazón, mente y orgullo, se acostumbraron a residir en las sombras y romperse cada vez más cuando la soledad besaba sus mejillas.
Sabía que luego de aquello todo cambiaría y estaba seguro de que aquel cambio le destrozaría.
Aquella mañana era diferente a las que usualmente estaba acostumbrado, Gem no estaba corriendo a ponerse un traje con corbata para dejar que un chófer le transportara a su trabajo, ese día sus manos estaban ocupadas haciendo maletas y guardando documentos con mucho cuidado.
¿Cómo había llegado a ese punto nuevamente?
Una semana atrás el joven de cabellos azabache recibió una llamada bastante urgente, el secretario de su padre había intentado contactarlo anteriormente pero el muchacho siempre se rehusó a responder. Cada vez que su padre quería arruinarle más la vida enviaba a su mensajero de confianza para darle un tono más cruel a la noticia, y el omega estaba harto de ser la marioneta del mayor.
Por días siguió negándose a responder cada llamada insistente que el trabajador le hacía, ordenándole a su secretaria que tampoco se atreviera a contestar o a intentar pasarle un mensaje de aquel número; tenía mucho en lo que pensar y de lo que ocuparse, no estaba dispuesto a entrar al juego del alfa una vez más.
Había pasado tanto tiempo y estaba tan distante que los deseos de su padre en cierto punto dejaron de importar; después de todo, ahora no tenía nada o nadie con qué amenazarle.
Gemini había continuado sus estudios y por mandato de su progenitor, se había hecho cargo de una pequeña empresa que el hombre mantenía en aquel país. Hasta ese punto, el omega creía que lo único que había heredado de aquel alfa era la habilidad para los negocios, pues en poco tiempo el chiquillo se las arregló para elevar las ganancias, volviendo de la modesta empresa una cadena de tiendas que a la fecha era bastante codiciada y demandaba un gran consumo por clientes locales y extranjeros.
El menor sabía que el apellido de su familia había contribuido a aquello, pero en el fondo estaba claro que el mérito realmente se lo llevaban sus noches de desvelo y los dolores de cabeza infernales que tuvo mientras buscaba crear el plan comercial perfecto y una buena campaña publicitaria.
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ETERNALLY YOURS
FanfictionLas almas gemelas están destinadas a estar juntas incluso cuando son condenadas a la separación. Años después de que Gemini tomara la decisión de dejar a Fourth, a su familia y el país que le había visto nacer, recibe la noticia de que algo no anda...
