Sheyla

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                                                     Solo faltaban diez minutos para llegar. Estaba emocionada, sí, pero no lo iba a reconocer en voz alta. Al menos nunca delante de Steve, mi hermano mayor. No se porque pero siempre que me emocionaba por alguna cosa me ponía alguna cara de asco o me decía que no era para tanto, así que simplemente dejé de hacerlo.

-Qué, ¿nerviosa por empezar en el nuevo instituto?-Me preguntó.

-¿Nerviosa? ¿Yo? ¡Que va! Apenas me importa demasiado, la verdad solo voy allí a estudiar.-Mentí, como solía hacerlo a menudo con él. Nuestra relación nunca fue mala, es más, nos llevábamos bien, pero éramos muy distantes. Nunca profundizábamos nuestras conversaciones, solo hablábamos de como iban las notas, que tal había ido el día y poco más. 

-Sheyla, de verdad, estudia mucho, ¿eh? - Me dijo. ¡Como si no fuera a hacerlo! - Déjate de "novietes"  y atiende en clase, no queremos que acabes de vagabunda en las calles de Barcelona.

- Steve, déjame en paz, ¿quieres? No me voy a Barcelona a ligar, sino a estudiar, como ya he dicho, y para que mi futuro no sea en las calles de Barcelona como vagabunda, como tú dices. - Le dije con cara de pocos amigos.

- ¡Mira! ¡Tu nuevo superinstituto !

Ignoré el hecho de que llamara 'super' al instituto que tenía delante de mis narices. No tenía nada que ver con el que yo iba. El de Manhattan era enorme, con la fachada blanca, techos azules y con forma de trapecio, grandes ventanales que daban al patio... La verdad es que no tenían nada que ver. Este, en cambio, tenía las paredes pintadas de muchos colores, con dibujos supongo que hecho por niños pequeños, unas pequeñas ventanas que daban a lo que supuse que serían las aulas, un techo recto de un color marrón que no quise saber porque era así ...

- No te gusta, ¿verdad? - Me soltó Steve.

- Sí... Bueno, supongo que por dentro será más bonito. - Le dije. - La verdad es que le tenía unas expectativas muy altas a este colegio...

Steve se acercó levemente, a la vez que fruncía un poco el ceño.

- ¿Entramos ya? - Dije para cortar ese silencio que había entre los dos.

-Claro.

Entramos y lo primero en lo que me fijé es en que no había taquillas. ¡¿No había taquillas!? Y, ¿Dónde se supone que iba a guardar mis libros? ¿Dónde iba a colgar fotos de mi grupo de amigas? ¿Dónde iba a colgar carteles de Justin Bieber? ¿ O de Sabrina Carpenter? ¿O de Ariana Grande? Estaba entrando en pánico justo cuando una voz masculina se dirigía hacia mí.

- ¡Hola! Sheyla, ¿verdad? - Me preguntó un hombre de unos cincuenta años, que debería ser el director del centro.

- Hola... Sí, esa soy yo. - Le contesté con vergüenza, tan bajito que creo que ni lo escuchó.

- Hola. Yo soy su hermano Steve, la he traído hasta aquí. Como nuestros padres no han podido venir, y yo soy mayor de edad, me han encargado que firme yo lo que tenga que firmar. - Dijo el idiota de mi hermano, siempre presumiendo de que ya tiene veintiuno y que puede beber y conducir. 

- Oh, por supuesto, hola Steve, yo soy Joan, el director del instituto. -Dijo Joan, intentando parecer lo más amable posible.- Ahora vendrá Roser, la conserje y os hará un tour por el centro. 

-Joan y Roser... Nunca había oído esos nombres. - Añadió Steve.

- Steve, estamos en otro país, donde se habla otro idioma y estos nombres, por muy raros que parezcan, estoy seguro de que aquí son muy comunes. Ok? - Le contesté enfadada ante su ignorancia.

- Ok, Sheyla, Ok...

- Bueno... Si no os importa, yo tengo que hacer unas gestiones, así que os dejo con Roser. - Lo interrumpió Joan, para luego decirle a alguien en un idioma que ni Steve ni yo entendimos: 

- Roser! Vine, que estàn aquí la Sheyla i l'Steve que volen veure l'institut, fes-lis un tour d'aquests! (¡Roser! Ven, que están aquí Sheyla y Steve que quieren ver el instituto, ¡hazles un tour de esos!) - poco después apareció la tal Roser, una mujer mayor, con el pelo un poco canoso y corto a la altura de los hombros, con arruguitas en la cara de la edad y vestida con un sencillo vestido blanco con rayas rosa palo. No era muy alta, debería medir uno cincuenta como máximo.

- Hola, soy la Roser. Venid, que os enseño el instituto. - Se presentó.

El instituto era sencillo, con unas aulas pequeñas pero bonitas, ¡Sin taquillas! pero con unas paredes adornadas por murales, folletos informativos, horarios, actividades... La verdad es que son muy creativos en este colegio. En mi antiguo instituto todo estaba repleto de taquillas de color gris plateado, y donde no había una taquilla, había un corcho con las notas de todos, y si suspendías eras la burla de todos.


Nunca digas nuncaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora