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Entrelazó sus dedos con los de su pareja, caminando por la calle vacía con un sentimiento de tristeza inundando sus cuerpos, la nostalgia los envolvía silenciosamente mientras sus cuerpos se perdían entre la oscuridad del camino.

No se dirigían la palabra, porque eso sólo los haría caer más en su juego, un juego que los está alejando de los demás y los consume cada segundo que pasa.

Están perdidos en su propio mundo, dejando de lado a las personas que los rodean. Todos saben que no está bien, que su juego se está convirtiendo en una obsesión. Ninguno se daba la oportunidad de conocer nuevas personas, alguien con quien disfrutar su juventud, preferían engañar a todos dejando ver su relación como algo soñado para todos.

Respiran pesadamente cuando entran a casa, liberándose de todo el estrés y sus obligaciones. No dicen nada, no hay miradas, suben a sus habitaciones y se distancian entre ellos.

Felix teme que algo más pase, que su relación sea algo agresivo, quiere salir de ahí y dejar todo atrás pero es algo que cada día se vuelve más difícil e imposible.

Se inclina hacía adelante para desatar las agujetas de sus tenis, en completo silencio escucha la voz de su pareja llamándolo, como en un eco y no logra entender completamente lo que dice.

Levanta la vista, y desecho de sus tenis se levanta de la cama, sale de la habitación en busca de la voz que lo llamaba, no con desespero, era un tono de voz que detonaba enojo. Su nerviosismo aumenta cuando lo mira en un esquina del pasillo, con una expresión de enojo, sus brazos se mantienen cruzados en todo el tiempo que le quedó viendo.

Se acercó a pasos lentos, sus respiraciones y pisadas eran los únicos sonidos dentro de casa, Felix respira hondo, se queda parado esperando la llegada de su pareja con calma.

Se quedó parado, mirando sus ojos claros, con expresión seria y sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Entonces un golpe resuena por el pasillo en un eco ruidoso, los sollozos de Felix no se hacen esperar mientras soba su mejilla y lo mira con confusión.

-No quiero que hables con nadie más, ¿entendido? - Felix no se movió, lo veía con temor en su mirada, por su rostro caían infinidad de lágrimas y sin ser capaz de responder asiente, temiendo lo peor.

- No te quiero cerca de ese chico. - Terminó, tomando camino a su habitación con serenidad, sin importarle los sentimientos de la persona que decía amar.

Felix, en medio del pasillo ahogaba su llanto con miles de preguntas rondando por su cabeza, busca la manera de arreglar las cosas. Como si de su vida dependiera estar con esa persona, era un juego al que los dos estaban amarrados pero el más afectado era él, su mente se deteriora sin ser capaz de parar.

Un amor que lo está matando lentamente y del cuál no es capaz de escapar.

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