Capitulo I

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El día estaba nublado, la brisa era fresca y la neblina se asomaba desde lo más profundo de los árboles, un camión de mudanza seguía a un automóvil plateado por una ruta montañera hacia una gran casa de apartamentos llamados el Palacio Rosa, al llegar los individuos de la mudanza bajaron los muebles y pertenecías de la familia, no sin antes pedir algo de propina al terminar, para mala suerte solo recibieron un dólar y uno muy maltratado.

El pequeño hijo azabache  de aquella familia salió de su nuevo hogar a dar una simple vuelta con un impermeable amarillo que le llegaba por debajo de sus rodillas y con la esperanza de encontrar un viejo poso en el camino, dando pequeños brincos por la acera se topo con un árbol del cual arranco una pequeña ramita, y como si está tuviera magia dejo que lo guiará por cualquier lado, pasando por un gran jardín lleno de plantas marchitas, hasta llegar a un pequeño sendero donde escucho como unas pequeñas rocas caían.

—. Hola, quien anda ahí — al no escuchar nada decidió lanzar una piedra.

Escuchando un ruido estrepitosamente horrible lo que lo hizo correr hasta llegar a un lugar que le provocó escalofríos, se detuvo de nuevo al escuchar de nuevo el ruido.

—. Casi me matas del susto animal sarnoso — el azabache giro su cabeza para ver al dichoso animal (gato) siendo solo imitado por este —. Estoy buscando un pozo antiguo, lo conoces.

Era obvio que no recibiría una respuesta, sacudió su cabeza y cerro sus ojos de nuevo.

—. Varita de Saori, varita de Saori. Muéstrame el pozo.

De repente un relámpago se escuchó cerca del lugar, acompañado de él ruido estrepitoso de una bocina la cual espanto al joven quien en un intento de defensa cayó al fango, ensuciando su impermeable amarillo, el individuo que montaba una bicicleta dio varias vueltas alrededor de él azabache hasta quitarle de las manos la varita que tenía.

El azabache aún confundido y asustado vio como la persona se quitaba la máscara ante él, revelando una cabellera rosada.

—. No me digas — dijo el pelirosa con una sonrisa mientras le ofrecía su mano al contrario para levantarse, siendo aceptada pero no de manera inmediata —. Vienes de Texas, clima árido y seco, verdad.

Mientras el pelirosa habla sin parar, el azabache se confundía cada vez más.

—. Había oído del rastreo de agua — dijo mirando la varita que tenía en sus manos —. No suena muy lógico verdad. Hablo de que esto es solo una vara.

—. Es una varita de Saori — el azabache molesto le arrebato al pelirosa de sus manos la varita —. Y no me gusta ser espiado ni por tontos ni sus gatos — inclino su cabeza un poco solo para ver cómo el gato la imitaba.

—. En realidad no es mi gato — dijo en su defensa —. El es silvestre, casi salvaje. Claro que lo alimento siempre y va a mi casa en las noches a traerme a las criaturas salvajes que caza — declaró con sarcasmo y una sonrisa.

—. Escúchame bien. Soy de Pontiac.

—. Eh?

—. Míchigan — dijo abriendo sus brazos y alzando una ceja —. Y si fuera un hechicero Saori, donde está el poso — dijo dando un gran pisotón.

—. Si pisas más fuerte caerás sobre el — el pelirosa señalo el lugar debajo del azabache haciendo que retrocediera sorprendido.

El pelirosa quitó algo del fango que había por ahí dejando al descubierto el dichoso pozo, total, tenía unos guantes por lo que no le molestaba ensuciarse, y con ayuda de una rama quitó sin ningún problema las tablas de madera que cubrían el pozo.

Megumi Y La Puerta SecretaWhere stories live. Discover now