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Cuando cierro los ojos, puedo verte caminar, como una silueta que se mueve con gracia en mis recuerdos. Pienso en cómo tus ojos recorrieron el lugar aquella vez, buscando un sitio que te perteneciera. Y, entre todo lo que sucedía a nuestro alrededor, recuerdo con precisión cómo nuestras miradas se encontraron, no una, sino varias veces, como si el destino insistiera en unirnos por un instante. 

Dicen que cuando dos miradas se cruzan más de una vez, algo especial sucede, que hay una atracción silenciosa que las une. En nuestro caso, tal vez no sea eso, pero en lo más profundo de mi ser, deseo que lo sea. Deseo que cada cruce de miradas, cada destello fugaz que me regalas con tus ojos, sea más que una casualidad. Que esa pequeña sonrisa que acompaña tu mirada no sea un simple gesto, sino un eco de algo que compartimos sin saberlo. 

Sigue regalándome esas miradas, por favor. Tus ojos son los más hermosos que he tenido la dicha de contemplar, y tu sonrisa... tu sonrisa es la más perfecta que podría imaginar. En ella podría perderme una y otra vez, sin querer regresar jamás.

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