Prólogo

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En una enorme desolacion en la que no hay absolutamente nada más que arena, piedras y muerte, una llanura interminable y cruel, olvidada completamente por la vida, sin rastro de vegetación, ni siquiera una bola de alfalfa a pesar de que si habían viento, aveces tranquilo, aveces tan agresivo que alzaba grandes tormentas, nada, ni siquiera en el desierto más temible y seco se encontraban unas condiciones tan difíciles.
Hacia el norte no había nada, solo se podía ver un vacío interminable en el que nadie querría aventurarse, entre más lejos trataba de ver el paisaje se difuminaba más y más,  por lo lejos y por el calor que se desprendía del suelo, especialmente en ese momento con el sol abrazador de medio día;  esta estrella brillante lo estaba matando, poco a poco se quedaba con su fuerza destruía su carne, pero también era su única compañía y apoyo, su esperanza para no vagar sin rumbo ya que era una brújula y con él podría seguir la misma dirección, la que eligió.

El sur, tomar la decisión no le fue nada fácil, en esa dirección igual no se veía nada por las mismas condiciones que al lado contrario, tampoco algún lugar para llegar, lo que lo convenció fue una inmensa oscuridad que se levantaba sobre la gran pared de arena. No tenía idea de la distancia o de cuantos días tendría que caminar para llegar a ese lugar pero fue la única señal distinta ya que al oeste y este solo podía ver lo mismo que hacia el norte.
Asi fue como lo supo cuando despertó, pensó que esa oscuridad podría significar algo, lluvia tal vez, y si hay lluvia también habrá vida, podrían haber muchas más razones pero poco le importaría por ahora, su unico miedo era llegar a ese lugar y no encontrar nada porque esa misma sombra podría hacerle perder la guía del sol, dependiendo de su densidad.
Durante diez días completos nada había cambiado, el sol estaba cansado y se dejaba caer con una tranquilidad inperturbable al oeste, podía calcular qué debían ser las tres o cuatro de la tarde. Todo ese tiempo había caminado sin parar y poco a poco estaba quedando sin energía, también estaba muy deshidratado y cuando despertó en ese horrible infierno no tenía nada más que sus ropas, estaba descalzo y a unos pocos metros de él había una botella de agua a medio llenar y caliente por el sol.
Alguien lo dejó ahí, sin unas botas o zapatos para proteger sus pies, ¿y aun así se preocuparon por darle algo de agua?, estaba seguro de que esto era una burla o una asquerosa y despiadada forma de torturarlo porque ya la había bebido e incluso alguna vez orinó en la botella y volvió a beber, claramente eso fue antes porque ahora estaba tan deshidratado que no podría orinar aunque quisiera.
Este hombre no era como cualquiera, eso era muy evidente, solo una bestia o un inmortal podría soportar ese extremo castigo por tanto tiempo pero ya necesitaba llegar a algún lugar, era lo que pasaba por su cabeza; si lograba sobrevivir a esto se tomaría su tiempo para pensar en como llegó ahí y quien fue el responsable.

El tiempo seguía pasando y cada vez se le hacía más difícil llevar una cuenta, creía recordar al sol salir y ocultarse al menos unas tres veces más. Su cuerpo le estaba implorando clemencia, algo le gritaba en su interior, —Déjate caer, es suficiente, solo duerme y abandona esta batalla perdida—.
Sus pies y sus articulaciones le dolían de tanto caminar cargando su peso, por esto ni siquiera podía darle importancia a las enormes y feas heridas que llevaba en las plantas de sus pies. Había recorrido mucho descalzo y deshidratado, no podía evitar sentir que se estaba castigando demasiado pero temía que se se llegaba a detener corría riesgo de perder el conocimiento y no volver a despertar jamás.

El tiempo avanza y no se detiene por eso él tampoco podría hacerlo, pasaron unos días más y de vez en cuando sus pensamientos eran muy confusos y comenzaba a dudar de si iría por la dirección correcta así que debía detenerse un rato y analizarce a si mismo, tomaba aire y exhalaba para aclarar su mente, algunas veces sus huellas le ayudaban pero otras se habían borrado muy rápido por los fuertes vientos y le tocaba mirar la ubicación del sol y meditar durante un tiempo,              —¿cuantas horas ha abrasado mi piel este día?— eso era una sensación que sin duda no olvidaría, le ayudaba a saber la hora y por relación, le ayudaba a saber las direcciones; no siempre podía ver la sombra del sur por las nubes de arena qué se alzaban casi todo el día.

El odio se hacía cada vez más fuerte, el hambre, la sed, dolor y cansancio, unido al miedo y la desesperanza, entre más sufría eran eran más grandes sus ganas de vivir y salir de ahí, se hacía más fuerte su deseo de recuperarse y encontrar al responsable de imponerle ese castigo.
El no recordaba nada reciente o que pudiera ser importante en su vida, ni su nombre o quien era, así como de qué lugar provenía, definitivamente no sabia porqué estaba ahí ni a qué o quienes habrá hecho enojar tanto como para que le hayan impuesto esa odisea maldita, sabía bien que si lo hubiesen querido matar, lo más lógico tuvo que ser elegir unas de las miles de formas más fáciles y rápidas de asesinar a una persona,     no,    esta fue una sentencia mucho más cruel, —vive, sufre y desespera hasta tu último aliento, al final morirás en la peor miseria —.
Se pasaba los días caminando y pensando, — ¿porqué? — , al no tener memoria no lo sabía, pero, ¿acaso sería un criminal o un monstruo que merezca esto? Alguien bueno no pasa por tal desdicha, al menos que sea alguien demasiado bueno, pero dudaba de si realmente el podría ser alguien así. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en supuestos crímenes qué pudo haber cometido, aunque eso no sería nada en comparación a los crímenes que pretendía llevar a cabo de contra de quien o quienes hayan sido los que tomaron el papel de su verdugo, arrojandole ahí.
Varios días más,  ya no sabía cuanto tiempo hacía desde que despertó, y no recordaba la última vez que comió o bebió algo, sus descansos eran demasiado breves, principalmente en la noche y lo hacía de pie ya que no podía correr riesgos, cuando el agotamiento era insostenible lo hacía sentado, con los pies estirados, la espalda inclinada levemente hacia atrás y los brazos puestos como apoyo, justo ahí en el suelo colocaba una roca grande e incomoda para dormir poco, al comenzar a caer en un sueño profundo sus brazos flaquearian y caería de espaldas sobre esa punta rocosa encargada de despertarlo nuevamente y evitarle un sueño indefinido; con una punzada en sus costillas o el homoplato, esto parece un método muy extraño pero era la única forma en la que se aseguraba de despertar.
Cada vez era más difícil tener esperanza ya que a lo lejos, en la oscuridad y en los días más despejados, a miles costos lograba distinguir alguna forma distinta a las dunas de arena o peñascos, no estaba seguro si era algo bueno siquiera, aun no podía decir que era una montaña pero era la única diferencia del paisaje, podía ser su salvación o su perdición, si es que lograba llegar, ya que la posibilidad era nula; Aun así caminar era mejor opción que no hacer nada y morir, ahí se llegaría a podrir enterrado en la arena , no había ni un buitre que lo acompañe aunque sea por beneficio propio, para deborarlo después de su muerte, definitivamente seguiría caminando, y en realidad era mejor para el no saber cuando distancia lo separaba de su supuesto destino, podían ser cientos o miles de kilómetros.
De pronto el hombre se quedó quieto, el sudor bajaba por su frente, en cualquier otro momento esto no tendría relevancia, pero  en sus condiciones actuales no podía darse el lujo de ser selectivo, miraba fijamente al frente, sin moverse, incluso trataba de disminuir su respiración agitada, se quitó la camisa y la acomodó alrededor de su mano para protegerse, si cometía un error podría ser fatal, tomó una bocanada de aire y exhalo, respiró profundamente y se abalanzó directamente hacia sus presas y con un manotazo fuerte y desesperado pudo golpear y atrapar a uno de los dos escorpiones que estaban peleándose los restos de un ciempiés grande, el otro huyó y a los pocos segundos desapareció en la arena.

EN EL FIN: Fuego Y Espinas Where stories live. Discover now