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Capitulo 1

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Cronología: Esto sucede una semana después de los últimos hechos en el primer libro.
Aviso: El nombre del personaje escrito en negrita al principio de los capítulos indica quien narra/su punto de vista.

Bienvenidos y disfruten la lectura.

Dominica

Luego de lo que pasó en esa terrible noche en la mansión, con mi supuesto tío perdido, con el tiroteo, Miqueas, el viejo Drammer y sus hijas, me detuvieron y me llevaron a una celda. Fue horrible esperar mi juicio sin tener a nadie a quien llamar y con la certeza de que me esperaban largos años en prisión.
El día de mi juicio, bien temprano por la mañana, un hombre de traje, alto y con el cabello castaño me visitó.
Yo estaba recostada en el banco cuando el oficial llegó, rápidamente me senté.
—¿Dominica Imhoff? —preguntó con una pequeña sonrisa de lado.
Fruncí el ceño, crucé los brazos y aclaré —Si, soy yo. ¿Lo conozco?
—Soy Ángel Tanner, tu abogado defensor.
De pronto el oficial de policía se acercó con unas llaves en mano y abrió la celda. El tipo me acercó una bolsa de papel y aclaró —Toma, es ropa, para tu audiencia.
—Yo… no pedí ningún abogado —.dije pensativa. «¿Por qué su nombre suena familiar?»
—Tranquila, el estado  me asignó el caso.
Estaba muy confundida «¿la corte podía hacer eso sin mi consentimiento?»
—Una oficial te acompañara a una habitación para que te cambies, luego te llevará a una sala apartada para hablar conmigo. Solo si tu quieres —su voz me sonaba muy amablemente, pero aún mantenía la distancia, no estaba segura de si debía creerle. Dejó la bolsa en el piso y se retiró. La oficial llegó y me esperó impaciente.

Me vi acorralada. «¿Y si me meto en problemas otra vez? Aunque… ya estaba en una celda, ¿Qué más me podría pasar? No tengo nada que perder. A la mierda.»

Caminé dos pasos y tomé la bolsa, salí de la celda y la oficial me agarró del brazo y me llevó hasta un baño, este estaba apartado y parecía que las personas no lo usaban con frecuencia. Tuve que cambiarme frente a la mujer, fue muy incómodo, en la bolsa había pantalones azules de vestir, camisa blanca, zapatos y una toalla. Me vestí, me lavé la cara y luego acomodé un poco mi despeinado cabello.
La mujer me esposó las manos y me llevó a una sala dónde había una mesa en el centro, dos sillas y en una de ellas estaba esperando el hombre, el tal abogado.
—Oh,  que bien, la ropa te quedó. No te conocía, debía adivinar tu talla, mi sirvienta fue a comprar la ropa —.comentó  al verme, se acomodó derecho en la silla y acomodo su corbata roja.
La oficial se fue. Me acerqué y me senté frente a él —No necesito que me defiendas.
—Está casi todo hecho, tu solo tienes que decirle al juez, si es que te lo pregunta, que estabas en la casa para trabajar de mesera en la fiesta —sugiere comprensivo, se puso unas ridículas gafas negras y comenzó a leer unos papeles.
—Pero eso no fue lo que pasó —dije y de pronto todas y una de las situaciones de aquella noche llegaron a mi mente.
—Se lo que pasó, Dominica. Pero si dices la verdad, te darán de siete a diez años de prisión.
Reí —Pues me lo merezco.
—Eso no es lo que dijeron los de la Datrax, los Drammer y claro los empleados de la mansión, apuesto a que les pagaron para no dijeran la verdad.
—¿De qué hablas?

Dejó los papeles a un lado y me miró a los ojos —Los de la pandilla jamás se culpan entre ellos. Y esa mujer…Liso y su padre dijeron que tu ayudaste a  que escaparan.
«Bueno, es lo que pasó, pero hay un contexto detrás…»pensé.
Las dudas me invadieron y debía preguntar —¿Y Bella Drammer?
—La hermana menor… Ella decidió no dar testimonio, tampoco levantó cargos. Creo que dos días después de lo que pasó, ella salió de la ciudad.
«Mi Bella, se ha ido y no pude explicarle realmente lo que pasó. Espero al menos que su padre o su hermana le comente de mis acciones.» pensaba con angustia, realmente me dolía el pecho pensar en que ella se fue tal vez por mi culpa.
El celular del tipo sonó, lo atendió, dijo unas palabras y cortó de inmediato —Tu audiencia, es en media hora. Te daré unas indicaciones para cuando estés ahí. ¿Esta lista, Dominica?
Suspiré —Lista.
Me llevaron en la patrulla hasta el juzgado, el juicio empezó, en la sala no habían muchas personas, relate lo que ordenó el abogado y el juez dictaminó —Como no hay cargos contra la señorita Imhoff, la declaró inocente y le concedo la libertad.
Mi rostro se llenó de felicidad, un oficial se acercó a mí y me quitó las esposas, por fin libre estreché la mano del abogado que estuvo conmigo en todo momento. Salimos de la sala y luego al estacionamiento —Ven, te llevaré a tu casa —sugirió el.
—Cómo cree, ya ha hecho mucho por mi señor Tanner.
Soltó una risita —Por favor, llámame Ángel.
—Bueno, coincido, ha sido como un ángel.
Sonrió —Insisto, además, esto aún no termina —levantó la manga de su saco y mostró que en su brazo estaba tatuado, marcado por la Datrax.
—205, eres de la Datrax —aclaré entre dientes.
—Shhhh. Alguien te puede oír —dijo mirando hacia los lados —Sube al auto Dominica, te lo explicaré en el camino.

—Me mentiste, nadie te asignó el caso, te mandaron lo de la pandilla. ¿Cómo puedo confiar en ti?
—Por ahora, soy la única persona que tienes para ayudarte.
—Ándate a la mierda —articulé enojada, le di la espalda y comencé a caminar a la salida.
«Lo que me faltaba, que los de la pandilla tengan a su propio abogado… espera, Domi, ¿Por que yo fui la única en salir y los demás los condenaron a prisión? Tal vez, si Malcon le pago a este hombre para ayudarme en la audiencia…  las veces que le pedía a Miqueas que cuidara de mi… le disparó a un miembro de la pandilla por haberme disparado… y ambos teníamos el mismo odio hacia Víctor… ¿Él era realmente mi tío?» Tenía un debate mental mientras caminaba. Luego de un rato dejé atrás esas dudas y empecé a disfrutar la caminata.
Cuando el sol del mediodía tocó mi piel, me sentí libre,  llené mis pulmones de aire fresco y felicidad, mi mente de actividades que hacer y mi corazón de esperanza y nuevas oportunidades.
Giré una sola vez para asegurarme de que el tal Ángel no me siguiera, luego caminé segura de mí misma por las calles de mi ciudad.
Pase por el centro, cerca de la gran pastelería donde alguna vez trabajaba mi madre. La pastelería de Lena se llama el lugar. Me traía recuerdos de cuando yo salía de la escuela y debía esperarla sentada en un pasillo cerca de la cocina, era genial porque comía delicias como pastelillos, panes dulces o porciones de tortas con chocolate.
Seguí caminando, obviamente se me antojaba un pan dulce y como instinto toque el bolsillo de mi pantalón, recordé que tenía dinero guardado en mi casa y apuré el paso para llegar pronto.
Voy por detrás de los edificios para ahorrar tiempo, unos vagabundos que estaban sentados en el suelo del callejón se ponen de pie y caminan tras de mí. Balbuceaban cosas como “Te acompañamos?”, “Que nena bonita” y “No tan rápido”
Sentí sus pasos cerca de los míos, me llené de rabia y me di vuelta de golpe, los asquerosos hombres se sorprendieron y rieron ante mi valentía. —¿Quieres compañía? —preguntó uno.
—Les conviene que me dejen en paz.
—Una chica ruda —río otro, trato de tocar mi hombro.

Lo golpeé en el brazo y se separó. Eso lo hizo enojar, trató de darme unos golpes con su puño, pero los esquive fácilmente. El otro hombre me agarró los brazos por detrás, era fuerte y carajo que olían mal. Rieron, uno trató de acercarse, pero levente mis piernas y lo patee en el pecho haciendo que caiga al piso lejos de mi. Le pise el pie al que me tenía y luego hice la cabeza hacia atrás con fuerza y le di un cabezazo. Me soltó y me sentí mareada por un momento, pierdo el equilibrio y me caigo. De pronto, una persona se acerca, me estaba ayudando a lidiar con los vagabundos, peleaba con ellos y los ahuyentó. Se acerca a mí y lo veo con más claridad, era Ángel, después de todo si me estaba siguiendo.
Me ayuda a parar, sentía mis ojos pesados y mis pies no me respondían, cierro los ojos, de repente tenía mucho sueño.
Despierto, abrí los ojos, estaba en un auto —Que bueno que despertaste, temí que algo malo te pasara—.dijo Ángel mientras conducía.
Me puse derecha —¿Cómo me deshago de ti?
—No podrás.
De pronto el auto se detiene, bajamos, estaba en el lado sur de la ciudad, pues se podía escuchar el mar y sentir el fuerte viento. Ángel señaló una casa, una gran y lujosa mansión para ser exactos —Vivirás aquí.
Reí —Tengo una casa, gracias.
—Tu tío me pidió que te cuide, no puedo cuidarte si estás en aquel barrio. Además ahora, se sabe en las calles que eres la sobrina de Ortega. Podrían buscarte y hacerte daño por venganza o darle un mensaje a la Datrax.
El tipo, que aún tenía esas ridículas gafas, tal vez tenía razón, pero… ¿quién era Zero para mandarme?
—Tengo planes; no puedo vivir encerrada por miedo, por ejemplo.
—Vivirás aquí mientras retomas tus estudios, la universidad de ciencias económicas está cerca de aquí y no debes preocuparte por trabajar… nada te va a faltar.
—Es un año de estudio.
—Lo sé. Un año, luego consigues un buen trabajo y te dejaremos.
—“dejaremos”??
—Tu tío y yo. Él solo quiere que tengas un buen futuro.
—¿Ahora quiere eso? Hace unos meses quería que trabaje robando en las calles. Hace una semana descubrí que él era mi familiar, así que entenderás que no puedo confiar mucho en él.
«y mucho menos en ti» pensé.
—Eso es un tema de familia, no me meteré. Pero piénsalo bien, de verdad podrías estar en peligro. La gente que odia a Malcon ahora sabe de tu existencia.

Pensé, pensé, pensé y suspiré.
Sería bueno, un comienzo para mi, a partir de ahora sólo debo concentrarme en mi y en nadie más.  —Como sea —dije caminando a la entrada de la casa.

Señorita Imhoff (2) | GLStories to obsess over. Discover now