Vale acaba de graduarse de la academia de la OMAE, pero su padre le prohíbe ser una Splitter profesional. Es por esto que regresa al viejo pueblo de Anima, donde se reencuentra con su extraño tío Kuren y lo asiste en resolver un caso paranormal. Sin...
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CAPITULO 1 - "El Peor día de mi vida"
¡Pero qué demonios! — Gritó Vale mientras lanzaba una patada a una máquina expendedora de gaseosas con impotencia — ¡No puedo creerlo! ¡Se ha tragado otro billete!
Eran ya las nueve de la noche, hacía un frío despiadado y la joven se encontraba frente al minimercado de una estación de servicio de mala muerte ubicada a pocos kilómetros del pueblo de Anima. Tenía el cabello teñido de rosa brillante, vestía una chaqueta de cuero negro, una camiseta con la inscripción "I LIKE DEAD PEOPLE" y una falda escocesa de cuadros rojos y negros. Obviamente, no era la indumentaria más adecuada para esa época del año, pero, como es bien sabido, la juventud a veces sufre en el nombre de la moda.
¡Maldita sea! ¡Eres una maldita basura! — Exclamó, golpeando repetidamente a la maltrecha máquina mientras un cartel de neón rojo, que anunciaba "Abierto las 24 hs", recortaba su figura en el medio de la oscuridad de la noche.
¡Vamos, vamos! — Repitió mientras la zarandeaba como si fuera una lavadora esperando que su Pepsi Light finalmente emergiera... Sin embargo, la expendedora permaneció inerte, y después de unos minutos de esfuerzo, la chica se rindió exhausta, con una gran y profunda resignación.
Hubo, de repente, un silencio incómodo.
Este es... — Suspiró — ¡El peor día de mi vida! - exclamó lanzando un último golpe al armatoste que resonó como la explosión de una bomba en la quietud del lugar.
Vale finalmente abrió la puerta del minimercado y echó una mirada furiosa al hombre robusto y calvo que estaba tras el mostrador con su vista puesta en la sección deportiva del periódico.
— ¡Oye! ¡La estúpida máquina de afuera no funciona! ¡¿Puedes hacer algo?!
El hombre, que vestía con una camiseta de fútbol de manga larga y gorra, bajó el diario y la observó con desinterés, sin decir palabra.
— ¡Eh! ¡Despierta, amigo! ¡Quiero mi dinero de vuelta! ¡Ahora! - Gritó Vale con una frustración palpable.
El hombre frunció el seño y por fin emitió palabra:
— Hay un cartel...
— ¿Qué? - Respondió Vale atónita.
— Hay un cartel pegado al costado de la máquina que dice que no funciona...
— No vi ningún cartel... Y si existiera, debería estar en el frente de la máquina, ¡No en el costado! ¡Qué absurdo! ¡¿Es una broma?!
— Si no sabes leer, no es mi problema... pendeja.
Vale apretó los dientes, su irritación estaba llegando a límites insospechados.
— ¿Qué dijiste? — Retrucó ella con un tono amenazador, dando un paso hacia el interior del minimercado.
— Digo que no pienso devolverte el dinero. No es mi culpa que no hayas leído el cartel... — Respondió el empleado, volviendo a posar sus ojos en la tabla de posiciones del campeonato local.
Vale se acercó al mostrador como un relámpago y apoyó su mano sobre el periódico, arrugándolo por completo.
— ¡Devuélveme mi dinero! ¡Ahora! - Exigió con voz aguda, causando que el hombre se sobresaltara.
— ¡Ey! ¿Estás loca? — Exclamó el empleado — ¡¿Quieres que llame a la policía?!
— ¡¿A la policía?! — Vale apretó la garganta del hombre con fuerza casi sobrehumana — ¡Vas a desear haber llamado a la policía!
La piel del hombre comenzó a tornarse de color purpura. Sus ojos hinchados parecían que iban a salirse disparados como misiles.
— ¡Ahgh! ¡Detente...! — El hombre luchaba por conseguir oxígeno, sus palabras se entrecortaban — ¡Detente...! ¡No puedo... respirar!
Vale estaba fuera de sí, la situación, por alguna razón, la había sobrepasado.
— ¡Te voy a...! — De repente, un flash de luz amarilla iluminó su rostro y la saco de su estado furia por un segundo. Era un coche que se estacionaba justo en frente del minimercado.
Vale soltó al hombre de inmediato, quien la miró con horror. Su cuello tenia quemaduras en forma de huellas dactilares brotando humo.
Sin perder tiempo, Vale agarró un paquete de cigarrillos y un encendedor de un estante, y corrió hacia la puerta.
— ¡Con esto estamos a mano, idiota! — Dijo, dando un portazo que hizo vibrar todos los cristales del lugar.
Hubo una pausa.
El silencio retornó, siendo interrumpido únicamente por el soplo invernal del viento. Vale encendió un cigarrillo frente al minimercado y dio una calada profunda. Se sentía desorientada, pero por primera vez en muchos días, experimentó un pequeño momento de calma. Dio otra calada y caminó unos pasos hasta donde estaba estacionada su Vespa amarilla reluciente. Se sentó en el asiento de cuero, encendió el motor y dejó que el ronroneo de la motocicleta llenará el aire.
Se frotó las manos, intentando deshacerse del frío que la había invadido. Sacó el celular del bolsillo interno de su chaqueta y comenzó a deslizar los dedos por la pantalla.
Las redes sociales se abrieron y fotos de chicos de su edad sosteniendo diplomas llenaron su feed. Todos sonreían, sus rostros rebosaban alegría y satisfacción. Vale se detuvo en una imagen en particular y le hizo zoom al diploma. Eran estudiantes de la O.M.A.E. La "Organización Mundial Anti-Espectros", un lugar donde entrenan a "Splitters". Guerreros capaces de separar el alma de su cuerpo y usarla como arma de combate para proteger al mundo de los seres de la oscuridad.
Vale había soñado en convertirse en una Splitter profesional desde que era una niña, pero a pesar de que tenía todas las condiciones para serlo, la O.M.A.E le había dado la espalda.
— Maldita sea.... — Susurró Vale para sí misma, con profunda desilusión.
Una lágrima solitaria cayó sobre la pantalla del celular en respuesta a una mezcla de emociones que no podía contener. Luego golpeó el manubrio de su moto con frustración, guardó el teléfono en el bolsillo y, con un rugido del motor, arrancó su Vespa.
BRRNNNNN!!! — Salió disparada como una flecha que se perdió en la oscuridad de la noche.