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James estaba rodeado.

Oscuridad. Miedo. Soledad. Incertidumbre. Dolor. Frío. Hambre.

Lagrimas.

Estaba atrapado bajo un captor conocido por toda la población mágica: Los Mortifagos.

Había perdido la cuenta de los días desde que lo habían retenido. El dolor en su cuerpo aumentaba por momentos. El hambre, el frío y el duro suelo no ayudaban. Las heridas seguían sin cicatrizar mientras el olor enfermizo de la sangre invadía el lugar.

Cada vez estaba más débil.

Lloraba hasta quedarse dormido mientras poco a poco perdía la esperanza de vivir.

Solo le quedaba esperar con paciencia a su muerte, cada vez más clara.

Sus ojos pesados y llorosos se abrieron ante el exceso anormal de luz. Esta vez no era una lámpara. Era alguien.

Un chico de cabello negro deslumbraba ante el. Emitía una luz clara y débil que, junto a su piel casi transparente, parecía ser irreal. Se arrodilló ante él acercando su rostro con seriedad y observando.

James, aunque preso de la conmoción y el delirio de la fiebre, pudo reconocer ciertos rasgos que lo hicieron mascullar.

–¿Sirius?

Aquel pelinegro no era Sirius, pero compartía mucho con él.

Regulus sonrió con tristeza antes de negar con la cabeza.

–Más quisieras Potter.

James no pudo evitar sonreír al oír la voz del más joven.

–Te echaba de menos.

Regulus no contestó, acercó su mano al rostro de James y frunció un poco el ceño. Se puso derecho y caminó por la oscura habitación hacia un armario. Volvió con una manta oscura y polvorienta y arropo con sumo cuidado al hombre en el suelo. James se acurruco mientras sentía el calor de la tela. Era tal su desesperación que comenzó a llorar de nuevo.

No podía creer que Regulus estuviese ahí. Que lo ayudase. Que brillara tanto.

Cerró los ojos observando el brillo azulado que bordeaba al menor de los Black.

Más tarde, o al día siguiente, James era incapaz de saberlo, despertó al sentir el roce de algo en sus rodillas. Era Regulus de nuevo, frunció el ceño y movió las manos con determinación hacia las heridas que manchaban la camiseta de James. Pocos segundos después, Regulus se dejó caer, abatido de cansancio, sobre el suelo.

-¡Joder, no puedo!

Las lágrimas de frustración comenzaron a deslizarse por las mejillas de Regulus. Sentía rabia e impotencia. De verdad quería curarlo. James lo necesitaba. Necesitaba ser salvado.

James sintió un horrible dolor en el pecho al verlo llorar. Sonrió débilmente mientras lo miraba con tranquilidad.

–No pasa nada, Reggie. Estaré bien.

Regulus no había contestado.

Con el paso del tiempo, James comenzó a preguntarse qué le había pasado al menor de los Black. Había estado desaparecido por mucho tiempo y ahora... ¿Estaba cautivo como el? ¿Estaba traicionando a los Mortifagos? ¿Por qué no, mejor, iba a buscar ayuda? ¿Por qué no buscaba a Sirius?

Decidió preguntar poco a poco.

–¿Por qué no te vas? –Había preguntado cuando Regulus lo había despertado anunciando que había algo de comer.

☠Dead boys (Jegulus version)☠Stories to obsess over. Discover now