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Jaemin siempre había sido reservado, casi como si viviera en un mundo aparte. Trabajaba en un pequeño café a la orilla del mar, un lugar tranquilo y acogedor que reflejaba su propia personalidad. Sus ojos siempre miraban hacia el horizonte, como si estuviera esperando algo o a alguien. En las noches, cuando el sol se ocultaba y las estrellas brillaban, a menudo se perdía en sus pensamientos, soñando con una vida diferente.

Una noche, cuando la luna llena iluminaba las olas del mar, Jaemin estaba cerrando el café, limpiando las últimas mesas y preparando todo para el siguiente día. El tintineo de la campana en la puerta le hizo levantar la vista. Alguien había entrado, a pesar de que el letrero de "cerrado" ya estaba en su lugar.

—Lo siento, estamos cerrados —dijo Jaemin sin mirar directamente al recién llegado.

—Solo un momento. No tardaré —respondió una voz suave pero firme.

Jaemin finalmente levantó la cabeza y se encontró con los ojos oscuros y penetrantes de un hombre joven, su expresión era indescifrable. Era alto, con un físico atlético, y una presencia que llenaba la habitación. Llevaba una chaqueta de cuero negra y unos jeans ajustados que complementaban su figura.

—¿Qué deseas? —preguntó Jaemin, tratando de mantener la calma mientras su corazón latía con fuerza.

—¿Eres tú Jaemin? —preguntó el desconocido, inclinándose un poco hacia la barra.

Jaemin asintió, confundido. Nunca había visto a este hombre antes, pero su voz tenía un tono familiar, como si de alguna manera lo conociera.

—Soy Jeno —dijo el hombre, una pequeña sonrisa curvando sus labios—. Tenemos algo que discutir, y preferiría que fuera en privado.

Jaemin frunció el ceño. ¿Qué podría querer este desconocido de él? A pesar de su reticencia, algo en la mirada de Jeno lo intrigaba.

—Está bien. Solo dame un minuto —Jaemin terminó de limpiar la mesa y apagó las luces del café, dejando solo una pequeña lámpara encendida cerca de la barra.

Ambos se sentaron, uno frente al otro. Jeno mantuvo su mirada fija en Jaemin, haciéndolo sentir un poco incómodo.

—¿De qué quieres hablar? —preguntó Jaemin finalmente, rompiendo el silencio.

—Sobre un trabajo que hice para ti hace un tiempo —respondió Jeno, su voz ahora más seria.

Jaemin sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en la forma en que Jeno hablaba, como si supiera más de lo que decía.

—No entiendo de qué hablas —dijo Jaemin, tratando de mantener la compostura.

Jeno soltó una pequeña risa, sin humor.

—Lo entenderás pronto, Jaemin. Solo quiero asegurarme de que estés preparado para lo que viene —sus palabras eran crípticas, llenas de un significado oculto que Jaemin no podía descifrar.

Jaemin tragó saliva, nervioso. Había algo en este hombre que lo hacía sentir vulnerable, como si estuviera al borde de descubrir un secreto que había estado enterrado por mucho tiempo.

—No sé quién eres ni qué quieres, pero no tengo tiempo para juegos —dijo Jaemin, levantándose bruscamente de su asiento.

Jeno también se levantó, pero no se movió de su lugar. Sus ojos se encontraron de nuevo, y esta vez Jaemin vio algo más en la mirada de Jeno. Algo que lo asustó y lo atrajo al mismo tiempo.

—Este no es un juego, Jaemin. Y pronto, lo sabrás —dijo Jeno antes de salir del café, dejándolo solo con sus pensamientos y una sensación creciente de que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

sea of secrets. | nomin. Stories to obsess over. Discover now