Muy lejos en mis recuerdos se encontraba la última vez que decidí tomar unas vacaciones, y tengo claro que no fue por exceso de trabajo sino que por decisión personal, pues cada momento que tenía para estar en silencio y calmada se había vuelto una insoportable pesadilla. Los fines de semana no eran tanto problema, pues los colmaba de diligencias pendientes del hogar, que se acumulaban durante los días laborales, por razones obvias. Gastaba tanto tiempo ocupándome de los pendientes hogareños que se me hacía bastante fácil sobrellevar ese "tiempo libre". Vacaciones son palabras mayores. ¿Qué se supone que haga sin nada que hacer?, ¿practicar las auto-compasión?
Cuando Héctor ingresó a mi despacho con esa cara de pocos amigos que solo pone en las reuniones gerenciales, pensé que iban a despedirme por hacer horas extras en exceso. Ridículamente eso fue lo primero que se me pasó por la mente; francamente, lo que vino a continuación me sacó de mi sitio en más de un sentido. Fue absolutamente inusual, por decir lo menos.
- ¡No pueden obligarme! En primer lugar, ¿qué rayos voy a hacer yo con tanto tiempo libre?, tú sabes mejor que nadie que mi vida es el trabajo. - Caminaba de un lado a otro de la oficina, mientras Héctor me seguía con la mirada, imperturbable.
- Querida, la gente "normal" descansa en sus vacaciones, cosa que deberías practicar de vez en cuando. Eres la primera persona que conozco, en mi vida, a la que se ha tenido que obligar a descansar. Y tú sabes que conozco a mucha gente. Vengo de reunirme con Carlos, el Gerente de Recursos Humanos. - Me detuve para mirarle la cara, esperando que me diese una buena noticia de esa reunión. - Resulta que no quedan muchas alternativas, ya vas a acumular tres meses. - Aprovechando que dejé de deambular por la habitación, me cogió de la mano y me obligó a tomar asiento junto a él. Si no me equivoco esa fue la primera vez que use los asientos de mi propio recibidor. - Claudia, cielo mío, no has parado de trabajar en más de tres años; y todos sabemos por qué.
- Mira Hector, no necesito tiempo libre, estoy perfectamente. Además, no eres mi jefe, tampoco lo es Carlos. No pueden obligarme. ¡Nadie puede!
- Oh, yo si puedo. - Aquella voz grave era la de Antonio, mi jefe. Un escalofrío recorrió mi espalda al oír esa frase salir de su boca.
Antonio y yo habíamos trabajado juntos desde mi pasantía de la universidad. No siempre fuimos tan unidos como lo éramos ahora; aunque en términos de trabajo nos volvimos imparables y conseguimos hacernos con muchos proyectos de vanguardia.
- Ciertamente no me anima la idea de obligarte a tomar un receso de tus funciones, pero me está dejando sin alternativas, señorita. Quita esa cara de berrinche que sabes perfectamente que te sacaré a patadas de esta oficina si es necesario.
Para esas alturas, la frustración era prácticamente insostenible; aunque lo que más me fastidiaba era que tenían razón, era real que no podía seguir acumulando días libres como quien ahorra dinero en una cuenta bancaria. Con todo y sus argumentos, lo que más me cabreaba era que el supuesto psicólogo laboral había indicado que una persona que ocupase una posición como la mía en la empresa, debía tomar al menos dos pausas al año para aumentar la productividad y dar un buen ejemplo a los estratos inferiores. Allí estaba yo, dos años y más corridos de trabajo, sin tomar licencias por enfermedad, vacaciones, administrativos ni feriados. "Nuevas políticas de la empresa", había acabado diciendo Antonio mientras alzaba los brazos dando a entender que ya no había nada que hacer.
Después de que me sacaron la firma para la solicitud de permiso de treinta días de vacaciones casi a punta de pistola, me pasé todo el resto del día redactando informe sobre el estado de los proyectos a mi cargo, que no eran pocos. La idea era que Héctor pudiese retomar la mayoría de ellos en mi ausencia, pero viendo la cantidad decidieron dividírselos con Antonio. No despegué la cabeza de la pantalla en horas.
Por la media tarde, mi adorado némesis decidió asomar su cabeza por el marco de la puerta con una bolsa de comida china y un par ese gaseosas.
- Hora de un descanso, hermosa. No te emociones cargándome con trabajo, que sabes que me cuesta seguirte el paso. - Allí estaba Héctor otra vez, traía esa mirada azulina de siempre con una sonrisa de oreja a oreja.
- No me coquetees con esa sonrisa tuya; sigo molesta porque me acorralaste con Antonio esta mañana. - Hizo un ademán teatral de ofensa mientras me tendía un arrollado primavera envuelto en una servilleta.
- Vamos a ver. Deja de culpar a los demás por tu obsesión con el trabajo; si te hubieses tomado un par de días libres de vez en cuando, nos habrías ahorrado toda esa obra teatral. - Rompió en carcajadas. - Tendrías que haber visto la cara que puso Antonio cuando el tal Carlos le acusó de explotar al personal y te usó a ti como ejemplo. - Comentó entre risas.
Ahogué la carcajada al imaginarme a Antonio fulminando con la mirada a quien se le cruzase por delante después de esa reunión. Héctor me jaló un mechón de cabello con suavidad.
- No te burles diablilla, mira que no eres tú la que tiene que aguantarle el genio por las noches.
Hacía más o menos un año que Antonio y Héctor eran pareja, pero además de mi persona, nadie conocía su relación relación sentimental, pero era de manejo popular en la oficina su relación laboral: el jefe y su asistente personal/encargado de proyectos. Un ejército de mujeres en este piso se desilusionaría si ese detalle amoroso saliera a la luz, ¿cómo podrían imaginarse que los dos hombres más guapos de la sección compartían su afecto?; la mayor tragedia era que ese par de malos amigos preferían dejar que los rumores me destrozasen a revelar su relación en la oficina. No es que me importase demasiado en todo caso, para mí era mucho más sencillo que para Héctor devolver los malos tratos. Imposible exponer a este dulce hombre a semejantes hienas.
- ¿Antonio está muy cabreado? - Me aventuré a preguntar cómo que no quería la cosa, mientras le robaba otro bollo primavera. Lo escuché suspirar.
- Cabreado es quedarse corto. - Me dio una palmada en el trasero cuando me sorprendió robándole comida, - ¡no sé dónde diablos metes todo lo que comes!
- El ejercicio y el estrés cariño. ¿Qué me decías de Antonio?
- Que le fastidia mucho no haber notado por cuenta propia que trabajabas sin descanso. - Se tragó casi todo lo que le quedaba antes de cambiar el tema. - ¿Dónde te irías de viaje?, - como mi cara de colapso era evidente, se tomó la licencia para seguir hablando, - con treinta días de vacaciones, fácilmente puedes subirte a un crucero si quieres.
- ¡Hay no, qué horror!
- ¿Qué tal si visitas a tu familia? - comencé a entender para dónde iba su interés cuando le escuché preguntar eso exactamente - Tengo entendido que tu hermana se casó hace un tiempo. Recuerdo que me habías comentado que estaba esperando un bebé.
Ya decía yo que este chico tenía ideas brillantes todo el tiempo. En efecto, mi hermana menor se había casado hacía poco más de dos años con un empresario extranjero. Ahora estaba en cinta y se encontraba a pocas semanas de dar a luz al segundo hijo de su esposo, aunque el primero por nuestro lado. Mientras quedaba absorta en mis pensamientos, Héctor dejó el despacho y volvió minutos después con un sobre en la mano, el cual me entregó acompañado de esa maldita y seductora sonrisa suya.
- Antonio me ha pedido que te entregue esto, - dijo fingiendo desinterés.
Revisé el contenido del documento, pensando que sería algún encargo de último minuto, pero no, allí estaba un bendito pasaje de avión. Quise maldecir en todos los idiomas que conocía, pero solo sonreí con frustración, ya nada podía hacer. Como le devolviese el pasaje, ese cascarrabias sería capaz de despedirme en el acto. Me retiré a casa al acabar los reportes, entregar los informes y anunciar a medio piso que a partir del día siguiente iniciaban oficialmente mis vacaciones.
Comenzaba mi obligado descanso de treinta días. Una broma de muy mal gusto y que muy pronto pondría todo mi mundo de cabeza.
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Amor a Otra Vista
RomanceClaudia Meyers es una mujer joven y prometedora profesional, de 32 años, quien se ve forzada a tomar unas largas vacaciones después de años de trabajo continuo. Durante su obligado descanso visita a su hermana, Rebecca, con quien había mantenido un...
