única parte

58 4 0
                                        

"Esa piba no es para vos" le había dicho su mamá el mismo día en que llevó por primera vez a Emilia a su casa para que conozca a su familia, frunciendo la nariz en señal de descontento y con cierto tono de reproche. Si algo caracterizaba a esa mujer era su alta percepción y su brutal sinceridad. Julián agradecía eso porque en más de una ocasión seguir sus consejos lo habían salvado de situaciones desfavorables pero ya tenía veinte años por lo que, creía, ya no era tan tonto como a los quince. Por eso, él le juró que no estaba en lo cierto y que se lo iba a demostrar. Años después, comprobó las palabras de su madre en carne propia. Cuando volvió solo a su pueblo en vacaciones de invierno y le cuestionó sobre dónde estaba ella, no pudo evitar que sus ojos se volvieran llorosos y su cabeza se mantuviera agachada en señal de vergüenza. Su madre, lejos de echárselo en cara, lo recibió con los brazos bien abiertos y fue su hombro en el cual llorar.


Le llevó algunos meses finalmente despegarse de la idea de salvar aquella relación unilateral. Lo más difícil del proceso fue empacar su vida en un par de cajas y buscar un nuevo lugar donde habitar. El último día que estuvo en ese departamento, tuvo la suerte de estar solo y poder observar a detalle y con dolorosa nostalgia aquel lugar que había sido su hogar los últimos cuatro años de su vida. Pensó en qué podría haber dicho o hecho distinto para que aquello durara más tiempo pero fue un pensamiento muy fugaz que se fue tan rápido como vino. No, él no tenía la culpa de que ella decidiera encamarse con alguien más en la misma cama donde dormían juntos todas las noches teniendo, además, el atrevimiento de echarle la culpa. Según ella, tuvo que buscar en brazos ajenos aquello que Julián no le daba porque no le brindaba la suficiente atención y cuando lo hacía, era poco demostrativo. El cordobés trabajaba, estudiaba y hacía malabares para sostener su vida profesional con su vida personal. Reconocía no ser el hombre más expresivo, sin embargo, daba todo para que ella viviera como una reina pero se ve que aquello no le fue suficiente.


Su nuevo departamento era considerablemente más chico, tanto así que daba la sensación de que estaba viviendo de repente en una caja de zapatos pero la expectativa de un nuevo inicio opacaba cualquier cosa negativa. Sus plantas, aquellas que Emilia detestaba, ahora adornaban el interior y el balcón mientras que sus posters y figuras de River y Spiderman que ella catalogaba de infantiles ahora decoraban sus paredes y muebles. Creía que iba a sentir ese sentimiento punzante de soledad que arruinaría sus noches, mas fue todo lo contrario. Se sentía en paz al saberse afortunado de haber logrado construir en tan poco tiempo un espacio el cual, aún con cajas desparramadas por todos lados, ya se sentía como un refugio. No iba a mentir, todavía dolía porque no se olvidaría de repente de tantos años, tantas experiencias y tantas cosas compartidas pero confiaba en que estaría bien.
. . .


Eran fines de noviembre. Su cuatrimestre había llegado a su fin y esa tarde le tocaba franco. Los Caligaris sonaban de fondo a un volumen moderado siendo su única compañía. Vestía una camiseta de River del '96 mientras se cebaba unos mates y terminaba de desempacar las cosas que le habían quedado pendientes desde hace un mes atrás cuando empezó a vivir allí. Se encontraba demasiado hundido en sus pensamientos, tarareando la canción que estaba sonando hasta que escuchó el ruido de algo cayéndose afuera y seguido del estruendo, una puteada. Dejó lo que estaba haciendo para ir a ver qué había pasado. Cuando abrió la puerta, encontró a un chico que aparentaba su misma edad, morocho, estatura media y lleno de tatuajes. El chico estaba en el suelo, rodeado de cajas.


- Hola, ¿Necesitas ayuda?
El chico, quien aún no era consciente de su presencia hasta ese momento, levantó la cabeza y por primera vez sus miradas se cruzaron. Julián se sorprendió a sí mismo pensando que era muy bonito. El mero pensamiento lo hizo sonrojarse levemente.


- Ah, sí, hola. Disculpa si te molesté con tremendo ruido, es que recién me estoy mudando acá y es medio un quilombo traer estas cajas solo.-hizo una pausa.- Eu, tremenda camiseta. Yo también soy hincha de River así que creo que nos vamos a llevar bien.-le guiñó un ojo y le dedicó una sonrisa de perfectos dientes blanquecinos que puso nervioso a Julián.

Luz de marfil (Enzo x Julián)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora