Sonidos del corazón

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La floristería de Margarita estaba ubicada en una esquina tranquila de la ciudad, con un escaparate lleno de flores frescas que atraían a los que transitaban por esa esquina. Allí trabajaba Harley, un joven que amaba las flores, pero no tanto el conocer a nuevas personas.

Era algún tipo de nerviosismo que lo invadía siempre que alguien desconocido le hablaba. Un día, al ver la florería, le llamó mucho la atención.

Al entrar, la dueña de la tienda habló con él, y después de unos días de convivir con ella, se ofreció para trabajar en la tienda. Cada día, el aroma de las rosas y los jazmines llenaba el aire mientras Harley organizaba los ramos, cuidaba las flores y ayudaba a los clientes.

Su interacción con la dueña de la tienda había sido muy agradable. La señora era muy dulce, atenta y cariñosa. Le había regalado flores cuando se dio cuenta de que le gustaban, y cuando él se quedaba observándolas más de la cuenta, ella le ofrecía leche y galletas, y le decía: "Se nota que te gustan mucho las flores. Puedes sentarte tranquilamente, no me molesta que estés aquí", dijo mientras le ofrecía un asiento frente a ella. "Me agrada tener compañía".

Poco a poco, Harley se encariñó con la señora, y así terminó pidiéndole trabajo. Ella, con una gran sonrisa, le dijo que sí, que estaría ayudándole, y que si quería algo más para sentirse cómodo, ella lo podía conseguir.

Un lunes por la mañana, Harley preparaba un ramo de lirios blancos para un bautizo. Agradeció que Margarita se hiciera cargo cuando llegó la clienta porque sus nervios habían arruinado todo. Mientras colocaba el ramo en agua, para que estuviera fresco mientras esperaba la llegada de su dueño, un nuevo cliente entró en la tienda.

El joven, que parecía tener alrededor de la misma edad que Harley, se presentó con una sonrisa cálida y agitando su mano. Notó que, cuando él preguntó sobre la flor que deseaba, no respondió; en eso llegó Margarita.

"Tranquilo, cariño, yo le voy a atender", dijo ella. Se acercó al joven y le tocó suavemente el brazo. El joven volvió y le sonrió dulcemente.

Ella hizo unas pequeñas señas, y él respondió que sí moviendo su cabeza. Pronto Harley se dio cuenta de que era sordo. A pesar de no estar familiarizado con la lengua de señas, sonrió y trató de observar para saber lo que necesitaba.

El joven volvió hacia él, y sus comisuras se contrajeron tratando de sonreír. Harley sonrió y se acercó a él, tomó un pequeño lápiz y una hoja del mostrador y le escribió:

"Hola, soy Harley, ¿cómo te llamas?"

El joven sonrió y le respondió: "Me llamo Zachary". Harley lo miró y le sonrió, ya que su voz le sorprendió.

"¿Estás acostumbrado a venir a comprar flores?" Zachary sonrió y asintió felizmente.

"Normalmente, vengo dos o tres veces a esta tienda para llevar un ramo. ¿Tú trabajas aquí?". Seguidamente le entrego el papel

Harley le contestó que sí y escribió que, si deseaba alguna otra cosa, él le podía ayudar.

El joven respondió en señas que estaba bien, así que después se atrevió a preguntar:

"¿Sabes el lenguaje de señas?"

Zachary tomó el papel y escribió: "Lo sé, pero aquí no lo uso tanto, porque la señora siempre sabe lo que quiero".

Tratando de alargar la conversación, tomó el papel, pero en eso Margarita llegó con el ramo y le dijo entre señas y palabras:

"Salúdale de mi parte y vuelve pronto, te quiero", dijo mientras le daba un abrazo y un beso en la mejilla. Entonces Zachary tomó el ramo, sonrió dulcemente y se despidió agitando la mano.

Entre Flores Y SeñasStories to obsess over. Discover now