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Los elegantes candelabros de cristal brillaban con una luz cálida, reflejándose en los mármoles pulidos y en las obras de arte que adornaban las paredes. El ambiente era pesado después de una hora de iniciado el gran evento. Las dulzonas feromonas omega de todas las clases libres por el aire, estaban sofocándolo.

Este evento había sido planeado minuciosamente desde hace mucho, aunque Suguru no podía pensar en ello más que como algo horrible en el que perdería al amor de su vida.

Pero qué podría esperar él de todas formas, solo podía ser un espectador en la perfecta vida de Satoru Gojo, su mejor amigo, un alfa dominante heredero de una de las tres familias más importantes y antiguas de Japón, el chico del que había estado perdidamente enamorado desde que era prácticamente un cachorro.

Lo máximo a lo que Suguru podía aspirar era a ser un muy buen amigo para él, su mejor amigo en realidad, a veces era tan frustrante... Hoy ni siquiera pudo verlo y hablarle sin sentir una gran oleada de anhelo. Era estúpido que evitara a Satoru por algo que no era su culpa, pero era tan... frustrante...

Este evento era realmente horrible, de todas formas ¿Quién en la actualidad preparaba una fiesta de cortejo y más aún para un alfa?

Si lo pensaba bien era estúpidamente anticuado, pero se trataba del clan Gojo, todo debía ser extremadamente anticuado, exagerado e irritante.

Porque si... El padre de Satoru había organizado esto como medio para crear lazos entre otras familias importantes, prácticamente vendiendo a su hijo al mejor postor y ¿Quién no querría unirse con la familia Gojo?

Suguru como un empleado de su casa prácticamente había apoyado en toda la preparación de esto, él mismo había recibido a cada uno de los omegas que habían venido a cortejar a Satoru.

Había sido lo más frustrante que había experimentado hasta el momento, cada uno de ellos eran tan bonitos, pequeños y de tan buena familia.

Todo lo contrario a Suguru.. que era un alfa alto y fornido de la servidumbre del clan, recordándole lo muy lejano que estaba su realidad a la de Satoru.

No... no pensaría en eso...

Estaba recostado sobre un muro del salón principal, solo por precaución, esas fueron las órdenes del mayordomo mayor y el solo quería huir de ahí, era molesto tomar supresores cada 30 minutos. Satoru había estado prácticamente sentado en el centro esperando a que cada uno de los invitados se presentara como en una ridícula película infantil.

De vez en cuando Satoru lo miraba e infantilmente Suguru lo evitaba... era ridículo... definitivamente no era su culpa, debería dejar de actuar de esa forma... pero nuevamente su mente jugaba en su contra, Satoru no le pertenecía no tenía derecho a estar celoso...

Eso alegraba de alguna forma a Suguru, Satoru parecía tan desinteresado, porque aunque obedecía a todo lo que decía su padre, eso no quería decir que estuviera de acuerdo o que cumpliría con sus expectativas.

Eso lo aliviaba...

Todo continuó de la misma forma estaban por terminar la presentación, para dar paso a la pequeña fiesta que tenían preparada.

Suguru se sintió casi aliviado pero definitivamente eso cambió con el último pretendiente. Era un omega pequeño con largo cabello lacio y negro que se veía tan suave, su piel era tan blanca como la nieve, sus ojos eran pequeños y rasgados y sus labios bonitos eran regordetes y rosados.

Satoru lo veía divertido y estaba diciéndole algo ininteligible para Suguru, como si por fin hubiera visto algo interesante luego miro a Suguru y sonrió brillantemente.

Dualidad perfectaHistórias para pegar e não largar. Descubra agora