En el mundo de los cazadores de demonios, Giyuu Tomioka era conocido por su seriedad y su habilidad con la espada. Su presencia silenciosa y reservada lo convertía en un misterio para la mayoría, pero no para Shinobu Kocho. La Pilar del Insecto había observado a Tomioka durante mucho tiempo, fascinada por su carácter distante y su habilidad en combate.Un día, mientras ambos entrenaban juntos en la mansión de los Cazadores de Demonios, Shinobu notó algo inusual. Una joven cazadora novata, con ojos brillantes y una admiración evidente, se acercó a Tomioka. Shinobu no pudo evitar sentir una punzada de celos al ver cómo la novata intentaba captar la atención de Giyuu con preguntas sobre técnicas de combate.La Pilar del Insecto, conocida por su sonrisa constante y su voz suave, se acercó sigilosamente, interrumpiendo la conversación.—Giyuu, ¿por qué no le muestras a nuestra joven amiga cómo se realiza el ataque "Agua en calma"? —sugirió Shinobu con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.Tomioka, quien rara vez mostraba emoción, asintió y comenzó a demostrar la técnica. La novata lo observaba con devoción, lo que hizo que Shinobu apretara los puños sin que nadie lo notara.Mientras Tomioka se concentraba en la demostración, Shinobu decidió intervenir de una manera más directa. Con un movimiento ágil, se posicionó al lado de Tomioka y, con una sonrisa, dijo:—Giyuu, creo que también sería útil mostrarle cómo se defiende uno de un ataque rápido. Quizás podrías atacarme para que ella lo vea en acción.Giyuu, confundido pero dispuesto a seguir el consejo de su compañera, atacó suavemente. Shinobu esquivó con gracia, sus movimientos tan fluidos como el veneno que solía usar. La novata observaba, ahora con una mezcla de admiración y sorpresa hacia Shinobu.—Ves, querida, la clave está en anticipar el movimiento de tu oponente —dijo Shinobu, dirigiendo sus palabras tanto a la novata como a Giyuu.Después del entrenamiento, la joven cazadora se despidió agradecida, dejando a Tomioka y Shinobu solos en el patio. Un silencio incómodo se apoderó del lugar, hasta que Giyuu habló:—Shinobu, ¿estás bien? Parecías... diferente hoy.Shinobu, sin perder su sonrisa característica, lo miró fijamente a los ojos.—¿Diferente? Quizás solo me importas más de lo que debería, Tomioka.Giyuu parpadeó, sorprendido por la franqueza de Shinobu, y aunque su rostro no lo mostraba, algo en su pecho se agitó al escuchar esas palabras.—Yo también, Shinobu... —murmuró, bajando la mirada.La confesión, aunque simple, hizo que la tensión desapareciera, dejando solo a dos corazones sincronizados en el silencio de la tarde. Sin necesidad de más palabras, entendieron que, aunque no lo dijeran en voz alta, se importaban el uno al otro más de lo que estaban dispuestos a admitir.
