Caminos Cruzados

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En una fiesta casual, casi como una conspiración creada por el universo, se encontraron Víctor y Mechelle. Este encuentro parecía una broma del destino, como si los astros o alguna entidad divina hubieran trazado sus caminos hasta converger en ese preciso instante, ya que Víctor no quería asistir a la fiesta ese día, pues en general estaba pensando en dejar ese tipo de ambiente, pues no era su estilo, pero uno de sus amigos lo presionó hasta que cedió, sin mas remedio. Mechelle, por otro lado, no solía salir de fiesta, pero tuvo que hacerlo por orden de su madre y también fue chantajeada con comida.

En la fiesta, nada más llegar, Víctor se dirigió al balcón, como si buscara escapar de la multitud. Se instaló en una esquina solitaria, observando con indiferencia a las chicas que pasaban, su mente ya en otro lugar, junto con los otros fumadores. Resopló y dio una calada, pensando en todas las cosas que preferiría estar haciendo en lugar de estar allí en ese momento.

Mientras tanto, con Mechelle, sus amigas seguían intentando convencerla de salir, usando argumentos como "Hace mucho que no lo hacemos" o "Necesitas descansar un poco y relajarte, aunque sea una vez". Pero Mechelle respondía con excusas como "Tengo pereza" o "Hace mucho frío y no quiero ponerme chaqueta". La lucha parecía perdida, hasta que su mejor amiga le ofreció llevarla a comer después de la fiesta, además del insistente grito de su madre, que también quería que su hija saliera.

Cuando ella llegó a la fiesta, se sintió tan abrumada que se pegó a su mejor amiga como un chicle, intentando sobrevivir en aquella situación durante casi toda la noche. Finalmente, cansada, salió al balcón, donde accidentalmente se chocó con Víctor... Y ahí, damas y caballeros, fue donde nuestros protagonistas se conocieron.

El muchacho se disculpó a regañadientes, y Mechelle pasó de largo sin darle importancia. Mechelle se apoyó en el barandal, dejando que el frío metal le diera una excusa para no moverse. Sin embargo, la presencia de Víctor a su lado no pasó desapercibida; pronto, un ligero olor a tabaco la hizo fruncir el ceño, obligándola a girar la cabeza para confrontar al extraño en la oscuridad

—Y cuando pensé que por fin tendre tranquilidad...—exclamó Mechelle, molesta.

—Esta es mi esquina, llegue primero - Víctor no veía bien, pero tampoco le importaba, estaba muy incomodo como para dejar las cosas pasar

—¿Y te andas regalando o algo?, no me molestes, hay mucho barandal para los dos.

Victor sabía que ella tenía un punto y si bien no quería pelear, tampoco quería dejarse pisotear de esa manera.

— Tampoco tenías que ser tan grosera, podías simplemente pedir permiso.

— Si, lo que quieras, loquito, ya vete.

—Pero... eres una... — No pudo terminar su frase del enojo, tiro su colilla al piso y se fue.

Víctor se enderezo y se fue muy molesto, empujando a las demás personas al salir. Mechelle se quedó en el barandal, molesta y harta del lugar, repitiendo en su mente las mismas palabras que acababa de escuchar: "Por razones como esta es que odio salir a fiestas...". Cuando una de sus amigas llegó para saludarla, finalmente explotó y se fue, completamente enojada. Fue una terrible noche para ambos.

El tiempo pasó —voló, de hecho— y, en una salida entre amigos, Víctor y Mechelle coincidieron una vez más. Aunque la última vez se habían hablado mal, realmente no se habían visto las caras, ya que en el balcón no había luz. Así que, para ellos, fue como si se conocieran por primera vez. Cuando el chico se encontró con sus ojos por primera vez, notó un brillo hechizante que lo cautivó de inmediato, algo en ellos tenían un encanto que cautivaba a Victor, el no estaba seguro si era la profundidad de su mirada o el nerviosismo con el que se movían observando cada detalle de su entorno, hasta que ambas miradas se atrajeron, como dos imanes que finalmente coinciden sus polos para unirse y con la misma dificultad, los jóvenes no pudieron despegar sus miradas, su vista bajo a sus labios, la forma de los mismos, como se curvaban cuando sonreía o como se movían cuando hablaba con sus amigos a la lejanía. Platicaron trivialidades, como los dos desconocidos que eran, y poco a poco encontraron temas en común.

—Me gusta mucho el olor a pasto recién cortado —dijo Víctor de repente.

—Ja, a mí también me gusta —reconoció Mechelle, casi sin pensar.

—Casi nadie suele seguirme la corriente cuando digo cosas tontas —comentó Víctor, mostrando en su rostro la sorpresa de haber encontrado a alguien que entendía lo que pasaba por su cabeza.

El silencio entre ambos era cómodo, una pausa en la que sus miradas se encontraron y sostuvieron por unos segundos más de lo esperado. Algo invisible parecía conectarles, como si sus pensamientos compartieran un mismo hilo, delgado pero fuerte, que poco a poco tejía los lazos de sus destinos, de forma juguetona. Luego, continuaron platicando de todo un poco: teorías conspirativas, música, y los videos que disfrutaban ver o escuchar mientras hacían diversas actividades. Después de un rato, los demás chicos se levantaron y se fueron a una tienda, dejándolos solos.

Víctor, en un intento de impresionar, decidió pararse de manos. Fueron unos deliciosos dos segundos de gloria antes de perder el equilibrio y caer de espaldas sobre el duro suelo, los dos estallaron en risas y aun que al inicio fue vergonzoso, valió la pena, pues la risa de Mechelle tuvo un efecto en él, como si el aire regresara a sus pulmones y un cosquilleo recorriera su cuerpo. Por unos segundos, la risa de Mechelle lo levantó hasta el cielo y lo dejó caer suavemente, el suelo duro se desvaneció, y lo que antes era piedra se convirtió en el terreno más suave y seguro que jamás había pisado. Fue un sentimiento extraño y agradable para Víctor, como un cálido abrazo del destino que, en su interior, ocultaba la semilla de una inquietante incertidumbre que sin darse cuenta, o tal vez sin querer reconocerlo, ignoró ese miedo neciamente, como una pequeña condena al fracaso autoimpuesta por el pobre muchacho.

Mechelle, por otro lado, observaba a Víctor con esperanza y fe, pero con un miedo mucho más notable y fresco. Ciertamente quería amor, pero ¿podía fiarse de aquel extraño? ¿A quién quería engañar? Ya lo estaba haciendo, ya se estaba rindiendo ante él. Pero es más relajante pensar que todo está bajo control y que podrás saltar del barco a tiempo... La realidad es que ya estás en una fuerte corriente, y saltar del barco no es fácil, ni una buena idea si quieres navegar por mucho tiempo en las aguas del amor.

Fue una carnicería anímica: Sus mentes se convirtieron en campos de batalla, donde la esperanza luchaba contra el miedo, y el amor contra la incertidumbre. Ambos sabían que, aunque lo hermoso de ese momento los llenaba de vida, también los asustaba, dejándolos vulnerables a lo que el futuro podría traer. Un cóctel tan hermoso, que puede ser tan bueno como malo, pero será el tiempo quien decida. Víctor imaginaba la calidez de un mensaje de buenas noches, una pequeña rutina que podría convertirse en un ritual entre ellos. Mientras tanto, Mechelle soñaba despierta con citas que aún no habían sucedido, llamadas que llenarían sus noches de risas y confidencias.

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⏰ Last updated: Sep 11, 2024 ⏰

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