Louvark posee cierta cantidad de ternura y en ese momento la dedicó a los labios de Edward, también enternecido. El acercamiento sería gracias a una conversación aleatoria; algo explícita. Ambos se juntaron entre el armario cerca de la ventana, bromeando sin saber que estaban por probarse mutuamente. Primero uno, con comentarios, el otro, con preguntas. Untaron las lenguas y juntos entrelazaban respiraciones inaudibles para todos.
Los labios de Edward, no tenían sabor, sólo exquisitos por su forma y algo rosados. Vino el resto de neblina para enfriar pasillos; calmando la sombra del sol proyectada en una cortina y transfigurando cristales sobre el suelo.
Tratándose de un error, ojalá durara para siempre y así pensar que no es un error.
Tan perdido, tan sémola; Edward sabía que Louvark buscaba la raíz para unirse a ella o arrancarsela: la encontró, y, ya era tarde para desistir. Fue colocado en la cama cuya forma era, como un cesto, al menos el cabezal. Se sentía suave.
Su amante le arqueó ambas piernas dejando visible su cristal erguido. Pensó en ese término, sonriente.
Lo sabía. El dolor, por muy privado que haga sentir, es necesario y hasta importante para jamás olvidar un acontecimiento, sea físico o mental, irrumpe.
Ya distendido, experimentaba amor en la profundidad de una vena, en el nervio adolorido de un portador masoquista. Louvark iba con movimientos fuertes, escuchando suspiros feminos que lo animaban a contemplar el desnudo que hasta hace poco no era demasiado interesante.
Obra de Dios: plácido, con venas y arterias azules, lleno de motitas carmesí que sólo aparecían cuando un meissner era bastante estimulado en la epidermis. Tenso, definitivamente. Con dos aréolas enrojecidas y el vientre pequeño. Sus gestos lo asemejaban a un cabrito tímido, temblaba sin piedad, no sin dar pelea y gemirle de una forma que ningún amorío anterior pudo brindarle.
Era como si fabricaran perlas, silenciosos, ausentes.
Edward residía en una galaxia ignorando si él era él o una estrella enfriándose. Ya se unía al placer del otro, vagando juntos entre distintas posiciones . Su éxtasis se desplazaba de arriba a abajo, sin ser sólo algo final, durando el tiempo que ellos quisieran.
Cada gota corría libre por el abdomen de su compañero algo indignado con lo ocurrido.
Desvió la mirada.
A la cuarta hora, Edward no soportaba el ardor en sus mejillas. Ya era de noche. Germaine Louvark lo recostó sobre su cuerpo, demostrando la confianza que podía brindarle.
Veían por la ventana del dormitorio un jardín ahora oscuro sin los invitados que se marcharon a alguna hora debido al clima. Sólo sillas blancas abandonadas, nubes misteriosas,, viento para nada generoso.
Una de las mujeres que había asistido era notablemente importante. Hija mayor del Ministro Coldrege, Dogneil, y junto a sus amigas cercanas, su hermano menor Scott que apenas pudo comerse un trozo de tarta. Luego de la muerte del Ministro, la ciudad era manejada por otro joven sin ningún parentesco familiar; ni siquiera él estaba seguro de sus aptitudes para llevar ese cargo. Dogneil era linda, muy cálida, silenciosa. Le indignó no obtener respuesta sobre el señor Krools, quien debía iniciar el discurso. Todos fueron volados por la tempestad naciente.
Edward reparó en que seguía metido en el agua. Parecía dormido, aunque sólo descansaba su cuerpo. Bostezó un par de veces.
Fue llevado al cuarto donde lo secaron las finas manos de su señor. Por haber sido muy obediente, según el requerimiento de Louvark, a partir de ahora podía abrazarlo sin miedo al desinterés.
Al día siguiente se encaminaron al iCi con Javier Krools, el protector de la familia Mollvürsen, y el resto de personal científico- gubernamental de Gravestone. Se daría una reunión importante.
Con respecto a las aulas de clase, iCi es basura, pero iCi tiene también la mejor vista hacia la ciudad; último piso, a la derecha, donde se reunían sus dueños a debatir sobre mapeos tridimensionales y geología.
Como la mayoría de edificaciones, guardaba secretos raros.
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Red File (Gravestone Files)
De TodoGravestone Files es una historia +18 de mi autoría. En estos capítulos me centro en la relación de Edward Mollvürsen y Germaine Louvark, ambos trabajadores del Ministerio de Gravestone. Se relatan también los casos paranormales, entre otras vivencia...
