Primera Parte

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(Una vez más, esta es la versión Louis alfa)

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«¡El amor es una porquería!», fue lo primero que escupió Harry tras azotar la puerta del departamento de su (ahora) ex novio, Brad.

De camino al aeropuerto no había dejado de llorar por el enojo, la frustración y el dolor combinados con una profunda decepción que lo estaba ahogando. Brad le había engañado y manipulado a su antojo y hasta ahora se daba cuenta de ello. El conductor del taxi lo había observado espontáneamente a través del retrovisor, solo para preguntarle si el destino de ruta era el correcto. «Sí» le contestó secamente Harry mientras limpiaba descuidadamente sus mejillas de lo que decidió serían sus últimas lágrimas del día.

Lo que no le contó al conductor, pese a tener la necesidad de hablar con alguien para soltar sus penas o mejor dicho desgracias; fue que no tenía otra dirección que darle. Había abandonado su vida en Londres para seguir a Brad y a sus estúpidos sueños de grandeza, poniendo sobre la mesa, no sólo su esperanzado corazón, también sus ahorros de tres años que, si bien no era una cifra significativa, con ese dinero pudo haber terminado la carrera de diseño en moda.

«Estúpido, estúpido, estúpido», se recriminó mientras arrastraba su maleta. Si había una segunda razón para sentirse el hombre más tonto del mundo, justamente era el hecho de que, en plena conmoción de su parte olvidó tomar la tarjeta de crédito que fue un obsequio de Brad hacía un par de meses atrás; cuando los problemas económicos habían mejorado aparentemente.

—Solo tenemos tres asientos disponibles en primera clase, entienda que es temporada de alta demanda —dijo la agente de vuelos que viró la cabeza hacia su ordenador y tras dar un clic, corrigió—: Ahora son dos asientos disponibles. ¿Pagará en efectivo o con tarjeta?

La agente (con una expresión apenada) le había regresado su tarjeta cuando esta fue rechazada por fondos insuficientes. Harry maldijo internamente más de cinco veces consecutivas. ¿Cómo había olvidado tomar la tarjeta que le obsequió Brad? Aquella que supuestamente podía usar sin mirar reparos, pero que nunca tocó porque se sentía apenado.



Claro, la conmoción total. La sensación paralizante que le dejó plantado en el pórtico de lo que consideraba su hogar. Acto seguido, la mejilla le ardió por unos segundos desconcertantes; no se había dado cuenta de que aquella desconocida le había asentado una bofetada con una fuerza tremenda. Todo había ocurrido demasiado rápido como para prestar atención a cada palabra que esa mujer se encargó de gritarle en la cara, entre muchos reclamos e insultos.

«Asqueroso. Enfermo. Ojalá mueras de sida. Puta, eso es lo que eres. Un omega sin clase que le abre las piernas a un hombre casado»

Cada palabra salía como puñales buscando dar con su yugular, con el corazón, abatido y confuso...

¿Que había dicho...? ¿Casado...? ¿Quién...?

Harry quiso decirle algo, preguntarle el motivo de su ataque iracundo y sin fundamento aparente. Seguro se había equivocado de casa, seguramente era la puerta equivocada.

«Tenemos tres hijos, ¿te habló de ellos? ¿Acaso esperabas tomar mi lugar?»

Otra vez las acusaciones. ¿Tomar su lugar? ¿Hijos?

Mencionó hijos.

Harry solo pudo retroceder. La mujer avanzó unos pasos hasta atravesar el umbral, le echó un vistazo alrededores y después rebuscó algo en su bolso de mano. Sacó dos fotografías y extendió el brazo a la altura del rostro de Harry para que las pudiera ver. En la fotografía de la derecha estaba esa misma mujer, con un vestido blanco de holanes, hombros descubiertos y un ramo de rosas blancas en las manos, y a su costado, Brad. En la otra fotografía observó a dos niños, prácticamente iguales en apariencia, gemelos de unos tres o cuatro años de edad.

THE LONDONʼS DADDIES (LT)Histórias para pegar e não largar. Descubra agora