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- ¿De verdad me van a traer aquí al maldito recipiente de la puta peor maldición? ¿Estamos de broma, no? -reía incrédula mirando con ira a uno de los hechiceros novatos

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- ¿De verdad me van a traer aquí al maldito recipiente de la puta peor maldición? ¿Estamos de broma, no? -reía incrédula mirando con ira a uno de los hechiceros novatos.

Junto a Shoko, ___ era una de las doctoras de la academia. Resaltaba mucho por sus grandes dotes para salvar los pacientes imposibles.

Y por su gran odio a las maldiciones, una mujer con carácter que puede enfadarse fácilmente. Una bomba de relojería.

- N-no es mi culpa -hablo apenado el pobre novato inocente, en cuanto vio la cabellera rosa de Itadori, salió corriendo tan rápido como pudo.

No quería sufrir el enfado de la doctora.

- Acerca la maldita boca de ese bastardo y te la arrancaré con unas pinzas -le advirtió al ingenuo adolescente,- Odio las maldiciones, no deberías estar en mi consulta. Seguro Shoko está libre -resoplo cruzándose de brazos.

En su cabeza solo estaba buscando una buena forma de vengarse de Gojo, sabía que seguramente todo esto era su culpa.

Y oh si se lo haría pagar, muy caro.

- No me arranques mi carita -se quejó Itadori asustado, aunque en su mejilla estaba Sukuna,- No es mi culpa lo que diga -.

- Déjame cambiar el cuerpo, ahora -exigio la maldición queriendo verla bien.

Por alguna razón, su voz sonaba urgente como si fuera más una necesidad que nada. Aunque solo era un capricho.

- Si le cambias el cuerpo voy a quemar la piel donde haya esos horribles tatuajes así que Sukuna. Te quedas donde estás, alimañana -respondio sin miedo alguno de él.

- ¿Cómo una mujer se atreve a hablarme así? ¿Acaso en mil años perdimos las tradiciones? -reía burlón Sukuna, tratando de esconder su enfado y... Otro sentimiento.

- ¿Dolido por enfrentarte a una mujer que no te tiene miedo? Cuando tengas algo más que ser una maldición y poderoso por nacer, quizás podamos debatir. Mis palabras pueden doler más que tus golpes porque tienen más mérito que nacer privilegiado y loco -hablo con el mismo tono con una mano en la cadera.

El pobrecito de Itadori no entendía nada, pero sabía que Sukuna cada vez estaba mas enfadado.

Sin embargo, en el fondo aunque el rey de las maldiciones no lo admita estaba empezando a interesarse por ella. Esa fuerte personalidad y sus contestaciones creaban un sentimiento en su pecho, placer, sin necesidad de herir a nadie como suele hacer para divertirse.

- Tienes tanto carácter como buen culo, mujer -dijo sin más Sukuna haciendo que de la vergüenza Itadori intenté taparse la cara con las manos.

- Y tu tienes tanta arrogancia como estupidez, pobre chico teniendote ahí todos los días. Ser un recipiente es una condena por la que no quiero pasar prefiero morir -suspiro poniendo los ojos en blanco.

La discursion de ___ y Sukuna no paso por alto en Gojo.

- ¿Te gusta mi alumno, ___? A que ser recipiente de Sukuna es peculiar. Se como odias las maldiciones de y quería ver cómo reaccionarias -reía Satoru dando aplausos, era interesante la valentía de la doctora para hablar sin miedo al rey de las maldiciones.

- ¿Sabes que las odio y me traes al rey de ellas? Más te vale dormir con un ojo abierto Gojo, esto no queda así y para ti tampoco Itadori, por seguirle el juego-les advirtió con una mirada fría, no bromeaba.

Tanto Gojo como Itadori dejaron de reír ante advertencia, ambos se pusieron delante de ella juntando ambas manos pidiendo piedad.

Sukuna se quedó en silencio pero no paraba de hacer chasquidos con la lengua, pensar en ella, ni siquiera se mostraba físicamente en el cuerpo de Yuji, estaba en su propio mundo.

Ese encuentro con esa mujer lo había dejado confundido, absorto en sus propios sentimientos. Hacía tantos años que no pensaba en sentimientos ni emociones que no fueran ser superior a los demás y placer ante el sufrimiento ajeno, básicamente sadismo.

No sabía ser sentimental.

- Parece que vuestro amigo no se presenta ante nosotros, mejor. No permito tales bichos en mi consulta, eso os incluye a vosotros venga fuera tengo trabajo -los empezó a echar indicando con el dedo donde está la puerta.

- Que mandona, aún por encima que te pido perdón -suspiro Satoru fingiendo estar frustrado mientras se iba con Itadori.

Sukuna solo pudo cerrar los puños con rabia ante la idea de alejarse de ella, hacía tanto tiempo que no tenía un interés real por alguien en concreto que era chocante.

Quería verla más tiempo, apreciar su ruda personalidad. Era tan diferente a sus tiempos, no creía que podía existir tal cosa.

- ¿Cómo es que una mujer tiene más carácter que tú, no te da vergüenza? -hablo burlón el rey de las maldiciones a Itadori.

- No se, su actitud es... Fuerte pero yo no soy capaz, ella es inteligentísima según el profesor Gojo. No me da vergüenza no estar a su altura por supuesto, yo no sé ni la mitad -respondio Itadori con una sonrisa, ni siquiera se dio cuenta que el lo preguntaba de forma machista.

- Había olvidado lo tonto que eres -murmuro con aburrimiento, estaba echando de menos discutir con aquella mujer. Eso era raro, ¿Acaso me gustaba enfadarse con ella?

Ante el insulto, Itadori lo ignoro y siguió con un día normal. Hasta llegar a la noche, porque Sukuna no paraba de insistir en lo mismo.

Una y otra vez buscaba la forma de que el acepté cambiar de cuerpo.

- Hagamos un trato, tu me dejas tu cuerpo cuando veamos a esa doctora y yo a cambio, no la mato. Es cuestión de tiempo que logré tomar tú cuerpo delante de ella, ¿No crees? -hablo Sukuna tratando de convencerlo por milésima vez a las dos de la madrugada.

- Si, si... Lo que sea -bostezo Itadori esperando que se calle para dormir.

La maldición sonrió victoriosa sabiendo que lo había logrado, porque una vez que el acepto no puede negarlo ni aunque estuviera medio dormido.

Iba poder ver esa peculiar mujer, en la que tanto llevaba pensando sin descanso desde que discutío con ella.

Hacía años que no sentía tanto placer hablando con alguien.

Ella tenía algo, algo que el quería e iba a tener, cueste lo que cueste. Solo faltaba que ella lo sepa.

- Tu odio solo alimenta mi placer -susurro burlón Sukuna pensando en como lo insultaba por ser una maldición, el miedo del que ella carecía, esa valentía que el quería domar.

- Tu odio solo alimenta mi placer -susurro burlón Sukuna pensando en como lo insultaba por ser una maldición, el miedo del que ella carecía, esa valentía que el quería domar

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Sukuna - Antagonismo [Yandere]Stories to obsess over. Discover now