La cortina de seda, se movió, impulsada por el aire. La época de exámenes, llegaba a su fin, y necesitaba un descanso; por lo que abrí del todo la ventana, y dejé que el viento de la madrugada, golpease mi rostro. Encendí un cigarrillo, y me dispuse a disfrutar de él. Llevaba más o menos, la mitad, cuándo las luces de un coche, hicieron acto de presencia en la calle. Lo observé aburrido, mientras el cigarrillo se consumía. Unas sombras, parecían moverse en el interior del mismo. No le di la más mínima importancia, hasta que vi apearse, a mi vecino, Mario, del asiento del copiloto. Fue hacia la puerta del conductor, y, al abrirla, bajó una mujer, algo más mayor que nosotros. No sé el motivo, por el que aguanté la respiración, mientras apagaba el cigarrillo, en el cenicero. Puede que fuese la altura de la mujer, o que Mario, al acercarse, besó sus labios ferozmente, mientras agarraba su cintura.
-¿Seguro... sólo... casa?
Pude discernir apenas aquellas palabras, que indicaban, de forma clara, la proposición indecente, que salió de los labios de la mujer. Su cabellera negra, hacía contraste, bajo la farola, con el rubio de mi vecino, que la sujetó de las manos, y comenzó a lamer su cuello, en un acto de prisa, que ella, cortó de cuajo.
-¿Estás seguro de que no vendrán?
Ahora, las voces, se escuchaban más nítidamente.
-Estoy seguro; tenemos la casa, para nosotros solos - contestó Mario, bajando por su cuello, hasta llegar al nacimiento de sus senos, que besó con pasión.
Él se acercó al coche, mientras ella, despacio, caminaba hacia la verja de la casa. Apenas pude ver su rostro, unos segundos, bajo la luz de la farola, antes de que Mario, llegase a su altura, y subieran las escaleras del chalet, comiendose a besos, hasta que entraron en el domicilio.
-Qué suertudo eres, vecino - dije, haciendo ademán de cerrar la ventana. Pero me detuve en seco, al ver que la luz de la cocina, se encendía.
La desconocida, sentada en una silla, observaba a Mario, abrir la nevera, y sacar unos refrescos, que dispuso sobre la mesa. Los minutos siguientes, se los pasaron charlando animadamente, mientras Mario, daba grandes zancadas por la cocina, y ella, sentada, no dejaba de parlotear. Hasta que él, se acercó, y, bajandose los pantalones, llevó una mano de la desconocida, hacia su protuberancia.
"Ojalá poder escuchar su conversación", me dije, sin quitar ojo de la escena.
Mario parecía decirle algo, justo antes, de bajarse tanto los pantalones, y los calzoncillos, y sacar su miembro, que ella, agarró con las dos manos. Comenzó a mover su pene, con movimientos rítmicos, mientras no dejaba de mirarle a los ojos. Hizo un movimiento afirmativo, con la cabeza, y se lo introdujo en la boca.
-Dios mío - dije, mientras mi entrepierna, comenzaba a hincharse. Haciendo que me tocase, por encima del pijama.
Mi vecino, sujetó su cabeza con ambas manos, mientras su pelvis, no dejaba de moverse, de atrás hacia adelante.
"Ni se te ocurra correrte, Mario", pensé, dejando caer mis pantalones y calzoncillos. Agarré mi polla, con ambas manos, mientras mis ojos, observan tan deliciosa escena.
-Joder - gemí, mientras mi vecino, la agarraba con violencia, y le bajaba los pantalones y las bragas.
La colocó de frente a mi, y, con algo de torpeza, intentó follársela por detrás. Ella, se sacó los pechos, que, sin querer, me ofreció, en todo su esplendor. Su boca, formaba una "O" perfecta, mientras Mario la embestía, cada vez con más dureza. Sin dejar de masturbarme, mi boca, comenzó a proferir gritos ahogados.
-Fóllatela bien. Vamos, Mario.
Y vaya si lo hizó. Las embestidas, aumentaron de ritmo, mientras mi mano, hacía lo mismo sobre mi polla, más dura que una piedra.
-Eso es, Mario. Haz que se corra.
Las manos de la mujer, no dejaban de moverse por el cristal de la puerta, presa de una excitación sin precedentes.
-Córrete en su boca, Mario.
Mis manos, aumentaron de ritmo, haciendo que el orgasmo, no tardase mucho en llegar. Estaba a las puertas. Y más, al ver que ella, se agachaba ante él, y lamía su dura polla. Pero, lejos de lo que pensaba que sucedería, apenas pasaron unos segundos, y ella, se colocó en la misma postura. Con las manos sobre el cristal. Mario se la folló con más dureza, si cabe. Y mi polla, estaba a punto de estallar.
Su amante nocturna, le dijo algo, que hizo que Mario retrocediese un paso, sacando su miembro. Justo en ese momento, nuestros ojos, se encontraron.
"Mierda", pensé, guardando mi polla, en los pantalones. Iba a retroceder, avergonzado, hasta que vi su sonrisa, que hizo clavarme en el sitio. Con desesperación, atrajo a Mario hacia sí, y le comió la polla, hasta el fondo. Ahora, sabiendo que tenía un espectador, al otro lado de la calle. Mis retinas, grabaron el momento justo en el que Mario se corrió, llenando su cara de lefa.
Respiré agitadamente, mientras me dejaba caer en la cama. Despacio, mi mano, buscó mi duro miembro, dispuesto a terminar. Llevaba dos sacudidas, en el momento en el que llamaron al timbre.
"Joder. Es que no puede hacerse uno una paja tranquilo...", pensé, mientras me dirigía a abrir. al hacerlo, una mujer, que me resultaba conocida, me dijo:
-He terminado con tu vecino. ¿Quieres que empiece contigo?
Y vaya si empezamos. Me atrevería a deccir, que, aquella noche, fue la noche en la que más orgasmos, tuve en toda mi vida.
