Estados Unidos fue neutral

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-¡Malnacido de mierda, levanta!- Gritó el oficial de las SS

Bastian era un chaval de estatura alta, con un pelo castaño casi negro, y unas gafas sobre su nariz recta como la de un español. Ante la orden del oficial abrió los ojos y miró a todas partes con miedo, pero indiferencia, en los ojos. Llevaba una semana sin probar bocado, subsistiendo a base de agua; y siendo torturado múltiples veces, habiendo un penetrante aislamiento entre estas torturas. No iba a perturbarse tanto por esto, era al fin y al cabo un poco mejor que el campo de trabajo forzado

-Tienes una visita, gay banderitas

Entró por una puerta un señor anciano, de raza aria y de alta estatura

-Así que este intentó matarme. ¿Seguros que es sólo eso, homosexual y comunista? Si fuese más cosas sería más difícil quitárnoslo de encima. Haría como una cucaracha y se volvería a levantar; o como las ratas, que consumen venenos baratos y siguen tranquilas. Recuerde, señor Sven Yannik, el odio que les causa el hambre vuelve más peligrosas a las ratas que cualquier hombre civilizado. Interprete el hambre como el sentimiento de ver gente morir... ¿cómo se comocía? Ah, ya, flojera

-Sí mi Führer, mi Reichprässident, estamos seguros de que es sólo eso. Aquí tiene su espada-látigo

El hombre cogió una fila de metales oxidados unidos por una cuerda erecta en la quietud, pero maleable en el movimiento

-Por qué fallaste a tu patria basura humana

Bastian se reconectó con la realidad cuando sintió un suave pero doloroso roce contra la espada-látigo

-Mátenme de una vez... qué necesidad hay

-¡Silencio! Gritó el Reichprässident, con su voz de anciano delirante, y le dio un latigazo que le voló la mitad de un brazo a Bastian

Bastian gritó de agonía, pidiendo misericordia

-Si tanto quieres que te perdone, haz algo que un verdadero alemán haría

Bastian se dio prisa para hacer el saludo Romano, pero el pie del hombre le aplastó la cabeza. La mirada del Reichprässident se invadió de locura y odio

-Judío... ¡eres judío! ¿De dónde eres?

-¡Soy de Frankfurt!

-¡Judío! Mientes... Ahhh... Inglés... ¡Eres inglés! O peor aún, ¡un sucio eslavo!

El oficial calmó a su Führer antes de que fuese a acabar con la vida de Bastian

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