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El comienzo.

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Era una noche de Abril, la brisa estaba fresca y los ratones hacían pequeños ruidos irritables, me encontraba en el suelo de tierra tan sucio y desagradable mientras mi familia intentaba mantener el calor con un pedazo de tela que logramos rescatar, estando en un lugar tan nauseabundo y desagradable es.. lindo sentir la calidez de tus seres queridos, o eso pensaba a mi corta edad de 11 años, que ingenua, no pude predecir lo que pasaría en el futuro.

—Ariadne Ginart, ¡vuelve aquí ahora jovencita!.. lo siento señor, ella suele ser más educada

Exclamó mi madre mientras intentaba escapar de sus brazos y las cadenas que rodearon mi cuello, ¿cómo era posible que las personas que más amaba me condenarán de esta manera?, ¿Cómo podrían venderme por un par de sucias monedas de plata? Eso pensé, pero solo fue el comienzo de mi interminable tortura.

Volvemos al presente en el que están ahora

Mi mirada estaba gacha mientras servía él té a ese monstruo llamado Felipe, Felipe Miller Brown, los últimos 4 años fueron una verdadera tortura llenos de abusos constantes, es imposible que siga viva después de todo eso.
Mi cuerpo estaba tan débil, casi en la ruina, lleno de cicatrices de cortes y moretones, estaba sucia y mal oliente por el castigo que había recibido, nuevamente por intentar escapar, las bolsas debajo de mis ojos eran realmente notorias, casi parecía un muerto viviente, aunque no permitiré una muerte tan patética, aún tengo que seguir luchando y salir de aquí, eso tenía en mente hasta que mi mente fue interrumpida por la voz de ese desagradable mounstro otra vez.

—El té está frio, ¿no puedes hacer una simple cosa bien? Deberías agradecer que no estás en ese sucio lugar plagado de ratas, pequeña zorra mal agradecida.

De repente él se levantó y me dió una abofetada provocando que caiga al suelo, ni siquiera fue tan fuerte pero caí como una pluma, hubiese muerto en ese momento si no hubiese sido interrumpida por otra sirvienta que acababa de entrar.

—Disculpe mi señor, son noticias del palacio real, acaban de llegar.  Exclamó la mujer mientras daba una pequeña reverencia con una carta en mano.

—Déjame ver eso. Exclamó Felipe tendiendo su mano hacia la envoltura de la carta.

—Aquí tiene, señor. Dice con su mirada baja.

La mujer había extendido su mano en una carta con el papel más fino y delicado que pudieron obervar mis ojos, la mirada de desprecio del duque desapareció al tener en sus manos la carta real, yo quedé en el piso con mi mejilla roja y por poco agonizando, el duque se puso de pie y me levanto del cabello cerca de su rostro como si fuera un trapo sucio.

—Tú vendrás conmigo, quítate esa basura antes de que cambie de opinión, ¿me escuchaste?. Su mirada era de puro desagrado y maldad como si fuese superior a mi.

Simplemente asenti y soltó mi cabello provocando que mi cabeza quede en el suelo otra vez, no sabía a dónde iríamos o que haríamos pero no iba a ponerme en su contra.
Estaba cansada pero necesitaba cambiar mi ropa sucia y al menos limpiar un poco mi rostro sucio y descuidado. Fui fuera del palacio al pozo y tomé un poco de agua para limpiar mi cara y respirar un poco de aire fresco, ni siquiera podía hablar correctamente, mi garganta dolía como el infierno.
Después de eso volví hacia dentro del palacio una vez más para poder cambiar mi vestido negro de sirvienta por uno azul, sabría que el duque se enojaría si fuera a algún lugar sucia, coloque mi delantal y amarré mi pelo con un Katyusha quedando como nueva.
Una vez termine busque al duque por todo el palacio hasta que lo ví fuera una vez más, lo seguí hasta la entrada del palacio y me mantuve cerca de él sin decir una palabra, finalmente el carruaje estuvo listo y nos fuimos hasta el próximo destino.

Una vez salí del carruaje quedé dislumbrada por la hermosa flora y fauna del lugar, un rosedal gigante y unas cuantas flores aquí y allá, parecían los lugares de cuentos de hadas que mis padres contaban con tanta alegría en aquellos tiempos, volví a la realidad cuando ví a más gente por el castillo y el duque hablándome de manera mas amable con falsedad, los invitados al castillo fueron formándose en filas para entrar al lugar con cada uno de sus acompañantes, el duque era amigo íntimo de la reina y usualmente lo invitaban a reuniones de té como estas, junto con 3 duquesas sin sus acompañantes, es la primera vez que venía como una acompañante del duque, solo había oido sobre los acontecimientos por otras sirvientas, mientras caminábamos a paso lento pero firme admiraba las hermosas flores que recorrían el lugar.

—Al fin llegaron mis estimados invitados, puedo apreciar que tardaron un poco en llegar, ¿Hubo alguna complicación en el camino?.

Cuando levanté mi mirada ví a una hermosa doncella, la cual quedé cautivada por su belleza, sin dudas era la hija mayor de la reina, una joven de buen ver y escuchar.

—Pasen por aquí, por favor y tomen asiento.

Su voz era dulce como la miel, su cabello era del color de las avellanas, su piel era realmente blanca, casi brillaba, debajo de sus ojos tenía dos pequeños lunares que casi pasan desapercibidos y sus ojos.. sus ojos eran de un intenso gris con una chispa azulada en ellos, realmente envidié su belleza cuando la vi pero solo me quedé en silencio mientras el Duque hablaba.

—Disculpe su majestad, no, no tuvimos complicaciones solo.. fue un pequeño desvío por parte de mi sirvienta.

Él había extendido su mano tomándome por la muñeca con algo de fuerza bastante disimulada y luego hizo que diera un paso al frente mientras los ojos de la bella mujer estaban sobre mi ahora, sintiéndome un poco humillada solo bajé mi mirada y no solté ninguna palabra.

Ai ajuns la finalul capitolelor publicate.

⏰ Ultima actualizare: Jun 04, 2024 ⏰

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