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Paul


Desde el momento en que Álex me sugirió acompañarlo a Córdoba, supe que sería una aventura inolvidable. No había visitado antes la ciudad, y la idea de explorarla con un amigo local me entusiasmaba. Después de tantos meses de competencia en Operación Triunfo, necesitaba un cambio de escenario y una buena dosis de normalidad.

El viaje fue rápido y lleno de conversaciones animadas sobre nuestras experiencias en el concurso y las maravillas que Álex me prometía mostrar en su ciudad natal. Al llegar, quedé impresionado por la belleza y la historia que emanaba cada rincón de Córdoba.

Comenzamos nuestra exploración caminando por las calles adoquinadas, donde cada esquina parecía contar una historia diferente. La arquitectura, las flores colgando de los balcones, y la energía del lugar eran simplemente cautivadoras. Álex me llevó a la Mezquita-Catedral, un lugar que describió como el corazón de Córdoba. Me quedé sin palabras ante la magnitud y la belleza del edificio. Álex me explicó la rica mezcla de culturas que representaba, y no pude evitar sentirme pequeño ante tanta historia.

Después, cruzamos el Puente Romano, disfrutando de las vistas del río Guadalquivir. La brisa era refrescante, y la compañía de Álex hacía que todo pareciera aún mejor. Charlamos sobre nuestras esperanzas para el futuro y las cosas que queríamos hacer ahora que el concurso había terminado.

Nos adentramos en los laberínticos callejones de la Judería, donde las casas blancas y los patios llenos de flores parecían sacados de un cuento. Era fácil perderse en la belleza y la calma del lugar, un respiro perfecto después de la intensidad de los últimos meses.

— Te noto cansado — dijo el chico de ojos verdes en tono burlón mientras me miraba.

— Para nada... No es como si nos hubiesemos recorrido casi toda la ciudad en una tarde... — bufé irónico parando de caminar.

No mentía, ya eran las 19:35, no habíamos parado la pata. Que si por aquí, que si por allá; no sabía que la ilusión de enseñarme su ciudad era tanta.

— Si quieres podemos parar en un sitio a tomarnos algo— soltó sonriente mientras me miraba —. Es un lugar muy especial...

No tuve que pensarlo dos veces; estaba cansado, necesitaba sentarme y tomarme algo para retomar la energía para investigar un poco más la ciudad del chico. Nos adentramos en las calles cordobesas en busca de ese sitio tan especial que dijo.

Al llegar, fui recibido por el aroma acogedor del café y un ambiente que inmediatamente me hizo sentir a gusto.

Álex saludó con entusiasmo a una camarera que claramente conocía bien, me fijé en el lugar mientras ellos tenían una breve conversación tipo "¿Qué tal has estado?", "¿Cómo has cambiado", etc.

— Pablo, ven, te presento a una amiga de toda la vida — me hizo una seña para que fuese donde ellos—. Ella es Miriam.

Ella me miró con una sonrisa mientras se acercaba para darme dos besos y, con la voz más dulce que jamás había escuchado, dijo: "Encantada, Pablo"; el cual contesté con un "Igualmente, Miriam" mientras le sonreía como un tonto.

Tomamos asiento después de una breve charla mientras ella volvía detrás de la barra, sin embargo, mi mente seguía fija en ella. No podía apartar de mi mente su sonrisa encantadora, sus labios delicadamente delineados con un tono rojo intenso, sus ojos grandes y luminosos que irradiaban calidez, su cabello castaño ondeado sutilmente, adornado con un lazo que hacía juego con el color de sus labios.

From The Start - Paul ThinWhere stories live. Discover now