— ¿Un beso?—preguntó ella.
— No cualquier beso, se le llama "Beso de amor verdadero"—aclaró señalando sus labios.
—¿Por qué tiene un nombre tan bobo?
— ¿Conoces el cuento de la bella durmiente?
—Si... ¿Qué tiene que ver eso?
—Maléfica hechizó a Aurora para que cayera en un sueño eterno, quien fuera su amor verdadero seria capaz de despertarla de la muerte.
Ella pisaba las hojas secas que se encontraban en la tierra húmeda de aquel bosque. Una tarde fría y nublada que la neblina alcanzaba sus rodillas.
— Ya, había olvidado ese cuento de niños pequeños, pero ya todos sabemos el otro lado de la moneda —contestó aún mirando las hojas que pisaba en el suelo.
—No cambies el tema, sabes que quiero ser ese beso quien despierte tus esperanzas muertas para el amor. Quiero que seas mi Aurora.
Ella dió un suspiro muy profundo para llenar sus pulmones y después sacar el aire por completo. Dejó de mirar aquellas hojas trituradas y se dedicó a mirarlo. El desvío sus ojos del camino para también mirarla a ella. Los dos en el camino, mirándose uno al otro, ella dio pequeños pasos hacia el y quedaron a centímetros. Mirando hacia arriba por la gran diferencia de altura ella decidió preguntar:
—El hechizo que maldijo a Aurora fue por culpa de su padre, un hombre que se dejó llevar por la avaricia del poder, y para conseguirlo tuvo que sacrificar aquella promesa que una vez le dijo a la doncella con la que creció, la lastimó, y consiguió su poder. Pero a consecuencia la doncella obtuvo dolor y resentimiento dedicados a el y dejó de creer en las promesas del amor.
La malicia del hombre que una vez prometió regalar un beso de amor verdadero se convirtió en el verdadero hechizo, para que al final, quien despertara a su linda hija del sueño mortal no sería nada más ni nadie menos que la doncella. La que si conocía el amor verdadero.
El no desvío la mirada de ella, y viceversa. Los dos mantuvieron su postura firme y cautelosa.
—Empezó a amar a Aurora, a la hija del hombre quien le quitó las alas y se aprovecho de ella para ganar poder—continuó ella— ¿Puedes maldecir aquello lo cual amas?
—¿Tienes miedo de que sea el hombre que te arrebate tus esperanzas?
—No, tengo miedo de convertirme en Aurora, o aún peor... En Maléfica.
KAMU SEDANG MEMBACA
Melancolía
RomansaLa inocencia de un niño no conoce que es la malicia. Pero la perversidad de un adulto conoce lo que es y mucho más. Arrebatarle lo que más ama una persona simplemente por satisfacción de dañar es lo que el hombre ya está acostumbrado. Lana es una c...
