Noches de Primavera

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Todo empezó una noche como cualquier otra de aquél funesto mes.

Dos de la mañana y estoy en el pequeño puente cruzando el pequeño riachuelo, el puente es estrecho, hecho de roca y bastante descuidado. Un plateado arroyo pasa por debajo, reflejando la luz de la brillante luna menguante, que es apenas una fina línea esta templada noche de primavera.

En mis auriculares suena música triste y lenta, y estoy observando al infinito pensando en todo lo que ha pasado desde que empezaron las vacaciones. Nada parece ser lo correcto y lo único que me trae paz en estos días es estar aquí en el puente abandonado en el cual he pasado las últimas noches.

De nuevo contemplo la posibilidad de tirarme, quien sabe, el puente es lo suficientemente alto para matarme y no veo una mejor solución que suicidarme.
Bueno, al menos no esta noche, no, esta noche simplemente me apetece pasar un buen rato a solas.

Termino de cruzar el puente y me dirijo hacia su sombra, allí a la orilla del río he puesto unas cuantas mantas a lo largo de la semana y unas cuantas velas medio derretidas que esta noche no encenderé.

La canción está acabando y sé de sobra cual va a ser la siguiente, me sé la lista de memoria, la he escuchado tantas veces que me sé todas las canciones y de quien son cada una de ellas. Mi personalidad esta aquí plasmada en estas ciento ocho canciones que escucho dia y noche, la mayoría son tristes, alguna antigua de desamor o incluso dos de ellas hablan de una historia de amor ideal. Por supuesto todas tienen una melodía lenta, la mayoría están acompañadas por violines y guitarras. Voces rotas de decenas de cantantes suenan una y otra vez en un bucle eterno.

Me siento finalmente entre las mantas y me acurruco entre ellas para no perder el calor, aunque esta noche es particularmente cálida para esta época del año. El rumor del río suena entre los largos silencios de las canciones y los sonidos de algun grillo inundan la noche.

Pienso, igual que he pensado tantas otras noches, pienso en mi vida antes de todo esto, pienso en que ha podido pasar para llegar hasta donde estoy ahora, pienso en todas las veces que me he sentido igual y en las docenas de veces que he acabado llorando. Pienso en un sueño largo tiempo enterrado, pienso y sueño, me imagino una buena vida en un lugar muy lejos de aquí, donde tenga a alguien que me quiera y no solo me use, donde pueda escapar de todas mis pesadillas, donde pueda dormir tranquilo sin arrepentirme de nada, donde no tenga que estar bajo este puente, donde mis sentimientos no son enterrados en lo más profundo de mi alma y donde pueda por fin desahogarme. Porque asi es como me he sentido todo este tiempo, ahogado en mis propios sentimientos acallados por peores pensamientos.

Sin darme cuenta me he mordido el labio y el metálico sabor de mi sangre me libra por un rato de los malos pensamientos que rondan mi cabeza como halcones esperando ver una presa. Es entonces cuando fijo mi mirada en el rio, un tranquilo riachuelo, de no mas de unos pocos metros de ancho, y aun asi con rápidas y vigorosas corrientes, bullendo de vida el día y plateado y silencioso de noche. Sin embargo esta vez algo es distinto, he observado el mismo cauce de agua día y noche, centímetro por centímetro, piedra a piedra. Pero esta vez algo ha cambiado. No lo puedo ver, todo sigue igual que siempre pero lo presiento, algo es distinto en el río. Algo extraño y a la vez familiar.
Antes de que me dé cuenta un tímido resplandor aparece por entre los arboles, está amaneciendo y el cielo empieza a clarear.

Me dirijo rápido a casa, entro por la ventana intentando no hacer el más mínimo ruido y me meto en mi cama. Nadie me ha oido, igual que todas las noches. Me quito los cascos y los pongo en la mesita de noche junto al MP3 y me intento relajar. Respiro hondo y antes de que me dé cuenta estoy dormido.

Cuando me despiertan los pájaros cantando por la ventana me levanto, estiro mi cuerpo y miro el reloj de mi mesita de noche. Las doce y treinta y siete, he dormido bastante más de lo que queria pero igual no tengo nada que hacer en el día asi que con cuidado me calzo las zapatillas y bajo a desayunar. No hay nadie en casa, mi padre seguro se ha ido ya a trabajar asi que no volverá hasta tarde. Le acerco a la cocina, me preparo una taza de café bien cargada y me vuelvo a mi habitación.

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