Giselle se apresuró a salir de su casa al ver la hora en el reloj de la cocina terminando de desayunar una taza de café y trozo de pan con mermelada de zarzamora, que por poco mancha su bufanda blanca. Cerró la puerta para después caminar rápidamente por las estrechas calles de Krat inundadas de gente, carrozas y marionetas para llegar al taller de Giuseppe Geppetto al centro de la ciudad. Giuseppe Geppeto, un hombre mayor, era el inventor más importante de la ciudad de Krat, pues él había creado las marionetas automáticas: máquinas humanoides que respondían a cualquier orden y hacían todo tipo de trabajos. Las marionetas trabajaban como policías, oficiales de tránsito, mayordomos, mineros y sirvientes. Las marionetas sirvientes eran un lujo para las altas clases y se les veía en cada rincón de la ciudad. Las marionetas consideradas obreras podían verse tanto en barrios de clase alta como baja, trabajando lado a lado con las personas.
Al detenerse en una calle abruptamente, Giselle se quedó en la esquina mirando los carruajes pasar por las calles mientras ella se mantenía en la banqueta, cuando sintió algo cerca de ella. Al voltear miró una marioneta de tránsito, sosteniendo un letrero de alto en la mano y con su uniforme azul pintado. Ella se alejó de inmediato de mientras los pelos se le ponían de punta y evitaba emitir algún grito, por lo que solo se sostuvo el pecho. Giselle odiaba las marionetas, no toleraba verlas sabiendo que parecían personas y que cada vez que mejoraban aquellas máquinas trataban de hacerlas más realistas, más humanas. Por ahora daba gracias a que el taller de Geppetto no tenía alguna de estas cosas, al menos no completas. El hombre tenía planos y diferentes piezas por todo el taller, pero al menos no había cabezas o rostros, que era lo único que la ponía nerviosa.
Desde niña siempre había tenido miedo irracional a las muñecas y aunque su familia era pobre, al menos intentaron regalarle una muñeca de porcelana por su cumpleaños número 9. Su tía, que trabajaba como sirvienta para una de las familias ricas de la ciudad, ahorro durante un tiempo para comprarle una muñeca. Giselle recibió su regalo envuelto en papel periódico y la destapó con emoción, pero al encontrarse con la muñeca de porcelana mirándola con esos ojos grises de vidrio y sonriendo levemente con sus labios pintados de rosa, lloró y alejo la muñeca, suplicando a sus padres que no le acercaran aquella cosa tan espeluznante que la miraba con cara inexpresiva. La muñeca fue regalada a su hermana menor. Con el paso del tiempo aquel miedo seguía presente, solo que ahora evitaba llorar y huir cada vez que veía una marioneta, porque como ya le habían dicho, ya era bastante grande para esas cosas, pero también porque la ciudad estaba llena de ellas y no era buena opción gritar cada vez que veía a una, aunque sus entrañas se lo pedían.
Los carruajes se detuvieron a la señal del tránsito que levantaba la marioneta y Giselle volvió a correr hasta llegar al taller tragando el último mordisco de pan. Tomo las llaves, giró la cerradura en la puerta y entró al taller. Dejó su bolso, sombrero y un paraguas en el perchero a un lado de la entrada y en el fondo logró divisar a alguien dormido en el escritorio. Giselle se quedó callada y miro en el suelo una botella de wiski medio vacía, lo que le causó un nudo en la garganta. La chica respiró hondo para tomar y fue caminando hasta el hombre, sentado y dormido con medio cuerpo en la mesa. Lo tomó por los hombros y lo sacudió levemente hablándole con dulzura.
- Señor Geppeto, oiga, ya es de día, arriba - la sacudida se hizo un poco más agresiva hasta que el hombre inhalo con fuerza abriendo los ojos.
Al incorporarse en la silla sosteniendo su cabeza, Giselle le dio una sonrisa. El hombre se tallo los ojos irritados por la luz y se apoyó en la mesa.
- Volvió a dormirse en el taller, ya le había dicho que debe dejar el alcohol, es malo para usted - la joven caminó hasta las ventanas y las abrió, también recorriendo las cortinas - le prepararé un café, iré por su desayuno también ¿qué le apetece?
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Sombras de Krat
FanfictionDespués del fallecimiento de Carlo, su padre, Giuseppe Geppeto, se sume en una fuerte depresión, así que Giselle, una chica que vivió en la Casa de Caridad de Monad, se propone ayudarlo a salir adelante. En el transcurso de que se convierte en asist...
