Karen recorría los pasillos de forma descuidada. Su forma de caminar demostraba confianza. En toda su vida nunca se había visto sobrepasada por un renegado. Ella llevaba años cazándolos y conocía las debilidades y fortalezas de cada uno. Había nacido para cazarlos, y su motivación era solo el placer de asesinar.
El sonido de un cristal quebrándose, acompañado de un agudo chillido parecido al de un animal siendo golpeado, inundó todo el lugar. La chica de cabello negro y lacio sonrió, revelando un rostro lleno de complacencia. La presa había caído en su trampa. Sin prisa, caminó hacia el origen del sonido, mientras que de su brazo izquierdo sacaba un brillante látigo dorado.
Al llegar al lugar, lo encontró vacío. Sus ojos brillaron como dos perlas preciosas, y su sonrisa se tornó retorcida. Su semblante se volvió diabólico. Azotó el látigo tres veces contra el suelo mientras soltaba grandes carcajadas que llenaban todo el lugar.
—¿Quieres jugar? Juguemos —dijo la chica, mientras soltaba una risa siniestra—. ¿Qué estás esperando? Sal de donde quiera que estés; prometo acabar contigo de un golpe.
Su forma de hablar haría temblar hasta el más rudo de los hombres. Los renegados sabían muy bien quién era. Sabían que enfrentarse a ella era un suicidio. Pero, ¿Qué podía hacer aquel monstro? Su suerte ya estaba echada.
Karen caminó hasta el siguiente pasillo, ansiosa por encontrar acción. El sonido de su látigo dorado, el cual arrastraba por todo el edificio, y sus tacones negros anunciaban su llegada. Al mirar hacia el fondo del pasillo, la cara de la joven se llenó de emoción, pues justo ahí estaba aquella bestia que tanto estaba buscando.
Su silueta era parecida a la de un humano, pero de sus costillas brotaban brazos que terminaban en forma de puntas. Su rostro estaba lleno de ojos, donde solo se podría diferenciar una enorme boca, de ella surgían unos dientes largos y afilados. Sus piernas eran semejantes a las de un guepardo, y de su espalda sobresalían huesos que parecían poder cortar el viento.
La bestia se abalanzó con furia sobre la chica. Su objetivo parecía ser acabar con ella de un solo golpe. Su velocidad estaba por encima de la de un humano promedio. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, dio un salto con el que quedó por encima de la chica. Una vez en el aire, miró hacia abajo intentando ubicarla, mientras apuntaba con su segundo brazo derecho. Pero, para su sorpresa, ya la chica no se encontraba. Al caer, miró a su alrededor buscándola. Sin embargo, cuando quiso localizarla, ya fue demasiado tarde.
La chica, quien ahora tenía un semblante frío, tomó el látigo y, al soltarlo en el aire, este se tornó tan rígido como una espada. Antes de que el renegado pudiera siquiera reaccionar, pasó su látigo por los huesos de su espalda, y estos cayeron como si fueran papel.
Un fuerte grito salió de la bestia, y esa distracción fue suficiente para que Karen rodeara el cuello de su víctima con el látigo, que nuevamente había vuelto a ser tan flexible como una cuerda. Una vez asegurada, la chica, con una sonrisa diabólica, pronunció:
—Yo gané.
Acto seguido, giró uno de los extremos de su látigo, y este, lleno de púas, arrancó la cabeza del renegado, que aún se intentaba recuperar del anterior ataque.
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ECOS DEL COMETA
Science Fictiondespués del paso de un extraño cometa, el ser humano se ve afectado por una especie de virus que le otorga habilidades sobre humanas. sin embargo, estas habilidades deforman el cuerpo y eliminan la capacidad de racionar, transformándolo en un comp...
