Capítulo 1

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EL ROBO.

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—¿Señora Herrera?

Exhalo el aire que contengo en mi pecho, termino de repasar el último salmo para luego arrodillarme frente al pequeño altar. Alguien toca mi hombro de repente, tal así que me giro para ver quién es.

—Señorita Herrera —Ana, mi mucama, parecía estar demasiado agitada—. Lo siento, señora, pero la señorita Sofía está en la sala esperándola.

Me levanto de un salto y le agradezco a Ana mientras que le entrego mi biblia. Salgo un poco apresurada por el pasillo hasta llegar a la sala principal de la mansión. A lo lejos veo a Sofía, mi cuñada, junto a su hijo adolescente Andrés.

—Sofía, querida, siento mucho haberme tardado —la saludo con un beso en la mejilla al igual que a Andrés—. Estaba terminando mi salmo semanal.

—Ay, Valeria, tú siempre tan de Dios... —Andrés bufa cuando escucha esto, ella le pasa la mano por la espalda—. Ve al patio, Andrés, tengo un tiempo con tu tía Valeria.

Él, sin decirle nada, camina arrastrando los pies mientras no deja de teclear en su Blackberry.

—Por cierto, Sofía, ¿vendrás esta noche? —Pregunto mientras caminamos juntas hacia la cocina. Ana se acerca y la saluda con la mirada hacia el piso.

Sofía aplana los labios.

—De eso quería hablarte, amiga, esta noche no podré venir. Ya se lo dije a Sebastián, pero él me dijo que te lo dijera personalmente —Ana llega apresurada para preparar café—. Esta noche tengo una cita, luego de dos largos años.

Sofía habría perdido a su esposo, Jason, en un accidente aéreo.

—¡¿Cómo me enojaría con eso?! Me alegra escuchar que saldrás de la cueva.

—Sí, lo sé, pero me apena dejar a Andrés solo.

—Pues... Que venga a la fiesta.

Sofía puso una triste mirada.

—Andrés no quiere socializar con nadie, ya me lo dijo. Y es difícil entenderlo, en estos dos años no ha hecho nada más que estar indeciso con su carrera. Y las novias... Uf, ni te cuento, el otro día mi mucama encontró preservativos usados debajo de la cama. ¡Habían más de tres! Y tres chicas distintas estuvieron ese día.

Vi la frustración llegar a los ojos de Sofía.

—Tranquila, amiga, es adolescente. Y ya elegirá una carrera, de seguro será un gran cirujano como su padre.

Caminamos hacia la cocina, y Ana nos sirve el café con discreción.

—Pero bueno, cambiemos de tema. ¿Cómo van las cosas con la cafetería?

Sofia esquiva la mirada.

—Todo está yendo bien, Valeria. Pero...

—Pero ¿qué, Sofía? —pregunto, sintiendo que hay algo más.

—Hay algo que debo decirte, algo que vi.

Mis ojos se encuentran con los de Sofía, y un escalofrío recorre mi espalda.

De repente la puerta de la entrada hace un estruendo, veo a Ana correr hacia mí mientras que Sebastián atraviesa el pasillo. Sofía parece estar incómoda.

Él me da un beso en la mejilla, mientras que a su hermana le da un abrazo en silencio.

—Sebastián, ¿por qué llegaste tan temprano?

Pecado MortalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora