1 - Roces, Encuentros y La Explosión

1K 22 8
                                        

ROCES

Fuertes gritos y golpes se escuchaban desde la habitación de Iván. El nene de tan sólo seis años ya estaba acostumbrado a esa situación, sus padres se estaban peleando otra vez. Mejor dicho, su padre estaba amenazando (y golpeando) a su madre. Aunque fuera algo recurrente, Iván no pudo evitar encogerse en un ovillo y llorar de miedo. Tampoco pudo dormir hasta que finalmente el silencio dominó la casa, lo que significaba que, al menos por aquella noche, todo había terminado.

Al día siguiente, su madre fue especialmente cariñosa hacia él. Jacques Noiret había decidido mandarlo a un internado, y Valentina estaba en contra. Noiret sabía que su mujer estaba peligrosamente cerca de descubrir la verdad - que su verdadero hijo había nacido muerto, y que Iván había sido comprado aún recién nacido. No sabía qué podía hacer Valentina o cómo iba a reaccionar, así que era mejor quitar al niño del medio.

—¿Qué te pasó en el ojo? — preguntó a su madre mientras desayunaban juntos. Su padre ya se había marchado a trabajar.

—¡Es que mamá es muy torpe! — Dijo Valentina intentando reír y dándose cuenta de que no se había maquillado lo suficiente. —Me he caído en el baño, pero no pasa nada.

Su hijo se quedó mirándola en silencio unos segundos.

—Te quiero mucho, mamá. — La sorprendió con un abrazo y Valentina aguantó las lágrimas. Ya basta, tenía que hacer algo por ella y por su hijo.

🧵

En el amplio piso dónde vivía la pequeña Julia con sus papás, también estaban desayunando, pero el ambiente era muy diferente. Daniel preparaba un sándwich a su hija, separando las cortezas del pan.

—Ay, cariño, ¡no hagas eso! Julia es grandecita, tiene que comerla, no pasa nada.

—¡Pero no me gusta! — Se quejó la niña, golpeando la mesa con los cubiertos.

—Ya, Juli, aquí está. — Su padre le pasó el plato con el pan - sin corteza - relleno con queso y jamón.

—Le haces todos los gustos. — Elena resopló, poniendo los ojos en blanco. —Por eso está así, cada día más mimada.

—Yo no soy mimada! — Respondió Julia, aunque no sabía qué significaba.

—No le hagas caso, cariño. — Le dijo su padre con dulzura. —Oye, Elena, mira la hora que es, ya te despiertas de mal humor! — Se miró el reloj y se sorprendió —Hostias! Yo me tengo que ir ya, que tengan lindo día. — Besó la frente a su hija y a su mujer solamente le dedicó una caricia en el hombro. El casamiento no estaba en su mejor momento.

—No quiero que te vayas, papá. ¡Déjame ir contigo a tu trabajo! — Propuso Julia sonriendo.

—¡Pero Julia, por favor! No seas pesada. Tu padre está muy ocupado y tú tienes que ir al cole, no te hagas la listilla.

—Pero sólo hoy. — Hizo un mohín.

—Vaaaaaale. — Daniel le guiñó un ojo. —Coge una mochila y pon tus muñecas o algo para jugar. Puedes quedarte conmigo en mi despacho.

—¿Cómo? Pero Daniel, ¡eso es el colmo!

—¡Qué va! Es sólo un día, no pasa nada.

—¿Cómo que no pasa nada? Si te pide mañana y después, ¿se lo dejas también?

—No, claro que no. Pero eso no va a pasar, ¿no Juli? Me tienes que prometer que te vas a esforzar en el cole también, ¿me lo prometes?

—¡Sí! — Dijo ella, animada mientras Elena bufó, enfadada.

Hilos Invisibles 🧶Stories to obsess over. Discover now