Era un día de primavera de 1937 cuando Guillermo Ochoa, un joven mexicano de 25 años, quién dedicaba sus vida al negocio familiar, conoció a Lionel Messi, un argentino de 22 años, que vino a probar suerte a México, huyendo de la crisis económica de su país. No necesitaron mucho tiempo para enamorarse, basto con un "Hola" del argentino, con ese acento tan marcado y esa sonrisa tímida, para que el mexicano quisiera saber todo sobre el chico.
Así fue como inicio, pero era 1937 y la relación entre dos hombres no sólo eran mal vistas, eran un crimen, una enfermedad mental, algo inconcebible, por lo que ambos trataron de negar su atracción, se fueron conociendo como simples amigos, hasta que inevitablemente no se pudieron engañar más y terminaron aceptando su amor, nadie tenía que saberlo, nadie debía saberlo, así eran felices, con su relación de "mejores amigos" ante la sociedad y amantes a escondidas.
El amor estaba en el aire, igual que la mu3rt3...
Fue en la primavera de 1939 cuando estalló la guerra, el nacer de las flores se vio opacado por las miles de muertes, aunque la guerra ocurría al norte de Europa y México no tenía mucho asunto en aquel conflicto, de igual forma no se evito que se reclutaran jóvenes para apoyar en la guerra, entre ellos estaba Guillermo Ochoa, quien fue seleccionado junto a otros miles de mexicanos para apoyar a los países aliados al frente de la batalla.
— Por favor no te vayas Guille. — el argentino suplicaba entre sus brazos, sintió que su vida se acababa cuando se enteró que su amado iría a la guerra.
— Voy a estar bien Leo. — mentía, en realidad no lo sabía, pero quería creer que estaría bien, quería tener la esperanza de que volvería con su amado. — voy a volver y por fin viviremos juntos, pondremos un pequeño negocio y vamos a hacer el jardín que tanto deseas, me vas a esperar, ¿Verdad, amor?
— Si, toda la vida si es necesario. — con un beso y un abrazo se despidieron, antes de la partida.
Guillermo estaba asustado, intentaba mantenerse fuerte, pero en las noches se quebraba al recordar a su amado, sollozaba bajo en esa horrible tienda de acampar en el frío campo, deseando tanto estar en los brazos de Lío.
— ¿Todo bien hermano? — se escuchó la voz de alguien fuera de su tienda, le asusto por un momento que lo escucharán llorar y se burlaran de él.
— Todo bien, gracias. — se limitó a decir.
— Soy Andrés Guardado, mi tienda está al lado si necesitas hablar estaré despierto.
A partir de ese momento Guillermo y Andrés se volvieron inseparables, se contaron cada uno de sus secretos y tormentos, Guillermo incluso se atrevió a confesarle su relación con Messi, con el temor que lo viera como un monstruo, pero para su sorpresa no se alarmo ni lo juzgo, pues Andrés le confesó que él también estaba enamorado de un hombre, esa confesión hizo que su relación se volvería más estrecha.
La vida en la guerra no era fácil pero hasta el momento no habían tendido que enfrentarse a nadie y parecía que no lo tendrían que hacer, pues la guerra estaba a punto de finalizar, sin embargo, las cosas no salieron como se esperaban y aunque se suponía que ya no deberían haber enfrentamientos, un bando enemigo inicio un ataque tomandolos desprevenidos, todo paso muy rápido, pero para los soldados mexicanos fue eterno.
Miles de balas por todas partes, estaban en un campo abierto, no había lugar para refugiarse, Guillermo y Andrés se miraron, intentaron cubrirse la espalda, logrando darle a unos cuantos, pero de un segundo a otro Andrés sintió el cuerpo de su compañero caer, un disparo justo en el pecho y otros dos más en el abdomen, cayó al suelo junto con él, intentando aislarlo un poco de las balas.
— Nooo Guillermo, hermano no me hagas esto. — presionó sus heridas intentando parar la sangre pero era imposible. — Vas a estar bien, vas a estar bien.
— No Andrés, yo no. — hablaba con dificultad. — yo no voy a estar bien.
— Cállate, si vas estar bien, vamos a volver y me vas a llevar a tu casa, cabron me tienes que preparar tus famosas tortas. — Andrés intentaba bromear, mientras sus ojos se nublaban de lágrimas y sus manos intentaban hacer todo por parar la sangre.
— No. — las manos de Guillermo detuvieron las de Andrés. — Andrés no voy a estar bien, muchas gracias por todo amigo, por favor llévame a casa con Lionel, dile que lo amo, pídele perdón por no poder hacer su jardín, dile que siempre será el amor de vida, por favor Andrés promete que me llevarás con él.
— Te lo prometo amigo.
— Gra gracias. — fueron las últimas palabras antes de que sus ojos quedarán abiertos y su respiración se debilitará, hasta que finalmente su alma dejo su cuerpo para siempre.
Andrés cerro sus ojos, gritaba de dolor pero entre el sonido de las balas nadie pudo escuchar, tomo su rostro y le dio un beso en los labios aún tibios, pues nunca pudo confesarle, que ese hombre del que estaba enamorado era él, era demasiado tarde.
Andrés se mantuvo abrazando el cuerpo de Guillermo hasta que la batalla ceso, envolvió su cuerpo y se encargo de que llegará a México, tal como lo prometió, estaba en shock, sentía que esa no podía ser su vida, no podía haber visto morir en sus brazos a la persona que amo, Dios no podía ser tan cruel, no podía, pero esa era la realidad.
Cuando tuvo que entregar el cuerpo a Messi, sintió un profundo dolor, el argentino le suplicaba que fuera una broma, Guillermo no podía estar en una caja, no podía ser sólo un montón de huesos, a Messi poco le importo la forma extraña en que la gente del pueblo lo veía por llorarle tanto a un "amigo", Messi sintió que una parte de él murió junto con Guitarra, el amor de su vida no volvió.
Los años pasaron pero el dolor nunca se fue, Andres tuvo que fingir y casarse para seguir los estándares de lo que "un hombre debe ser", tuvo una bonita familia, unos lindos hijos y momentos felices, pero en su mente Guillermo siempre quedaría como su amor imposible, soñando con él cada día hasta el final de su vida.
Mientras que Messi intento sobrevivir haciendo lo que tanto le hubiera gustado a Guillermo, fundó ese pequeño negocio que era su deseo y planto el jardín en el cual soñaron envejecer juntos, hasta la muerte, nunca se volvió a enamorar, ni siquiera lo intento, Lionel prometió esperarlo toda la vida de ser necesario, así lo haría y así fue.
Fue una primavera de 1977, Lionel Messi, un argentino de 62 años, dueño del negocio de tortas más famoso de la región, se sentó en su jardín y sufrió un infarto fulminante, su cuerpo fue encontrado junto a la tumba de su amado. Fue en una primavera, como la primera vez que se vieron, cuando se volvieron a encontrar.
— Te dije que volvería mi vida.
— Y yo te dije que te esperaría toda la vida.
Porque la muerte no puede detener el amor, sólo puede demorar su encuentro.
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Volveré
FanfictionGuillermo Ochoa debe ir a la guerra, dejando atrás a su amado, Lionel, promete volver, volver a sus brazos.
