En una mañana, agradablemente soleada, me paseaba sin rumbo fijo por los pasillos de la escuela - La preparatoria 8 -, no esperaba mucho de mis futuros compañeros, mucho menos de mis profesores, a quienes imaginé que serían aburridos y, sobretodo, feos. Pero, en un giro inesperado, lo encontré. Al hombre de mis sueños.
Pepe.
Así se hacía llamar y en el primer instante en el que nuestras miradas se cruzaron, sabía que sentía algo por él, algo que no había experimentado con nadie más.
Mis pasos, con una mezcla de nerviosismo y emoción, resonaban en el piso fabricado en base a cemento, muy característico. Y, aunque conocía la escuela como la palma de mi mano, no pude evitar perderme más de una vez debido a que estaba únicamente centrada en imaginar al hombre que robaba mis suspiros. Las imágenes en mi mente se hacían más vívidas con cada segundo que pasaba y podía jurar que sentía sus labios sobre los míos, encontrándose en un vaivén romántico y, en ocasiones, apasionado.
Mis mejillas se tornaron en un color carmesí solamente ante la idea, de la posibilidad de que mis sueños se hagan realidad. Con él.
El aire alborotaba mi cabello, cuidadosamente sujetado por una pinza - Que había adquirido de una forma inusual -, y mi suéter, de un brillante color rojo, abrazaba mi cuerpo de una forma que conocía muy bien. Finalmente, tras muchos caminos equivocados e incómodos saludos, llegué al lugar indicado.
Como hacía cada día, se podría decir que casi religiosamente, saludé a mis amigos apenas puse un pie dentro del salón de clases. Ahí estaban, como siempre, platicando y riendo. No tardé en unirme al revoloteo de palabras, pero mi tranquilidad no se extendió por más tiempo cuando una persona se hizo presente, parado de manera exacta en el marco de la puerta.
- Es Pepe - y, como siempre, no controlé el tono de mi voz, por lo que era completamente audible como para mis amigos, como para él.
El hombre claramente mayor solo sonrió y saludó amigablemente, moviendo su mano de una lado a otro y se dirigió al escritorio, donde se sentó. Miré cada uno de sus movimientos, desde cómo asentaba su mochila color negro sobre la mesa, hasta cómo se removía en su lugar para encontrar la posición más cómoda. Él me encantaba, todo de él lo hacía.
Su voz, claramente ronca, murmuró:- Bueno... Aquí les anoto lo necesario para su portada - se levantó, sacando uno de sus plumones e inició a escribir en la pizarra, tal como lo hacía en cada clase. Traté de concentrarme en lo que apuntaba, pero mi mirada se dirigía irremediablemente a él, a su rostro que consideraba tan, pero tan atractivo. Apreté mis labios, sin quitar la mirada y observé como su mano sujetaba el objeto para escribir y, en mi mente, casi automáticamente pensé en cómo se sentiría tocar su mano, palpar la calidez que él emanaba no solo con sus palabras, sino también con sus acciones.
Me percaté de que se encontraba enfermo y me preocupé por él, este hombre siempre lograba sacar el lado más contrastante de mi ser. Jamás imaginé que me preocuparía tanto por alguien como lo hago con él. Tomé mi estuchera y comencé a hacer la portada que indicó.
Pensé más de lo necesario en qué ilustrar y terminé con una portada de Homero Simpson, con un vientre hinchado por el embarazo y sujetando el mástil de la bandera de México. Todo gracias a Dian, quien realizó todo el dibujo.
Realicé mi recorrido en dirección a su escritorio y tras asentar mi libreta sobre la mesa, lo miré. Nuestros ojos se encontraron por unos instantes, pero eso fue suficiente para que mi corazón palpitara con fuerza, como si se quisiera escapar de mi pecho. El brillo en mis ojos se intensificó en una clara muestra de mi anhelo, pero él pareció no notarlo ya que simplemente observó mi libreta, la calificó y no me dijo nada más. Me sentí rechazada, aunque de manera indirecta.
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De la IA al amor. | Dana x Pepe.
FanfictionSolamente Dana cayendo en las garras del amor. TW. Romance/relaciones heterosexuales.
