Uno

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Se despertó como siempre, mirando su techo con aburrimiento. Suspiró y se levantó, miró el espejo al lado de su cama.
-Buenos días Jack -le dijo al reflejo.
Se cambió y salió de su cuarto, se dirigió a la cocina, en donde solo se sirvió un vaso de agua. Las burbujas salían y explotaban mientras la servía y que de fondo solo se escuchaba el gruñido de un aire acondicionado.
Escuchó a su padre en su oficina hogareña; abriendo y cerrando cajones, golpeando carpetas y tecleando sobre suspiros con una incomodidad pegadiza. Aquello provocó el acercamiento del jóven que decidió husmear con cuidado, pegando su oreja a la puerta para escuchar.
-Jenny Houston... Causa de muerte: suicidio... -no se sorprendió ni asustó, solo se apartó; mantuvo una expresión neutra y simplemente regresó a dónde se encontraba su vaso de agua.
Jenny... una chica que iba en preparatoria como el, sufría bullying, pero no era el suficiente como para suicidarse. La razón del bullying era más que nada por su habilidad inútil; saber que parte de su cuerpo estaba sucia, sintiendo una oleada de calor que iniciaba a partir de esa parte. Era una habilidad tipo corporal, entre todas las que hay, tuvo que tocarle de las peores...
Sin embargo Jack ni siquiera tenía una. Había nacido normal, con unos padres normales; sin embargo, por algún motivo durante su crecimiento nunca logró adquirir una habilidad. No iba a lanzarse flores o decir que había sufrido mucho; sí era honesto, le daba completamente igual.

Salió de casa. Afuera está su perrita Romi, era un nombre bonito. La acarició y saltó la valla que usaban como cerca y caminó sin apuro hacia su escuela.
El cemento resonaba con cada golpe, su aliento se volvía humo cuando salía de su boca; el invierno era áspero, la nieve caía de vez en cuando y el frío provocaba que sus músculos se volvieran tan tensos como una roca. Su disgusto era entendible, era de las pocas estaciones del año que se juntaban las cosas que más odiaba, las reuniones familiares y el frío, sobre todo las reuniones familiares.
Llegó a su escuela y tapó sus oidos, buscando callar los susurros que penetraban en cada pared de fría indiferencia en las que intentaba ocultarse. Entró en su salón y se sentó, la chicharra sonó y las clases comenzaron.

Sumido en pensamientos nadó por su mente en una inmensa oscuridad que ni siquiera el entendía de dónde provenía, sintió un vacío inexplicable de sensaciones que debían de estar. Y entonces lo sintió, se vió en un reflejo lejano, sus manos manchadas de sangre que no podía identificar si era suya o no, con sus ojos abiertos de par en par, no con miedo, sino con felicidad.

El timbre volvió a sonar y se obligó a levantar la cabeza al ver que un chico golpeaba su mesabanco, era John, un chico que pertenecía a una familia suertuda, donde la mayoría habían despertado una segunda habilidad. Se levantó y se alejó, dejando que John se sentara en el lugar donde el había estado. Se encerró en la biblioteca donde siempre era seguro estar y de hecho, ahí está su primer y única amiga, Milly Morgan.
Una chica de cabello negro con anteojos y aunque su físico no fuera destacable ni ejemplar, ella era alguien buena y amable. Su pequeña luz cuando el mundo era demasiado para sobrellevar. Llegó a tomar un libro al azar y de improvisto ella comenzó la charla.
-¿El resplandor? Que inusual de tu parte -espetó sin dudar.
Lo giró sobre su mano para mirar el título.
-¿Cómo le atinaste?
-Cuando llevas tanto tiempo en la biblioteca, se te hace fácil reconocer los libros que alguien toma.
-Sólo lo dijiste al azar ¿verdad?
-Correcto -asintió entre risas.
Se sentó a su lado y comenzaron a charlar, ella era una fanática de los libros, no por nada tenía más libros que ropa. Y por seguir la conversación la duda tomó su cuerpo y decidió hablar.
-Oye Milly, ¿cuál es tu habilidad?
-¡Eres un desconsiderado! -soltó de golpe tras un breve silencio.
-¿Por qué? Sí se me permite preguntar...
-Dios... Jack, si quieres conseguir pareja ¡aprende la regla de cosas que no se pueden preguntar! -dije entre un leve sonrojo.
-¿A si? -dijo medio nervioso- ¿Y cuáles son?
-Número uno: no preguntes su edad, es de mala educación. Número dos: no preguntes el peso, las mujeres son muy sensibles en ese tema. Y número tres: no preguntes su habilidad, nadie quiere a un interesado como pareja.
Jack se quedó confundido, ¿Qué tenía de malo el hecho de ser curioso?
Suspiró y pidió disculpas, luego de eso siguió leyendo mientras hacia un que otro comentario sobre la lectura; alguna duda, una palabra confusa, etc. Todo eso era respondido por Milly, que hablaba con emoción. Se notaba que era una gran fan de los libros.
Milly se acercó y apoyó su cabeza en el hombro del chico; este no se imutó acostumbrado a esas muestras de confianza de la chica, replicó su movimiento apoyando su cabeza en la de ella.
-John yo...

*Ring*

Milly, completamente roja se apartó de inmediato y guardó su libro.

-La campana sonó, lo siento Jack tengo que volver a mi salón.
-No, está bien, No te preocupes.
Ambos se despidieron y Milly se fué ocultando su rostro con sus manos. En su salón el ambiente era el mismo, era demasiado incómodo para el estar ahí; una vez más y a nada de volver a su mente, una voz femenina le habló.
-Oye, tú -dijo la chica a su lado-. ¿Me pasas le respuesta de la cuatro?
Lily Valentine, una de las chicas populares de su clase, no la conocía del todo, ella era linda si se veía de manera objetiva; tenía buen físico, era buena en los deportes, etcétera etcétera.
-¿Me hablas a mí? -le preguntó confundido.
-No grites, y sí, te estoy hablando a tí.
-Es 14 -dijo algo solo por decir.
-Muchas gracias.
El realizó el trabajo y se recostó sobre su mesabanco.
-Mentiroso -soltó la chica a su costado.
Lily hizo una clase de puchero intentando ser linda; ella no solo era popular por su belleza sino que también se destacaba por su facilidad para hablar con todo el mundo y lo alegre que solía ser aunque la situación no lo ameritara.
El suspiró y no le dirigió otra vez la palabra. Pasaron las horas y el timbre volvió a sonar, el juntó sus cosas y salió del salón solo para ser golpeado firmemente en el costado de la cara.
-¡Oye, ¿qué mier-?! -se detuvo en seco.
Era John, decirle cualquier cosa en esa situación sería muerte asegurada; suspiró resignado y comenzó a alejarse sin decir nada más, pero John, haciendo su típica broma, uso sus habilidades, "el control de la materia sin vida y la multiplicación de ella". Levantó una silla del salón con su habilidad y se la lanzó, impactó fuertemente en su espalda y el chico cayó al suelo; el grupito de John se río junto con el, Jack solo se levantó con un quejido y salió corriendo a casa.
Al llegar se dirigió de manera rápida a su cuarto, azotó su mochila contra el suelo y se recostó en su cama, sosteniendo su pelo con fuerza conteniendo las lágrimas.
Su vida era un infierno...
Hasta que...

Su padre llegó un poco más tarde a la cena de lo habitual, se notaba... Inquieto, chasqueaba la lengua, miraba a todos lados, se rascaba la nuca y soltaba más suspiros de lo normal.
-Cariño, ¿Estás bien? -preguntó su madre a aquel hombre que no sabía ni en dónde poner los pies bajo la mesa.
-Sí... Es solo que...
Jack lo notó, estaba intentando ocultar algo.
-Tranquilo papá, no es bueno guardar secretos, sobre todo si te hacen sentir tan inquieto a como estas ahora -intentó sonar tranquilo, pero si voz se quebró de manera casi imperceptible; un pequé recordatorio de lo hipócrita que se sentía al decirlo.
-Lo sé, pero, no puedo decirlo. Es que aún no se confirma nada y no quiero ponerles miedo sin pruebas
-Tranquilo cariño, vamos a tomarlo con calma, así que puedes compartirlo con nosotros, no te preocupes -la voz de su madre sonaba extrañamente calmada y reconfortante.
-Acaban de... -vaciló, sin querer poner la situación en palabras demasiado fuertes para lo que realmente representaban-. Alguien acaba de ser asesinado.

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Continuará...

Soy Un HéroeStories to obsess over. Discover now