Siempre había creído que una vez que te gustara alguien, todo lo que estuviera relacionado a la persona te haría bien, pero después de vivirlo entendí que todo lo relacionado al amor tendría más de una tonalidad, en ocasiones sería de un blanco tan puro que harías lo posible para no afectarlo; pero luego empezaba a tener un tono azul, a veces era claro, otras veces era oscuro, pero el azul se mantenía ahí, no siempre el azul estaba asociado a la tristeza, quizás podría estar relacionado al azul del cielo, a la tranquilidad; también hay días en el que puede ser naranja, tan brillante que te generaba alegría, tan cálido que quieres quedarte ahí, tan vivo que es una motivación para seguir; aun así ese naranja llegaba a un tono rojo, cálido y lleno de expectativa, incluso provocador, pero el tono que más me generaba curiosidad era el negro, el de la etapa final, puede que estuviera acompañado de tonos grises y quizás apuntaba al final del túnel, al último escalón antes de una puerta o quizás a un tono cercano a la puesta del sol, sin embargo, ese tono negro siempre fue similar al miedo que sentía cuando sabía que era momento de terminar, de darle un fin a algo que por cosas del destino empezó y que por el mismo debía culminar, y eso era normal.
Quizás la incertidumbre de si iba a haber una luz después de la puerta, o un cielo cálido después de ese tono oscuro era lo que hacía que mis pies no pudieran dar un paso más, o quizás mis pies no querían dar el paso, aunque eso lo hacía más interesante, ¿en verdad podría recuperarme de aquello que estaba dejando atrás?, sí, inevitablemente lo haría, porque sabía que por más que mis pies estuvieran paralizados, mi cuerpo siempre tendría el impulso de seguir y claramente lo haría, mi mundo no se terminó el día que encontré esos mensajes, tampoco el día en el que tuvimos nuestra despedida, ni cuando creía que mi mundo en verdad se terminaría, siempre había una luz después de esa puerta y cuando no la había solo tenía que buscar el encendedor para que todo el lugar se iluminara y eso era lo que más amaba. En ocasiones todo era más sencillo de lo que parecía, así que solo entendí que simplemente estabas o no estabas, y yo ya no quería estar, no quería pertenecer a ese lugar; creía que era una pieza de un rompecabezas que formaría una obra, pero finalmente entendí que esa obra era yo, que ya estaba completa y que aunque intentaran quitarme mis piezas, no lo permitiría, esa era mi belleza, esos tonos blancos, azules, negros, rojos, naranjas, y muchísimos más eran lo que me hacía una obra, eran lo que me conformaban, lo que me identificaba, y que la que subía las escaleras era yo, así que después de abrir esa puerta estaría esa obra hermosa, estaría yo, lista para recibirme con un cálido abrazo.
