Seguía soñando aún estando despierto. Tu rostro estaba frente a mi, con tus mejillas sonrojadas y esa mirada que podría flechar a cualquier mortal.
Éramos dos pero me sentía uno estando ahí. La sensación que recorría mi cuerpo hasía que mi piel se erizará, mi corazón palpitara hasta casi colapsar y mi mirada titubeará.
Los nervios o quizás la emoción de estar ahí, sentir tu respiración tan cerca, las miradas tan fijas y el tacto de tus mejillas en mi mano.
Sentía que en cualquier segundo mi corazón explotaría dejando un hueco en mi pecho.
Quería seguir así, frente a frente, decirte lo que realmente siento por ti. Pero el tiempo es corto, y el silencio que acurrucaba ese momento, nuestro momento, fue agitado por la presencia de unos pasos.
Alguien se aproximaba y tuve que quitar mi mano de tu mejilla, tuvimos que desviar la mirada y seguir caminando, porque el destino no quiso que ese momento fuera eterno para ambos.
