Capítulo Único – San Valentín
Seokjin Kim.
Edad: 29 años.
Estado civil: divorciado diez veces y casado desde hace cuatro años.
Profesión: soluciono la vida de los demás… mediante matrimonios.
Soy Kim Seokjin. Vivo en Seúl desde hace once años. Mi vida es buena, cómoda… incluso puedo darme ciertos lujos. Y no, no soy un prostituto.
Me caso con personas —hombres y mujeres— para ayudarlos a resolver algún problema en sus vidas: herencias, papeles, reputación, incluso caprichos familiares. Y luego me divorcio. Así de simple, así de limpio.
Fui criado por un militar retirado que nunca me enseñó a ser débil. Mi madre murió cuando aún era un niño, y crecí bajo la disciplina de un hombre que esperaba excelencia. Me entrenó para ser perfecto: atento, disciplinado, servicial. Yo, con los años, aprendí a usar esas habilidades en algo que me daba estabilidad… aunque no felicidad.
Ahora estoy cerca de los treinta. Y por primera vez, pienso en retirarme. Quiero viajar, casarme de verdad, tener hijos. Quiero dejar de ser un personaje en matrimonios prestados y empezar a ser un hombre con una vida propia.
—¿Entonces vas a jubilarte? —pregunta mi compañero de casa con la boca llena de cereal.
Jung Hoseok, mi mejor amigo desde hace casi diez años, es la clase de persona que ilumina todo lugar al que entra. Su risa es contagiosa, su corazón es enorme, y aunque a veces su mente vuele a terrenos demasiado explícitos, su alma sigue siendo limpia.
—Sí. Ya es hora —respondo, removiendo el café.
—¿Y qué harás con el señor San Valentín?
Mi pecho se contrae con solo escucharlo. El señor San Valentín… la razón por la que nunca me permití enamorarme de alguien más. Un hombre al que veo una vez al mes, cada 14, desde hace cinco años. Con quien comparto cenas impecables, conversaciones mínimas… y un silencio que me consume. Nunca me ha tocado. Nunca me ha abrazado. Y aun así, lo amo.
—Le diré que me retiro —respondo, tratando de sonar firme.
—¿Hoy lo verás? —pregunta, mirando el calendario.
14 de enero.
Asiento. Subo a cambiarme. Hoy me indicó que vista suéter azul y pantalón beige. Como siempre. Me maquillo apenas, me observo en el espejo. Me veo fresco, casi bonito. Me deslizo el anillo matrimonial: el único que nunca me quité. El que más me pesa.
Hobi me sonríe desde el sofá.
—Suerte, Jin-Jin.
—
El ascensor se detiene en el primer piso y entra un chico que no conozco. Se ve nervioso.
—Hola —dice, y asiento con educación.
Me observa demasiado.
—Disculpa… ¿eres un fan? ¿Cómo se enteraron tan rápido de…?
Se interrumpe al ver el anillo en mi dedo.
Las puertas se abren en el segundo piso. Y allí está él. Alto, impecable, con esa mirada de dragón que siempre me corta la respiración: Kim Namjoon.
—Estás aquí. Vamos —ordena, y su mano busca la mía con naturalidad.
El chico nos observa, desconcertado.
—¿Son esposos?
Namjoon lo mira fijo.
—Sí. ¿Usted es el nuevo vecino?
—Sí… Jaehwan, pero dígame Ken.
Namjoon no dice más. Solo aprieta mi mano y me guía afuera. Su piel es cálida, y yo me siento en un sueño.
Dentro del apartamento, me pongo el delantal y comienzo a cocinar. Él, como siempre, se sienta en silencio, observando cada movimiento. Su mirada me quema, aunque nunca diga nada. Mi corazón late como un tambor.
—
Una hora después, sirvo la cena. El silencio es asfixiante. Respiro hondo.
—C-creo que debemos divorciarnos.
El ruido de los cubiertos contra la mesa me hace estremecer. Él se detiene y me mira con calma calculada.
—¿Divorcio?
Asiento, con la garganta seca.
—Quiero retirarme. Después de este último San Valentín. Quiero… una vida real. Un esposo que me ame, que me abrace, que me diga que me veo bien. Que quiera tener hijos conmigo, que me mire a los ojos y me vea de verdad. Estoy por cumplir treinta… y por primera vez quiero vivir para mí.
El silencio es brutal. Su mirada no se aparta de mí, pero no responde. Termina de comer en silencio. Yo me pongo el abrigo con las manos temblorosas.
Él se levanta finalmente.
—Pasemos un último San Valentín juntos. Después… tendrás tu divorcio.
Solo asiento. Todavía es mi cliente. Nada más.
—
14 de febrero.
Un mensaje con una dirección. Nada más. Por primera vez en cinco años, no sé qué ponerme. Estoy al borde del colapso.
Cuando llego, quince minutos tarde, me quedo sin aliento: un balcón lleno de pétalos, velas, una mesa perfectamente puesta.
Namjoon se levanta apenas me ve.
—Pensé que no vendrías. Quiero darte el mejor San Valentín.
Me ayuda a quitar el abrigo, y añade en un susurro:
—Me gusta lo que elegiste esta noche.
Sus palabras me enrojecen las mejillas. Durante la cena, sus ojos no dejan de buscarme, como si quisieran memorizarme.
Al final, toma la cuenta y dice:
—Vamos a casa.
Mi corazón se sacude. No sé qué pasará, pero no quiero huir.
Su apartamento está decorado como un santuario de rosas y velas. Él se acerca despacio.
—Sé que esto no está en el contrato. Pero… olvidemos todo por una noche. Nuestro quinto aniversario merece algo especial.
Me quedo sin palabras. Solo asiento.
Sus labios rozan los míos con ternura, y siento que me quiebro. El beso se profundiza, y en ese instante, todo cambia. No hay contrato. No hay máscaras. Solo él y yo.
Esa noche lo amo con cada fibra de mi ser. Y él… me hace sentir amado de verdad.
—
Un año después.
14 de febrero.
Hoseok se casa con Min Yoongi. Yo lo ayudo en todo, pero esta fecha todavía duele.
En el salón de bodas lo veo. Namjoon. Mi ex esposo. Mi amor.
Nos sentamos juntos. El silencio nos rodea como siempre.
Necesito aire. Salgo al jardín, y las lágrimas me traicionan.
—No llores, Seok —dice su voz detrás de mí.
Me gira y me abraza. Me aferro a él como si nunca lo hubiera dejado.
—¿Por qué te fuiste ese día? —pregunta con un hilo de voz.
—Creí que era lo que querías…
—No. Lo que quería era intentar ser un matrimonio real. Escucharte reír, tener hijos… amarte. Cuando vi los papeles pensé que para ti solo había sido una noche.
—No, Namjoon. Yo… yo te amo. Siempre te amé.
Él sonríe, mostrando sus hoyuelos por primera vez en años.
—Y yo a ti.
Bajo las estrellas, nos besamos. Ya no es un contrato. Es un inicio.
San Valentín dejó de ser una fecha prestada. Ahora es el día en que decidí que merecía ser amado… y el día en que él me eligió de verdad.
Fin.
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San Valentín
FanfictionKim Seokjin, de 29 años, ha pasado su vida casándose y divorciándose para ayudar a otros a resolver sus problemas. Con diez divorcios y un matrimonio vigente de cinco años con Kim Namjoon, decide retirarse: quiere amor real, hijos, una vida propia.
