SEMANA 19

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narrador omnisciente

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narrador omnisciente

Gracias al largo viaje que tenían por delante hasta Buenos Aires (donde harían una parada para ir a Los Andes) tuvieron que levantarse a las cuatro de la mañana e ir a hacer Check In.

Con todo el dolor del mundo bajaron sus valijas, dejaron en perfectas condiciones las piezas y se despidieron de las personas que los habían alojado tan cálidamente. Esa tristeza no podía describirse, tenías que vivir algo parecido para empatizar con ellos.

Muchos dicen "para amigo, es un hotel nomás", pero en ese hotel pasaron risas, llantos, besos e incluso enojos. Esa sensación de tener un hogar temporal con desconocidos que luego son tus amigos a veces solo los que se van de viaje de egresados lo entienden.

Y Delfina tuvo que sentir eso dos veces, siendo una persona tan sensible. Su bolsillo era un lío de papeles con mocos y sus mejillas estaban rojas de lo mucho que se frotó para limpiar las lágrimas.

Son pocos los afortunados de no sentir tanto... o tal vez desafortunados, ¿quién sabe? Hoy en día es algo común creer que existe el amor entre nosotros, y esa gente que mira con un brillo particular en los ojos a alguien es de los que entienden el concepto de cariño y amor, que son dos cosas totalmente distintas.

Estar sentada ahí, junto a Francisco y Blas y detrás de Matías, Enzo y Agustín era un golpe bajo. Después de todo lo que vivieron en aquella montaña realmente se preguntan; "¿Quiénes fuimos nosotros en la montaña?", pero yo me pregunto, ¿De verdad el destino era tan milagroso para ponerla a Delfina junto a Matías?

Ella hablaba animadamente con sus compañeros, las risas nunca faltaron y los chistes eran interminables. El simple hecho de estar en silencio con ellos a Delfi le hacía feliz, porque le enseñaron lo que era tener amigos fuera de su zona de confort.

Delfina no los conoció en las pruebas de maquillaje. Es más; cuando fueron los ensayos de las grabaciones (dos meses antes) ella y Briana ni siquiera habían pasado la última fase para quedarse con el trabajo.

Y si, a veces es increible las obras del destino y los hilos invisibles.

—Al pedo le dieron a Esteban que cebe los mates, no me llega uno ni prendiento el Bluetooth— ella se quejó mirando al mayor que se encontraba en los asientos de adelante.

—Toma, pendeja, toma— Esteban le pasa un mate al fin y ella se ríe— Falta que me hagas un piquete.

—Y... faltamos nosotros dos— ahora es el turno de Francisco de recordarle que tampoco recibió algo.

—Eso te pasa a vos por sentarte ahí, yo no tengo ninguna queja de falta de mate— Matías la molesta con una sonrisa y Delfi le pega en el brazo.

—Vos nomás querés que me siente con vos, Fra... Mati— se corrige rápidamente. Al haber estado hablando por dos horas con Francisco ya se le había quedado pegado el nombre.

Unos cuantos "uh" en joda salieron de las bocas de sus amigos, pero Matías asintió con la cabeza ofendido y se sentó en su lugar.
Ella se levantó un poco, le entregó el mate a Esteban y le acarició el pelo para que se le pasara el enojo.

—Dale, tonto— dice de una forma tierna— Si sabes que Fran es mi bro.

—Igual yo soy Matías, no Fran— él la mira desde abajo cuando inclina su cabeza para atrás— Es lo mismo que yo te diga Bri.

—Bue, pero a mi no me molesta.

—Y yo no dije que me molesta.

—No te pongas, gil, Matuche— se mete Esteban dandole un empujón a su amigo— Es Delfi, vos la tenés que escuchar rompiendo las bolas con que te quiere. A mi me dan unas ganas de cagarla a trompadas.

Esto hace reír a algunos, incluyendo a Francisco y a los dos enamorados, pero le daba algo de vergüenza a la chica que el mayor sea asi de traidor, asi que le sacó el dedo del medio.

Eran once horas de vuelo directo de Madrid a Buenos Aires, asi que faltaban unas pares de jodas de las que nadie iba a salvarse. Ni siquiera J.A safó de que lo descansaran y lo peor es que él también aprendió a romper los huevos como los argentinos.

Todos se encontraban durmiendo al cabo de una hora y media. El cansancio de bajar cosas de las piezas, guardar recuerdos para la familia y pagar si rompieron algo se hizo notar, y Francisco al estar en medio de Blas y Delfi funcionó como almohada para ambos.

Matías por otro lado se encontraba mandandose algunos mensajes con su familia y amigos o sacando fotos del cielo como todo chico aesthetic que trataba ser. Él no podía dormir tan fácil como sus compañeros, tenía esa necesidad de abrazar a una almohada o a alguien, y desde que descubrió lo cómoda que es Delfi para dormir no pudo pedirle otra cosa al universo aparte de dormir con ella toda su vida.

Aunque hablaba dormida y decía cosas como que amaba mucho a Messi o que quería que Taylor fuese su tía, eso le daba gracia a Matías, pero también sufría al no poder mearse de la risa para no despertarla.

Recalt no podía describirla con palabras, solo le llegaba a la cabeza la palabra "limitar". Delfina para él lo era todo, amaba su forma peculiar de hacer absolutamente cada cosa que hacía. Nunca había visto a alguien meterse tantos fideos en la boca y que cuando la mirasen raro dijera "es que me gusta tener la boca llena de comida".

No entendió por qué, hasta que le contó que siempre se había sentido acomplejada con el tamaño de su plato y la cántidad de comida que se servía y hoy en día ya no le pasaba, por eso disfrutaba tanto esos pequeños momentos.

Ella amaba la comida, pero no comer. Y eso significaba que tenía demasiados problemas con su paladar. Habían muchas texturas, sabores y colores que no eran de su agrado. Por ejemplo la palta, pero su excusa con eso era que "si comiese un gusano podría tener el mismo sabor".

Él podía escucharla por horas quejandose y aún así amar su forma de odiar.

Él podía escucharla por horas quejandose y aún así amar su forma de odiar

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SLUT!, matías recaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora