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Cartas de un Peón a su Dama

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A su majestad la Dama:Le escribo la siguiente carta para quitarme las espinas que llevo clavadas en el corazón. He servido a la corona durante más años de los que soy capaz de recordar. Soy fiel siervo de mi rey y su más leal soldado. Sin embargo, todo este abanico de sentimientos que me recorren el cuerpo al ver desde mi atalaya el imponente palacio, solo tienen una respuesta. "Los delirios de la guerra", pensé, la necesidad de experimentar un sentimiento nuevo que no fuese el de mi aceptada muerte, el floreciente latir del corazón de una revolución ante el que, sentado en su sillón, nos manda a morir en combate. Pero tras mi última batalla, tras ver a mis hermanos caer en combate en nombre del coraje y el honor, hizo que me diese cuenta de que la enfermedad que asola mi mente, es vuestro nombre. Debo rogar que perdonéis mi insolencia, pero mal rayo me parta si miento al decir que vuestros ojos no son las estrellas más bellas que la noche me ha podido mostrar, que mi alma arda en el infierno si miento al decir que con tan solo veros de lejos, vuestro recuerdo causa estragos en mi cabeza. Conozco mi posición y mi destino después de que leáis esta carta, pero no aguanto mas el agonizante deseo de amaros, aunque me cueste la vida, mi corazón no soporta más las llamas de pasión que arden con la madera de vuestra sonrisa. El mes pasado, en uno de mis viajes por la capital, os vi, parada sobre vuestros pies descalzos, escoltada por dos alfiles que oraban y rezaban vuestros pasos, paseáis saludando como de costumbre a vuestros adorados hijos, que con mayor fe que ante Dios, os depositan su vida en vuestras manos. Con el motivo de mi amor plasmado en vuestro rostro, cruzamos miradas. Y se que para vos habrá sido una mirada más entre cientas de ellas que veis a diario, pero para mí, vuestros hermosos ojos café, despertaron en mí lo que yo ya había dado por muerto. Pronto marchasteis, y os maldigo por ello, porque en vuestra ignorancia y despiste, dejasteis por detrás a un joven Peón enamorado. Esta mañana, nos ha llegado una carta de su majestad. Desea que partamos a la casilla b3, pronto hemos recogido nuestras cosas y nos hemos puesto en marcha. Su majestad es un señor muy sabio, confío plenamente en que su victoria está cerca, incluso cuando creo que ha sacrificado demasiado en el camino. Voy derecho hacia mi muerte, lo presiento, por eso os escribo esta carta, y ruego que no la quemen, ni qué gastéis vuestro tiempo en mandar a la inquisición a por mi, pues viva o muera en combate esta noche, si mi amor no es correspondido no merecerá la pena vivir un día mas. Cuanto daría por mas que sea veros de cerca y dejar que el ángel que dirige nuestras vidas ponga en mi su mirada de nuevo. Cuánto daría para que vos misma me dirigieseis la palabra y con la ternura dueña de vuestra voz, sanaseis mi corazón, cuyo espíritu se quebró entre las filas de aquellos que protegen vuestras vidas con sus vidas. Ante vos pongo mis sentimientos, abro mi pecho para mostraros este corazón que late y siente por vos, os muestro como vuestro nombre está grabado en lo profundo de mi alma, la sangre que corre por mis venas es la misma que derramaría en vuestro honor, pues yo atravesé las puertas del infierno, y gracias a vos me encuentro aquí devuelta. Vuestra sonrisa, brillante como el amanecer de primavera, responsable de que en ninguna noche no deje de pensar en vos, vuestra tierna voz, más dulce que la mejor de la mieles y más embriagadora que el mejor de los vinos, y por supuesto el hermoso cielo estrellado que encierran vuestros ojos, los mismos que revivieron mi alma fallecida, los mismos que me enseñaron lo embriagador que es el amor, los mismos por los que esta noche de frío invierno me encuentro plasmando en papel todo aquello que me sale del corazón. Cuando la muerte se abalance sobre mi, podré partir en paz a un reino donde soy dueño de mi destino, donde mis hermanos y yo beberemos hasta el hartazgo, donde la sangre derramada haga florecer los amapolas en nombre de aquellos que dimos nuestra vida, donde podre ser feliz, y donde tu seas el motivo.

-El Peón de b1.

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