¡¡¡En proceso!!!
Najak es una chica reconocida en el Reino de Kiurum. Ella es mi más ni menos que la hija del Gran Rey. Dentro de Palacio hay muchas cosas que ocultan.
Un día, un ciervo de pelaje dorado aparece herido en el bosque y ella lo ayuda...
Como todos los días me levanté de la cama temprano. El suelo frío contacto con mis pies descalzos y una dolorosa corriente me atravesó el cuerpo.
-Señorita Najak, el desayuno está listo y el Rey te espera en la sala-dijo una mujer de cabellos oscuros y ondulados. Su sonrisa grande y perfecta era costumbre para mí. Era la sirvienta Seline. Ella me ha criado desde...siempre? No recuerdo nada de mi madre...
-Enseguida voy-le dije abriendo perezosamente mis ojos y dándole una pequeña sonrisa.
-El vestido ya está colgado y preparado para que lo pongas-dijo ella señalando despacio el vestido blanco detallado en oro.
Asentí despacio y empecé a caminar hacia el vestidor de madera.
Coloque el vestido con cuidado y apreté el pequeño corset. Siempre pedía que lo pusieran oculto, no me gustaba, ni si quiera era cómodo.
Peine mis cabellos dorados y salí hacia la gran sala donde "El Gran Rey" mi padre, me esperaba.
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Las escaleras de caracol llegaron al final y pude ver las grandes puertas oscuras de la sala cerradas.
Voces masculinas detrás de ella sonaban con fuerza, parecían discutir algo que no llegué a comprender.
Las abri de par en par haciendo notar mi presencia. De golpe, la sonrisa de mi padre se ensanchó.
-Najak hija, acércate-dijo él tendiendo su mano en mi dirección.
Tres hombres altos y esbeltos estaban frente a él con la cabeza bien alta.
-Te felicito, la princesa es de una belleza innombrable-dijo uno de ellos. El más mayor. Un escalofrío me recorrió.
-Es clavada a Diana -dijo el hombre de la derecha, debía tener la misma edad de mi padre pero su semblante era seco y serio.
-Verdad? Es una copia exacta-dijo mi padre está vez poniendo su mano en mi espalda.
-Pues esperemos que no sea como ella-dijo el tercer hombre. Este me miraba con algo de cautela y...asco?
Quienes eran estos hombres y porque hablaban así de mi madre?.
Fruncí el ceño levemente.
-Cariño, sal y toma el aire un rato si?-dijo mi padre con una sonrisa forzada.
Les di una reverencia a los hombres con una sonrisa y me aleje con pasos delicados.
Cuando cerré las puertas quedé escuchando.
-Como se le ocurre hablar así delante de mi hija?!-dijo mi padre enfurecido.
-Es la verdad, por la seguridad de la princesa y del reino-dijo uno de los tres hombres. No podía saber cuál de ellos.
Porque le tenían tanto odio a mi madre y porque parecerme a ella tendría malas consecuencias para el Reino?.
Debía averiguarlo, pero no ahora. Los pasos se acercaban a la puerta y yo no debía estar ahí. Corrí lo más delicado posible, los zapatos de tacón no me dejaban muchas opciones de ser silenciosa.
Corrí como pude hasta pasar la gran puerta hasta los grandes campos donde solía estar.
Me senté como pude en el césped.
Unos pasos delicados se acercaban a mi.
-Najak cariño, tu padre ya se va-dijo Seline a mi lado.
Asentí despacio y me acerqué a la gran puerta del castillo.
-Najak preciosa, tengo que irme, tengo trabajo. Volveré mañana al anochecer-dijo mi padre acercándose con los brazos abiertos. Agarró mi rostro despacio y beso mi frente.
-No quiero que salgas del castillo oíste?-dijo mi padre, como siempre tan sobreprotector. Nunca me dejaba salir del castillo.
-Es peligroso -dije haciendo una pausa-Lo se padre-le dije agachando mi cabeza.
Asintió seguro y subió al carro. Los grandes caballos blancos empezaron a trotar y espere hasta que ya no se vieran y camine rápido con una sonrisa en mi cara.
Subi las escaleras de caracol rápido, esas escaleras daban a mí torre.
Abrí la puerta caoba de mi habitación para cambiarme mis zapatos delicados por unas botas de montar antiguas que había robado de las cosas escondidas de mi madre.
Fui en sigilo y tapando las botas con el vestido como podía hasta el establo.
Cuando iba a entrar alguien apareció en mi camino.
-A donde va con tanto sigilo princesa?-dijo Seline. Que me miraba algo sería cruzando sus brazos.
-Vamos, sabes que odio estar en este castillo-le dije haciendo un puchero, suplicando con los ojos.
-Ya sabes lo que ha dicho el rey Najak-dijo ella.
-Si pero..-ella me cortó.
-Lo sé, y por eso voy a cubrirte un par de horas-dijo empezando a sonreír.
-Gra-le iba a decir alegre pero otra vez me cortó.
-2 horas, y nada de alejarse mucho, puedes ir hasta los páramos-dijo ella sería de nuevo.
La abracé fuerte y remangue un poco la parte de alante de mi vestido y empezar a correr.
Relinchos sonaban dulces por el gran establo real. Al fondo. Arkad, mi caballo blanco relincho fuerte haciendo callar a todos.
-Hola bonito, preparado para salir de aquí?-le dije sonriente. Abrí la puerta y le ensille rápido. No quería perder ni un solo minuto. Subí rápido y troté hasta la puerta.
Seline agarró las riendas de Arkad para frenarme. Me miró con preocupación.
-Hasta los páramos, los rebeldes andan por los bosques y no quiero problemas Najak, podría pasarte algo-dijo con el brillo de preocupación en los ojos.
-Todo estará bien, te quiero-dije tranquilizándola y dándole un beso en la frente.
Asintió sin estar del todo convencida y soltó las riendas para dejarme ir.
Galope rápido hasta el desvío del bosque. El castillo estaba en la altura del Valle.
El aire fresco rozaba mis mejillas como caricias. Llevaba tiempo esperando hacerlo de nuevo, lejos del castillo. En la naturaleza me sentía yo, me sentía bien. Pero tampoco es que me preguntarán lo que me gustaba y lo que no. Allí tienes que ser La Princesa y . Tienes que ser perfecta y estar perfecta todo el tiempo...