Mi nombre es Levi Ackerman, tengo treinta años, resido en el distrito de Trost y ejerzo como docente en una universidad. hoy marca mi debut laboral en la prestigiosa universidad de Trost.
Me encontraba sumamente ansioso, pero al mismo tiempo, me proponía mantener la compostura en mi nuevo empleo.
A pesar de haber vivido en Asia anteriormente, mi reciente traslado a Europa me condujo a establecerme en el distrito de Trost.
En mi primer día de trabajo como profesor universitario, experimenté nerviosismo, consciente de que debería manejar mi labor con habilidad. En mis anteriores experiencias en Japón, las estudiantes formaban fila con la única excusa de no entender, requiriendo constantes explicaciones adicionales. Aunque consideraba esta práctica molesta, era parte de las responsabilidades por las cuales recibía remuneración. Mi inclinación natural hacia la frialdad en las respuestas contrastaba con la amabilidad, y reconocía que no era mi punto fuerte. Consciente de mi propia personalidad reservada, me esforzaba por mantener el control en este nuevo entorno laboral.
La universidad, reconocida por su distinguida calidad académica, se sitúa entre las más onerosas, proporcionando una enseñanza de alta categoría. Contaba con todos los componentes que cualquier estudiante pudiera desear, y fue precisamente por eso que opté por trasladarme a este lugar.
Esta universidad sobresalía por sus suntuosas aulas, despachos y salones de té exclusivos. Un rasgo distintivo que captó fuertemente mi interés fue la estancia destinada al té, la cual albergaba una amplia diversidad de infusiones. Esta singularidad se convirtió en mi fuente de entusiasmo, además de la meticulosidad en la limpieza que caracterizaba cada rincón de la universidad. Todas las aulas irradiaban, generando una atmósfera fascinante.
Desde la primera vez que formalicé el acuerdo con el director Erwin Smith, quedé cautivado. Hoy ya me encontraba dentro de la universidad, en el extenso atrio donde multitudes de estudiantes universitarios atendían a la introducción pronunciada por el director Erwin. Cuando escuché mi nombre, me sentí desconcertado, sin saber cómo reaccionar. Tch, murmuré molesto, indicando mi desacuerdo con el director sobre no querer presentarme frente a todos ellos. Prefería hacerlo en mis respectivas clases, pero ya que.
—Buenos días a todos, me llamo Levi Ackerman. En este año asumiré el rol de docente de Biología. Un placer.
Numerosas de las estudiantes vitoreaban efusivamente mi nombre, dejándome perplejo y algo incómodo en presencia de mis colegas. No alteré mi semblante serio; ese aspecto siempre sería inmutable.
Cuando todo esto concluyó, me encaminé hacia mi despacho exclusivo. Cada instructor contaba con uno, pero en ese momento algunos se encontraban impartiendo clases. Mi turno estaba programado para la segunda hora, así que aproveché para dirigirme a esa sala tan hermosa. Con solo contemplarla, mis ojos resplandecían. Tomé un sobre de infusión y preparé mi bebida correspondiente. Posteriormente, me encaminé a mi oficina, aguardando la llegada de mi momento. Estaba, por así decirlo, contento, aunque mis gestos no lo evidenciaran. Mi felicidad radicaba más en mi apreciado té, que era lo único capaz de mejorar mi humor.
—Levi, te noto bastante enérgico hoy; pensé que no tenías ganas de nada.
—Estás equivocado, solo una infusión puede provocar ese cambio en mí. –Levi observa con atención su taza de té.
—Ya exploraste este armario; no te imaginarás lo que alberga en su interior.
Sin conocimiento de lo que había en aquel armario, procedí a abrirlo y quedé impactado. Había numerosos utensilios de limpieza y vaya... Todo esto estaba destinado para mí.
—Aprecio tu gesto, Erwin. Qué bien que comprendas mi afinidad por la limpieza.
Doy otro sorbo a mi taza de té.
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Clases de Amor
FanfictionQuién supondría que en el momento menos aguardado se presenta, no importando cuán distante te encuentres, pero se manifiesta sin preverlo.
